Guti y Paris Hilton

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Ha sido una semana muy rica en proteínas. Primero Saint Denis una catedral moderna. La Roja ofició de nuevo su liturgia. Fútbol de toque. Los franceses se relamieron pensando que Xavi, Iniesta, Cesc y compañía eran Giresse, Tigana,Platini. Arriba un Villa que a mi me sigue pareciendo el mejor goleador español de todos los tiempos. Y Torres, tremendo en los espacios abiertos. Me sigue fallando la defensa, por robusta que parezca, ahora, con Arbeloa corrigiendo al inefable Capdevila. Del Bosque va acariciando el bigote. Pero en un Mundial no hay favoritos. O mejor dicho siempre están los de siempre. Brasil por encima de todos. Pero también la vieja Europa que encarna la Italia de Lippi y la Inglaterra de Capello. Grandes competidores que subestiman el espectáculo. Malos rivales. Tiempo habrá.

 

Luego un sábado de infarto. Un Barca desquiciado en Almería. Guardiola nervioso con los árbitros. Que son una plaga en España. Peores que los de la Liga coreana. Pero no es plan. Ibrahimovic probando el veneno de la dura adaptación a España: el pez grande siempre lleva las de perder. Cualquier contacto es falta. Su nariz es demasiado grande para nuestros iturraldes. El Barça que está nervioso como corresponde a estas alturas del año. Pero esta vez con malas noticias: los dos africanos están en fuera de juego. El sueco está ansioso. Y Henry se ha jubilado. Queda el recurso de Messi, pero no basta. Y Pedrito Correcaminos. pero tampoco es suficiente.

 

Pellegrini contra el Sevilla apeló a la Escuela de Valparaíso. No hay construcción sin poesía. Sacó a Guti y parecía que Paris Hilton pisaba el césped del Bernabeu. Cuatro, cinco pases. Un travesaño. Taconazos. Huecos por aquí y por allá. Media hora para los Oscar. Y un elogio de la intermitencia. Guti, sobrado de talento, funciona como el Madrid a la contra. Cuando están las cosas cuesta arriba. Si tiene el mundo en sus manos, se aburre, pero cuando hay que remontar ahí está. Mal el Sevilla de Jiménez. Un equipo que se funde tras primeras partes primorosas. Todos arracimados alrededor de Palop. Y con un Madrid enrabietado y sin Luis Fabiano, es poco menos que suicidarse.

Hay Liga pues. Aunque el Madrid sufre en los partidos importantes tiene esos arrebatos demoledores de púgil herido. Un orgullo que, a falta de planteamiento, le granjea si no juego, resultados. Y Kaká desaparecido, suponemos que de aquí al final del torneo. Hará un buen Mundial pero su temporada en el Madrid deja mucho que desear. 

Lo que más miedo da es mirar el palco del Bernabeu. Florentino con su gesto melifluo del gran constructor del universo. Un equipo de encargo entregado a un preparador con mucho arte. Un edificio inteligente que puede quedarse a oscuras en cualquier momento. El palco del Bernabeu: no hay otra manifestación más consumada del poder de la galaxia. Maradona se revuelve inquieto. Algo más que fútbol. Faltan las noches de estreno. La próxima película, ya, contra el Olympique de Lyon. Un cartel mediocre, pero tal como anda Chamartín cualquier cosa parece el Titanic. 

Galicia, 1961. Periodista y escritor, fue jefe de la sección de Cultura en el diario El Independiente y redactor jefe en las revistas Cinemanía y Rolling Stone. En la actualidad es columnista en El País Galicia y colaborador de Babelia. Ha ejercido como director cultural de Fnac España entre 2001 y 2008. Ha publicado novelas como El día de los enamoradosy Hazlo por mí (Alianza Editorial) y poesía en castellano, El resto del mundo (Lumen), y gallego, Shakespeare mata o Porco cunha rosa (Espiral Maior).