Gregoriano en el Congreso

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Esta época electoral parece el grifo de una casa deshabitada durante largo tiempo. Ha sido abrirlo y salir el agua marrón y sin concierto mientras suenan las tuberías de todo el edificio como si fuera a romperse algo... 

 

Dice Gistau entre otras cosas terribles pero hermosas que el Parlamento permanece vacío de contenido, abandonado; y que los únicos personajes que pueden devolverle el rigor, como el esplendor, son Pablo Iglesias y Albert Rivera. En España antes se decía que faltaba confianza. Luego llegaron los recortes y el crecimiento económico. Entre medias fue un préstamo para los bancos y al final de todo llegaron las elecciones en tromba como si fuera algo que se hubiera estado reteniendo. Esta época electoral parece el grifo de una casa deshabitada durante largo tiempo. Ha sido abrirlo y salir el agua marrón y a trompicones mientras resuenan las tuberías de todo el edificio como si fuera a romperse algo. Susana Díaz, por ejemplo, vive ahora mismo en aquella mansión ruinosa que compraba Tom Hanks para cuyos arreglos siempre le daban un plazo de dos semanas. Lo próximo, después de la confianza, será que la solvencia se acredite igual que en una deuda de juego: yéndose por pies o apostando lo último si se acepta. Las grandes mentes financieras han proclamado la fe en Bruselas, en Nueva York y en Madrid como si lo único que se pudiese hacer es ponerle velas a San Mercado igual que viejas galdosianas. Da la impresión de que se está en manos de beatas con mantilla en vez de en las de profesionales con chaqueta. Los parlamentos (moribundos, dice Gistau, de tedio y dejación) ya tienen altares y coros, pero quizá les faltan naves y capillas y claustros para que los frailes paseen durante sus rezos. En el Congreso se podría instalar un incensario como el de Santiago oscilando entre la tribuna de las camisetas y la de los periodistas bajo las muescas del veintitresefe y, ya que se está, podrían hasta esculpirse en los tejados unas gárgolas con los rostros aterradores de González, Aznar, Zapatero y Rajoy a la espera de los nuevos motivos.