Gijón II

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Me escribe Lucía, camarera por las tardes en el café Gijón de Madrid, dice que no debería haber escrito eso de que se baja la mascarilla hasta el inicio de la boca, al menos no indicar su nombre, y me pide que vuelva el viernes para pensar otro nombre, no quiere tener problemas. Me imagino…

–Lucía no.

–Quizás Ana…

–No.

–No sé…

–Luzia.

Pregunta Luzia:

–¿Qué estás leyendo?

La noché que llegué al café Gijón

–El de Umbral. Muy despeinado cuando enterraron a Ramón G.

–(Greguerías hasta la muerte)

–¿Dice en algún momento cuánto costaba un café en aquellos años?

–Quedan tres páginas y todavía no.

–Llevo esto allí y me dices luego. Podemos esperar.

Observo cómo lleva la bandeja y tres tazas. De espaldas.

Pero Umbral no escribe cuánto valía el café del Gijón. No.

Sin duda, en todo el libro gravita la incógnita del precio; no hay otro centro.

Deja -ay- cinco señales:

1. El metro valía una peseta (un tercio de céntimo de euro)

2. Otra cosa que se podía hacer, en la pesquisa cotidiana de los cuarenta duros (ochenta céntimos de euro), era ir a los estudios de cine…

3. Doña Consuelo Company iba a la barra a por su tacita de café, para no tener que pagar el servicio en mesa

4. El concepto de la angustia en Austral, me parece que por dieciocho pesetas (diez céntimos de euro) lo compré

5. Pagar aquel alquiler, que era poco más de mil pesetas (seis euros) al mes

Le digo a Luzia que si quiere salir.

–Pero termino a la una.

–¿Y qué hora es?

–Las nueve.

–¿Y qué harás?

–Escribir algo parecido.

Hago el cálculo: Si hoy el café solo del Gijón en la barra cuesta 2.30 y el transportado hasta la mesa más de 4 euros: Si hoy el viaje en metro cuesta 2 euros y en los sesenta menos de 0.1: Si hoy el alquiler de una habitación cuesta 400 y en los sesenta 6: Si este libro en Austral cuesta 8 euros en 2022: Estimo que el café con leche de Umbral y compañía en mayo de 1968 costaba, más o menos, 0.05 (o media peseta).

A la una y cincuenta sale Luzia. Le pregunto cuánto gana.

Gracias.

Citas sin comentarios: ‘La noche…’

-Aquel peregrino joven, bebía agua de su propia cantimplora, pagaba en el café una consumición, por el derecho a estar, pero lanzaba el café a todas las palomas

-Miraflores de la Sierra, pueblo de requesones, donde me dieron muy buenos vasos de leche en un estanco

-Otro tranvía reventón.

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