Gótico sureño

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Hablan de Merkel los más viejos de Grecia como los más viejos del Imperio ruso hablaban de Napoleón, igual que de una especie de advenedizo, ellos, tan clásicos, que sin embargo usaban el francés para sus conversaciones...

 

La victoria “pírrica” del No a la que se refiere Casado es el síntoma de que a Europa no le mueven los ciudadanos como proclama Syriza o Podemos, sino unas pasiones tratadas como el vino a partir de unas vides ajadas por la casta, que de uvas no debe de tener ni idea. Hay una cosecha de éxito indudable más allá del caldillo malo para despistar como el que vendían en el chateau idílico en Provenza de Peter Mayle. Hablan de Merkel los más viejos de Grecia como los más viejos del Imperio ruso hablaban de Napoleón: igual que de una especie de advenedizo, ellos, tan clásicos, que sin embargo usaban el francés para sus conversaciones. Ayer hubo una fiesta en Atenas como si el Oxi hubiese sido el equipo de fútbol local (al equipo rival lo representa Casado, que denuesta la victoria). Las banderas, las bengalas, los coches, los pitos, los cánticos. Pero esta mañana continuaba el corralito y además los festejantes amanecían con resaca. A uno la dignidad le parece un valor importante como para utilizarlo de panacea. Y no cree uno que Tsipras le hable de ella al FMI porque debe de saber que no es su idioma. Al pueblo le jalea la dignidad y con ese fervor le da largas a la deuda, que sin embargo sigue siendo deuda. Se ha celebrado un referéndum cuya papeleta parecía un jeroglífico y uno se ha acordado de la consulta de Mas. En realidad uno, con perdón y salvando las distancias entre ambos casos, empieza a estar tan cansado de la cantilena griega como de la catalana (se imagina que igual, aunque de otro modo, que los griegos y los catalanes), las cuales a estas alturas de complicación parecen dramas de Tennessee Williams. Hay un gótico sureño, por ejemplo en Varufakis que se ha marchado gritando: ¡Stella!, mientras todo se vuelve cada vez más sórdido alrededor. La aristocracia (la casta) en decadencia es uno de los temas favoritos en la obra de esta izquierda que se apropia de los desamparados como si fueran personajes de su invención. Y para colmo la respuesta de sus contrarios es introducirse en su juego, en la representación a ojos del público como la Violet Venable de ‘De repente, el último verano’, la mismísima troika, que quiere lobotomizar a la pobre Catherine, el joven Tsipras o el joven Iglesias por los que buena parte de la platea, a pesar de todo, se ha decantado.