Grietas y ventanas

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Tengo una extraña fijación por las ventanas. No puedo evitarlo. Me gustan, sobre todo las de los trenes. Desde hace un tiempo, cuando viajo, fotografío los paisajes a través de ellas. Las fotos no valen gran cosa, lo reconozco, pero hoy en día, con un filtro de Instagram todos somos fotógrafos y de los buenos.

 

 

 

«En estas oscuras piezas, donde paso

días agobiantes, voy y vuelvo arriba abajo

para hallar las ventanas. –Cuando se abra

una ventana habrá un consuelo- .

Mas las ventanas no están, o no puedo

encontrarlas. Y mejor quizás que no las halle.

Acaso la luz sea un nuevo tormento.

Quién sabe qué cosas nuevas mostrará.»

Kavafis, Las ventanas

 

 

Tengo una extraña fijación por las ventanas. No puedo evitarlo. Me gustan, sobre todo las de los trenes. Desde hace un tiempo, cuando viajo, fotografío los paisajes a través de ellas. Las fotos no valen gran cosa, lo reconozco, pero hoy en día, con un filtro de Instagram todos somos fotógrafos y de los buenos.

 

Soñamos en las ventanas porque la vida –y eso siempre ha sido así- pasa rápida a través de los cristales. Soñamos dentro el mundo que ocurre fuera. Es curioso el simbolismo construido en torno a las ventanas: son una apertura, una mirada hacia fuera, hacia el futuro. Las ventanas son iguales en todas partes, son lo mismo para todos, estemos donde estemos.

 

Las ventanas se parecen a las grietas. Ayer pensé en esto mientras leía una entrevista que le hicieron a Eider Rodriguez con motivo de la publicación de su libro Un montón de gatos, en 2012. No he leído nada de ella y no sé si el libro estará a la altura de las respuestas que la autora daba en la entrevista, pero por si acaso, me lo he comprado. Lo cierto es que ante algunas de sus respuestas había que levantar la vista y pararse a pensar. Eider Rodríguez hablaba de temas tan importantes como las grietas.

 

Si las ventanas señalan el futuro y son símbolo de claridad y descubrimiento, las grietas son todo lo contrario. Hacen referencia a una estría, a una especie de desajuste íntimo, un agujero en una superficie que antes era compacta. Pienso en la canción de Nacho Vegas Como hacer crac y en aquella maravillosa frase: “si escuchas bien, oirás un crac”. Porque la vida está llena de grietas. Todos estamos llenos de grietas, y la literatura también, incluso en los títulos de libros maravillosos como Flores en la grieta, de Richard Ford, o La grieta, de Doris Lessing.

 

Eider Rodríguez afirma que sus cuentos buscan encontrar esa grieta fundamental, revelar el crack que hacen las cosas al romperse. Porque antes de que algo se desmorone, siempre existe una primera grieta, una señal de aviso de lo que está ocurriendo. En el fondo, ventanas y grietas revelan un mundo. Supongo que podríamos decir que las ventanas abren a la vida y las grietas a la muerte. Sin embargo, he visto flores preciosas que nacen en las grietas de una maceta que se resquebraja.

 

Dicen que la literatura es una ventana al mundo. A veces creo que también puede ser una grieta por donde a uno se cuela el mundo. Lo dijo Leonard Cohen y creo que ya nadie lo ha vuelto a decir mejor «there’s a crack in everything, that’s how the light gets in».