Guineanos: entre la apatía y el masoquismo

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Durante años, en los que sobraban motivos para la cita semanal con este blog, consigné por escrito mis impresiones y lo hice en plural de respeto, algo que ni siquiera uno de los pocos guineanos con estudios universitarios, y en la rama de letras, entendió. Y esto es otra, que de un tiempo a otra parte tenemos la impresión de que una parte grande de guineanos que se escolarizan no asimila nada. Y por más que ya lo hubiéramos hecho por varios años, hacemos otro intento por entender el interior del alma guineana en un tema que deben conocer bien, el trato a la gente en Blay Beach.

El que esto escribe no conoce personalmente el recinto carcelario conocido como Blay Beach, escrito a veces Black Beach por ignorancia o por el infame trato que allí se ha dispensado al hombre. Ya saben, los mismos juegos intencionados con el lenguaje. A lo que íbamos, Blay Beach. Es un lugar que conocieron todos los guineanos desde que Masié se hizo invencible y “único milagro” del país. Antes sería una cárcel colonial, supongo, en que los mismos purgaban sus penas al amparo del racismo colonial. No nos desviemos; los guineanos de hoy desean tener coches llamativos y presumen de ello, aun sea de segunda mano traído de Dubai, y eso que las casas del país apenas tienen agua potable. Estos paisanos míos son muy cuidadosos con la forma en la que salen en público, sobre todo si van a trabajar a una oficina, así que se esmeran en ir lo más “marcados “posible, dicho por el hecho de que viviendo en su país, sí saben y hablan de marcas de ropa y de complementos. Entonces presumen de estar bien vestidos. Desde que tuvieron petróleo, la cuestión de una casa llamativa está en tercer lugar y procuran tenerla, aunque pueden prescindir de ella si los medios no alcanzan, cosa que no harán con la ostentación de un vehículo,  la exhibición de ropa y la de un teléfono de última generación. No está claro lo que comen los guineanos, siendo escasa y vergonzosamente debilitada su capacidad para producir alimentos propios, viviendo de supermercados de alimentos foráneos y del arroz. Muy pocos individuos de las etnias del continente comen cocodrilos, iguanas, boas, pangolines y demás fauna inminentemente extinta y salvaje y hacen alarde público de ello, metidos en sus trajes llamativos. Otra cosa de la que son muy devotos, y creen que es una obligación, incluso la única que tienen, es la religión cristiana. Tiene ellos en el centro de sus vidas a un Dios raro, impasible, perpetuamente permisivo.

Los guineanos, sobre todo los de cierta edad con acceso a las redes sociales, no gustan de hacer incursiones por temas intelectuales, sino que se entretienen en cuestiones en las que pueden hablar del sexo o de las relaciones que se establecen entre ellos. Deben entender que abanderar este pensamiento crítico contra el régimen haría que no alcanzaran los asuntos de los que presumen, sus coches, lo elegantes que son, las buenas mujeres y buenos hombres a los que se allegarían carnalmente, etc. Es gente que podría ser consciente de la vigencia de la dictadura instaurada por Macías y alguno ha hecho comentarios en contra de ella, sobre todo si vive fuera del país, pero el tema del que están más convencidos y no dudan en mostrar su pensar es el de la unidad nacional; para todos ellos, sobre todo sin son de la zona interior del continente, es incuestionable, aunque ellos sean exiliados y no tengan esperanza ninguna en que alguna vez volverán al país. Pero hay una cosa de la que no quiero que sigan callados y es algo que pasa en Blay Beach, y lo sufren mucho más las mujeres. Ocurre que en el país del que hablamos los que al final tienen la desgracia de acabar en el infame penal de Blay Beach saben que sólo está en manos del régimen el apartado de la provisión de dolor. Como muchas cárceles de países donde los infames campan a sus anchas, si te llevan al Blay Beach es normal que no te asignen un catre ni sepas cuántas veces al día tendrás algo para comer. Y como quien no come se despide, de este asunto se encargan los familiares que se quedan arriba lamentando que uno de los suyos haya ido a parar al lugar tan infame. Y ahí empieza el asunto por el que hemos dejado la cama antes de despuntar el sol: muchísimas mujeres, en manos de hombres y mujeres del ejército, son vejadas no siendo las encarceladas, simplemente porque han tenido el coraje y el corazón de bajar allá a conocer el destino de los suyos. Y no son vejaciones verbales, pues insistiendo en nuestro desconocimiento del sitio, tenemos varios testimonios de hombres y mujeres que han vivido en cuerpo propio estas vejaciones. Para que un foráneo lo entienda, es como si en los controles de acceso a la zona de embarque de los aeropuertos hubiera hombres y mujeres que por seguridad mandaran bajar las bragas a todas las mujeres y hurgaran en sus genitales. Pues muchas mujeres que bajan a Blay Beach a dejar comida, medicinas o ropa sufren este trato. Cada vez que van.

Nuestra estupefacción es que este trato vejatorio es totalmente omitido en el parte diario de hombres y mujeres prósperas y elegantes, sobre todo mujeres de “caché”. No sabemos dónde lo contarían, pero no nos consta que se supiera por la boca pública de ninguna que los dedos de hombres y mujeres libidinosos hurgan en sus interiores. Es probable que los hombres también sufran toqueteos y alguna vez algún dedo haya sido introducido en sus anos, o sus testículos siendo toqueados, pero también mantienen la boca cerrada. Siguen en su pobreza, o en su opulencia, siendo elegantes y con “caché.” Son referencias de su forma de entender lo que son, no es un invento nuestro. ¿Cuál es la razón por la que se mantienen callados siendo víctimas de abusos de este tipo, no siendo, además, los encausados? Siendo gente muy devota de este Dios que no les salva de estas peripecias vitales, lo más probable es que los perpetradores de estos abusos encuentren el consuelo de que se confesarán a los corruptos sacerdotes y pastores que encauzan sus sentimientos religiosos, pero hay una cosa que todavía no está predicada en la cristiandad, y es que no obtendrás la benevolencia de ninguno de estos dioses por ser víctima de ningún abuso. O sea, los malvados sí, tú que consientes día a día que te introduzcan los dedos, no. Y este hecho de que os calléis hace que perdáis la facultad de ser papás. No deberían ser padres los que asumen como norma la falta de dignidad en sus vidas.

Bien, ya hemos terminado. No quiero ni espero ser llevado a Blay Beach por nada que haga ni siquiera por decir estas cosas de las que no quieren hablar, pero aprovecho este medio público, porque tiene acceso todo el que quiera, para dejar dicho que si alguna vez tengo la desgracia de acabar en la infame cárcel de Blay Beach, que no baje al mismo ningún familiar o amigo con la intención de satisfacer alguna necesidad mía. Sobreviviré o no, será lo que diga el destino. No vayan a verme, sobre todo si a la vuelta se callarán, como todos, que allá abajo, y sin ninguna razón aparente, han sido vejados. Si lo hacen entenderé que es un deleznable ejercicio de masoquismo.

Barcelona, 23 de junio de 2021

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Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.

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