Griots

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Ésta es una cultura de tradición oral, prácticamente no existen como lenguas escritas ni el mooré ni el fulfulda, ni ninguna de las otras lenguas que se hablan por aquí.

Recientemente se ha trascrito el mooré, la lengua más extendida, y se procede a su normalización escrita y su enseñanza.

Por mi parte me he comprado una gramática, un cuaderno de ejercicios y un diccionario mooré-francés. Pero sólo lo he comprado, no me he puesto a estudiarlo. Lo que tengo que estudiar es francés.

Barká: Gracias

E vue kibaré: Buenos días, cómo estás

Nazzare: El que no se sepa ésta…  ¡blanco!

Muï: Arroz

Kofikú: Abanico

Este es mi amplio vocabulario hasta ahora, pero si queréis alguna traducción profesional la Escuela Internacional de Traductores (y Artesanos) de Ouahigouya puede haceros lo que queráis, ‘il n’y a de pas de probleme’, como decimos por aquí.

En una sociedad de transmisión oral de la cultura, de su historia, de los recuerdos del clan y de la familia, de la comunicación entre diferentes familias y pueblos, clanes, etnias, cobra una relevancia esencial aquel que tiene la capacidad de hablar bien y, sobre todo, buena memoria: el griot.

 

Un Griot bailando con zancos en un maquis (restaurante tradicional) en Ouagadougou

 

Los griots y los forgerons (herreros) son dos castas especiales dentro de la cultura burkinesa, y centroafricana, puesto que son comunes a varias etnias.

Lo mismo que los herreros tienen una actividad productiva relacionada con los metales, los griots son los que trabajaban los tintes y la piel, en todas sus formas.

El griot es una persona con gran capacidad de comunicación verbal y una prodigiosa memoria. Lo mismo que los forgerons se transmiten los conocimientos y los secretos de la forja dentro de la familia, en el caso de los griots el padre comienza a formar al hijo desde muy pequeño entrenándole, sobre todo, en el desarrollo de la capacidad de memorizar. En todo caso siempre tiene la posibilidad de probar con otro hijo si uno le saliera rana, como yo.

Son cuenta cuentos que amenizan las veladas nocturnas junto al fuego y el té, que saben las historias, con sus nombres, de todos y cada uno de los miembros de la aldea, a los que se envía para solicitar una joven en matrimonio, o para ayudar en una venta con personas de otro pueblo (no interviene en intercambios entre miembros de la misma comunidad).

Son animadores, cantantes, incluso bailarines que se suelen acompañar de instrumentos musicales para contar sus historias.

 

Naabá de la provincia de Comoé, en acto oficial. A su derecha, con bonete rojo, su Griot.

El Rey es el que lleva calado hasta los ojos el sombrero (nótese que su padre debía ser más ‘cabezón’, debe haber heredado recientemente y ha andado como loco para ir al sombrerero)

 

 

También son consejeros de los naabás, los reyes locales. Como éstos pueden ser más o menos importantes, dependiendo del rey al que estén adscritos o su capacidad de palabrería. A diferencia de los forgerons, también hay mujeres griot.

Por así decirlo son parlanchines a los que se tiene vedada su intervención en otra de las instituciones de la sociedad rural: ‘la palabra en el árbol (arbre en palabre)’.

La palabra en el árbol es una especie de asamblea de toda la aldea en la que el único que no puede hablar es el griot.

Quizás porque se toman decisiones, a veces importantes, y no quieren que el griot les distraiga son su palabrería.

Bajo el árbol más grande y frondoso que haya en la aldea o cerca se sienta en una silla o taburete el jefe de la aldea (a mí una vez, en una aldea, me trajeron por deferencia una silla y me senté, claro, no podía hacer el desaire). Cerca de él se sientan, ya todos los demás en el suelo, el Consejo de Ancianos, después los hombres, los jóvenes, y por último las mujeres. Los niños quedan al final de todo.

 

Éste no es un ‘arbre en palabre’, pero es un ejemplar magnífico de baobab

 

Se dirime y decide sobre cuestiones que afectan a la convivencia: un adulterio, un conflicto entre vecinos, problemas con la cosecha, decisiones sobre la misma y cualquier cuestión que afecte a la comunidad.

El que tiene algo que plantear se acerca al árbol y lo expone. Los que quieren decir algo al respecto, lo dicen y dan su opinión. Finalmente el Consejo de Ancianos decide y de acuerdo con el Jefe, que comunica cuál es el acuerdo adoptado.

Por eso, como son cosas importantes no se deja hablar al griot para que no manipule con su palabrería a los demás.

No sé… como si no dejáramos hablar a los políticos o los abogados, (¡hola, amiguitos!) cuando hubiera que tomar alguna decisión que nos afecte a todos (aunque esto, dicho así, suena muy antidemocrático).

Lo que no he leído es qué pasa si la cuestión a tratar afecta directamente al propio griot, ¿dejarán que se defienda o alegue lo que sea o le tendrán atado y amordazado al árbol como al bardo de Astérix al final de cada historia?

 

GALERÍA DE RETRATOS DE JAVIER NAVAS


21/04/09