Gerhard Richter en el Drawing Center

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Una reciente exposición de dibujos del versatil artista alemán

 

En la exposición de Gerhard Richter Lines which do not exist (Líneas inexistentes) hemos podido observar una variada  producción (cincuenta dibujos en grafito, acuarela y tinta china hechos en un periodo de cinco décadas, entre 1966 y 2005) que nos mostraba como el pintor alemán, a pesar de su conocida ambivalencia hacia el dibujo como género, creó una amplia gama de obras en ese formato.

       De hecho, esta colección de trabajos en papel enseña no la cautela con la que el artista se acerca a ese medio, sino su hábil exploración de esa categoría artística; un acercamiento que revela su voluntad de adoptar toda forma de expresión.

       La muestra, que encajó adecuadamente en la galería principal del Drawing Center hasta su clausura hace unas semanas, ofreció a los espectadores la posibilidad de apreciar el tratamiento abierto que Richter daba al dibujo.

       Algunas de las piezas guardaban correlación con la valorada obra pictórica del artista, pero otras se mostraban menos acabadas y con un mayor grado de improvisación. Richter, que nunca trabajó de manera informal, parecía así dejarse ir un poco en esta interesante muestra. Por otro lado, también se podía observar cierta rareza en el cuidado que tampoco tenía el artista. Incluso, algunos de los dibujos resultaban tan efímeros que es difícil no verlos como deshechos de obra con un interés limitado (incluso si su autor es un pintor destacado del momento.)

       El dibujo sobre papel es sin duda un medio transparente, ya que resulta harto complicado corregir errores patentes. Richter, cuyo trabajo en Lines which do not exist es casi totalmente abstracto, usa la libertad del medio de una manera brillante que, en cierta medida, relega sus esfuerzos a un ámbito ajeno al mundo de sus cuadros, cuya fuerza y autonomía son enteramente propias. Sus dibujos se muestran como piezas únicas, de marcada inteligencia gestual, incluso cuando no parezca que haya tras ellos una reflexión profunda por parte de Richter. Aun así, algunas de las piezas exhiben un fino acabado que las relaciona fácilmente con la obra pictórica abstracta del artista. El hecho de que esto ocurra significa que Richter es perfectamente capaz de dominar un género hacia el cual sus sentimientos son ambiguos. Más que nada, es importante entender la producción de dibujos de Richter como experimental y exploratoria, también cuando aparenta cierta ligereza temática y formal, un problema que de hecho encontramos en esa exposición. Al contrario que sus obras realistas y su igualmente acabada secuencia de trabajos abstractos, los dibujos de Richter expresan una relativa informalidad vinculada al propio medio. 

       Naturalmente, es posible albergar ciertas dudas sobre esta obra que oscila entre lo simple y lo sublime. Pero Richter sale a menudo victorioso. Tanto en grafito, como en acuarela y en la tinta sobre papel, sus pensamientos se muestran claros y maravillosamente efectivos. El dibujo, famoso por ser vehículo de ideas rápidas, se convierte en un modo de expresión acelerada en su obra.

       Utiliza tanto el color como el blanco y negro con igual destreza, aunque sus dibujos en color suelen ser más complejos y acabados que los de grafito. La pieza titulada 2.1.1984 (1984), una pequeña y luminosa acuarela sobre papel, por ejemplo, se muestra formalmente cercana a su obra abstracta de gran formato. Con un fondo rojo intenso, sobre el cual bulle una masa de manchas grises y amarillas, la pieza tiene toda la fuerza, amén del tamaño, de sus obras más ambiciosas. Pero, en lo que se refiere a nivel de acabado y por su radiante sentido del color, esta obra es una excepción. Otra pieza, también una pequeña acuarela, 18.1.1984 (1984), resulta tan completa y ambiciosa como un cuadro de mayor tamaño: manchas de un tono amarillo-verdoso ocupan la mayor parte del cuadro, pero actúan como revestimiento de otras formas y colores subyacentes—azules, verdes, y rojos. Un torbellino de imágenes completamente abstractas da vida a esta obra de arte.

       Una de las obras más impresionantes de Richter es un dibujo a tinta china sobre papel, que transmite una gran variedad de efectos. La complejidad visual de 7.1991 (1991) la convierte en claro ejemplo de la habilidad técnica de Richter: capas de pequeños puntos, aguadas transparentes y manchas oscuras, perfectamente contenidas, nos muestran su destreza con la tinta.

       A pesar de su uso de tinta china, no se podría decir que exista una influencia asiática en la obra de Richter. El material, en cambio, se vuelve el vehículo de su inspirado pensamiento, lo que permite al artista organizar las imágenes de tal manera que éstas se mantienen cerca de sus orígenes occidentales más que de la tradición paisajística china, a pesar de la correlación existente entre algunos de los efectos de Richter y el arte asiático. A mi modo de ver, la obra de Richter rara vez se aleja de su lugar dentro del canon occidental. Podemos apreciar la ambición e inspiración innovadora de los tres cuadros que hemos mencionado aquí. Con sus obras, Richter nos muestra que sus logros a nivel abstracto se encuentran fuera del dialogo con la pintura asiática y, de hecho, también con el expresionismo abstracto. 

       La obra en grafito de Richter presenta logros de mayor complejidad, sobre todo porque las imágenes salidas del lápiz resultan más desordenadas, más dadas a un registro superficial de lo que hay en la mente y frente a los ojos. En este medio, los efectos utilizados por el artista van desde lo claramente figurativo a lo intrincadamente abstracto. En uno hay un desnudo, y otros muestran estudios de montañas, pero en muchos casos las líneas buscan la forma en sí mismas.

 

 

       Incluso las formas de Gebirge/Mountains (1968) demuestran una cierta preferencia por las estructuras abstractas. Aquí las montañas están formadas por una serie de líneas principales, sobre las que hay otras horizontales y lo que parece una forma nubosa. La gestalt (la silueta y la forma) conjunta de la imagen se presenta claramente; es obvio que Richter es tan hábil en el realismo como en el ámbito de la abstracción. Un hermoso dibujo sin título de 1966 nos presenta las imágenes encadenadas que resultan de colocar un lápiz en un taladro y aplicarlo al papel. Este boceto consiste simplemente en una serie de efectos, no hay intención alguna de crear algo reconocible.

       Richter se mueve a través de varias composiciones cuyas imágenes son definitivamente no-objetuales, abogando así implícitamente a favor de la libertad del artista de crear de cualquier modo que le plazca.

       Esta libertad, en mi opinión, es fundamental para la obra de Richter. Aunque puede que desconfíe del dibujo como categoría artística, lo utiliza igualmente para dirigir la atención hacia su hábil y conceptualmente desafiante producción pictórica. Algunas de las imágenes no resultan del todo convincentes, como es el caso de 5.5.1975 (1975), una obra en tinta sobre papel cuyos elementos improvisados parecen extremadamente imprecisos, incluso cuando cada elemento en si esta tratado de forma elegante. Sin embargo, cuando el espectador escudriña cuidadosamente cada obra, debe observar cierta tradición dentro de las artes visuales de tomar en serio incluso los más nimios trabajos de un artista importante como Richter.

       De crucial importancia es el reconocer la sutileza de la mayoría de las obras de la muestra. Las piezas escogidas se asemejaban más a bocetos improvisados que demuestran la familiaridad de Richter con una estética esencialmente exploratoria e inquisitiva, no sólo con las formas, sino también hacia los conceptos subyacentes.

       Los dibujos, además, se presentan como comentario de los cuadros, cuyos grandes formatos indican, supuestamente, ambiciones mayores, pero que apuntan de hecho a temas de contenido similares dentro del arte abstracto. Es relativamente fácil ver la conexión entre los dibujos y los cuadros de Richter, especialmente cuando los primeros muestran un acabado pulido. La obra de Richter es siempre interesante. Salida de cinco décadas de producción de imágenes, Lines which do not exist era ejemplo de una muestra de dibujo bien concebida. El título de la exposición, conceptualmente difícil, también coloca el trabajo firmemente dentro del mundo de la abstracción.

       El tiempo dirá si estos trabajos pasarán a la historia del mismo modo que lo harán sus cuadros. Mientras tanto, es sumamente interesante observar las consecuencias de la mente inquisitiva de Richter.

 

Traducción de Sara Murado

 

Texto original en inglés

 


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Autor: Jonathan Goodman