H.A.: La Cour (el patio)

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Los tejados de cono de paja suelen ser los depósitos de grano, los tejados planos las viviendas


Las viviendas tradicionales en los pueblos son agrupaciones familiares de chozas unidas por un cercado que las protege del exterior o recoge el ganado.

En torno a un cabeza de familia pueden ir añadiéndose esas pequeñas construcciones de no más de 2 piezas por choza en la que una hará las veces de estancia-cocina-comedor y la otra de dormitorio. Aunque puede constar de una sola pieza que haga todas las funciones.

Se pueden ir añadiendo chozas en función de cada una de las mujeres que tenga el cabeza de familia o bien cuando los hijos se casen y se incorporen al grupo con una nueva choza. Se va ampliando el cercado que cierra el grupo familiar y que controla los animales o protege de los hurtos.

Todo está hecho de adobe y es fácil tanto tirar lo viejo, como hacer lo nuevo. He llegado a ver en aldeas cercados así constituidos por más de 10 chozas y separados los unos de los otros por un espacio considerable. De tal manera que a veces parecen sistemas de hábitat que tenderían a encerrarse en sí mismos y aislarse del resto de la comunidad, pero lo compensan de otras maneras. Así el aspecto de las aldeas es de una gran dispersión, muy separados unos vecinos de los otros y más concentrados por familias.

A muchas de las aldeas a las que he ido lo que parece que unifica y confiere un centro es la escuela y más si ésta es nueva.

De lo contrario parecen casas dispersas que difieren completamente de la concepción tradicional europea en torno a un núcleo central de la población, en general constituido con criterios defensivos y de abastecimiento de agua y muy a menudo amurallado, pero muy concentrado. Y en torno a eso se siguieron desarrollando los pueblos y ciudades por siglos.

Aquí las técnicas constructivas, adobe, no permiten una duración secular y el agua y la orografía tampoco ayudan para tener sistemas urbanos parecidos a los europeos. Amén que las riquezas del país (hoy igual que siempre) hicieran poco necesarias unas estrategias constructivas defensivas. Así que los núcleos urbanos no lo son, con los habitantes dispersos en una amplio espacio de terreno.

¿Qué consecuencias tiene esto?

¡¡¡Y yo qué sé!!!

Si os escribo estas cosas por escribir, pero ni tienen mucha
gracia, ni sentido. 
Es por contaros otras formas de vida.

 

Esta es la parte de cocina del salón de la casa de una amiga. Ni estanterías, ni nevera, la comida se compra, se hace y se consume cada día.

 

En las ciudades se ha imitado el modelo arquitectónico, obviando lo demás. Así el modelo tradicional de casa es un recinto más o menos cuadrado o rectangular en el que suele haber una o dos construcciones con varias viviendas. En torno a ‘la cour’, el patio, que preside la vida se abren varias puertas metálicas que dan acceso a las viviendas. Éstas se componen de 2 piezas, cocina-estancia y dormitorio. El resto es común a todos: letrinas y duchas. Por eso mismo ser vecino de una cour es mucho más social que ser vecino de un piso en España. Suelen ser 3-6 vecinos como máximo, pero la convivencia es muy intensa por varios motivos (recuerda un poco a las viejas corralas de Madrid).

En primer lugar dentro de las viviendas se aguanta mal (creo que os he hablado del calor) y se está mejor fuera si puedes encontrar una sombra. En segundo lugar se comparten a menudo no sólo los espacios comunes (letrinas y duchas) sino el resto del patio donde sacarse una silla o sentarse en el escalo que da a las viviendas (suele estar a más de 30-50 cms del resto del patio, por evitar la entrada de agua en las viviendas cuando llueve) y pegar la hebra.

La gente no suele tener TV y la vida es muy social y se comparten las veladas charlando con los vecinos o visitando o recibiendo visitas (tampoco hay costumbre de leer, ni libros ni revistas o periódicos). También se comparten muchas más cosas, si alguien tiene TV suele invitar a sus vecinos a verla (si hay buenas relaciones, que también las hay malas) o es habitual prestarse utensilios o cacharros de cocina o lavado.

 

Este es el dormitorio, en primer plano el colchón tirado en el suelo y al fondo el tocador con productos de cosmética (y un bote de leche en polvo y otro de patatas fritas, que le regalé)

 

¿Para qué tener barreños grandes para lavar si con uno se pueden apañar todas haciendo cada una la colada a su debido tiempo? Estoy hablando de un barreño grande, de plástico, simplemente. Y la persona por la que conocí todo esto en su casa tiene un sueldo aceptable.

La cour es un sistema de vida-vivienda habitual. Son unas relaciones y una forma de entender la vida distintas. Mucho más públicas, es muy difícil ocultarte, o que no se sepa todo lo que haces, lo bueno y lo que no parece bueno.

He conocido pocas cour, la de Oumou, la de Tidiane, la de Ouakilou, que ya os conté y la de varias chicas que viven solas.

Así las cosas una chica que no quiera quedar señalada no puede recibir en su casa (o no debe), menos aún un nazzara como yo. Es difícil que se crean que soy un primo que ha venido del pueblo de visita, ni que soy albino (aparte que ya voy siendo conocido). Lo mismo pasa con llegar muy tarde o no ir a dormir una noche: te ven llegar y se disparan las habladurías.

Son contradicciones que existen; por una parte una cultura muy tradicional hacia las mujeres y no sólo en las aldeas y por otra una muy bien desarrollada y natural promiscuidad que hace que muchas mujeres se queden embarazadas muy pronto y rara vez con matrimonio por medio.

Aquí las mujeres cargan con el peso de casi todo (también de los bultos y paquetes) y quedan un poco relegadas a un segundo plano. Cualquier trabajo o servicio lo deben hacer ellas, incluso en igualdad de condiciones. Por todo eso una mujer que no quiera ser considerada una puta no puede fumar; a partir de ahí podéis colegir el resto.

Así que salir con hombres condiciona, ir a la discoteca también, pero ir sola a la discoteca (y fumar) etiqueta casi de por vida. Recibir hombres en casa es impensable si no es la familia o sólo si se reciben en la cour, a la vista de todos… y así sucesivamente. Pues imaginaros todo eso y lo multiplicáis ad infinitum si se hace con un nazzara.

Y a pesar de todo algunas me han abierto su casa, mientras yo intento entreabrir sus corazones.

Normalmente nadie te invita a ir a verlas, y cuando vas a sus casas comprendes el porqué.

Sólo me han invitado a casa de un responsable de la ONG española de OHG por el cumple de su hijo y Babá, el artesano que hizo los batiks para mi empresa, que nos enseñó la casa, incluso sin estar terminada. Pero éstas eran más grandes.

Son, como os he contado, 2 piezas pequeñas. En el caso de una de ellas ni siquiera eso porque tenía un cohabitant, es decir compartía con otra persona esas dos piezas, una para cada una. Y claro ella tenía problemas si llegaba tarde porque fuéramos a cenar o al Baobab porque para entrar tenía que pasar por la pieza de la otra persona o puede que, incluso, hubiera echado el pestillo y no pudiera entrar.

 

El salón-comedor-cocina con mi amiga Silvye, la que va a meterse a monja. Su prima, la inquilina de la casa, tiene un buen trabajo y se nota en el mobiliario

 

Las otras tenían en la primera pieza una mesa (decir estilo rústico es no explicar lo que tenían por mesa) y una 2 sillas de plástico de terraza y la otra 2 bancos corridos, sin respaldo (un tablón largo y otros 2 a cada lado haciendo de patas). Una napa en el suelo y en un rincón una bombona mediana de gas con una rejilla para cocinar, metidas en una palangana las cacerolas, platos y alguna cuchara, vasos de plástico y algún cazo o espumadera.

Todo en el mismo suelo, al lado de la bombona. Algún cartel decorativo pegado en las paredes (religiosos algunos) o fotografías en el caso de una de ellas. Otra un bogolán.

También una caja debajo de la mesa con los pocos o muchos alimentos que almacenan. Por supuesto ni nevera ni nada parecido.

El dormitorio muy similar: colchón de goma espuma directamente en el suelo (suelen llevar una funda) y 1-2 cajas de cartón donde meten su ropa. Una de ellas tenía un ventilador viejo sujeto con cuerdas. Otra una TV pequeñita con más años que la carta de ajuste. Puede que penséis que todas esas TV y cosas viejas que tiráis van a un vertedero o similar pero yo creo que acaban aquí porque esto es como el baúl de los recuerdos.

La otra chica concentraba en la mitad del espacio todas esas cosas, lo cual es un prodigio de aprovechamiento de los 6-10 ms de que puede constar una pieza.

Pero si las vierais por la calle, hechas un pincel todo el día, de punta en blanco, con unos trajes preciosos y más ajustados que sus casas, pero transmitiendo una impresión de poderío que no tiene nada que ver con lo que hay detrás.

A duras penas llegan a final de mes, comen poco y comida local que se guisan ellas y no se permiten el menor lujo. Sus casas están vacías de muebles y enseres, pero da gusto verlas a todas, parecen princesas.

 

 

Nadège, en su dormitorio, es hija de princesa

 

Una de ellas es hija de una princesa moossí, pero como el padre es de etnia Yarsé no parece que vaya a heredar el título. Pero yo ya se lo he dado para siempre porque si el Naabá Kiiba es rey, ella es, por lo menos, princesa.

Su madre, la princesa, trabaja limpiando en el Hospital Público de OHG, un trabajo tan digno como el que realizan nuestras princesas en España, o más.

Y las otras también: Princesas de cuentos de hadas, cenicientas a las que ningún príncipe sacará de la miseria, pero que se lo merecen de verdad. Al menos las que conozco, palabra de príncipe de Beukelaer.

 

PS.- Las cuentas de electricidad son individuales por vivienda (los que la tienen), pero el agua es un solo contador y se divide el coste entre los vecinos. Quizás eso promueve que los burkineses/as son especialmente limpios en la higiene personal (2-3 duchas diarias) y en el lavado de la ropa.

 

 

 

 

GALERÍA DE RETRATOS DE JAVIER NAVAS

 

09-06-2009