H.A.: LE BAOBAB (XXX) 19-04-09

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Primera noche de discoteca.

Hay varios sitios donde salir de copas y a bailar, pero sólo los viernes y sábados, igualito que en Menorca, el resto de la semana parece que no hay ‘mercado’, aunque lo que no hay es un franco.

Está la disco de L’Amitié que es el hotel donde pasé mis primeros 15 días aquí pero a la que nunca fui, aunque gocé de su potente música desde mi habitación un par de fines de semana. Un día llegué a asomarme, está en un edificio anexo, pero no vi a nadie (música potente sí había) y me volví a mi retiro. Es verdad que no serían las 9 de la noche y aquí, como allí, la gente va a la disco más tarde. También tienen, en L’Amitié, una boîte, que es como una disco, pero cerrada y con aire acondicionado. Y más cara la entrada, sólo para pudientes.

Pero hoy ya tenía decidido, y planificado, ir al BAOBAB, que es otra disco más popular y parece que un poco más barata. Y más cerca de mi casa.

Estuve a punto de ir el fin de semana pasado, pero al final me rajé.

Es lo malo que tiene comenzar el día a las 3-4 de la mañana, que a las 8 de la noche no pienso más que en irme a la cama aunque sea a leer o a escribir en mi Moleskine estas cosas que me pasan.

Pero estaba decidido a ir, además me habían comentado que conocería a bellas mujeres si quería, por aquello de ser nassaara (aquí debe leerse, más bien, tener pasta).

De repente pienso que no me he ido a Cuba porque todos los amigos se cruzaron apuestas de que en menos de un mes me volvía a España no sólo con una mujer que me iba a querer con locura, mi amol, y que me iba a hacer muy feliz (ella juraría por lo más sagrado que así sería), sino que llevaría incluida toda una familia, varios hijos, la mamá, alguna hermana y puede que hasta el marido.

O éste aparecería cuando ya estuviéramos en España, viniendo de los unaited o de algún lugar de Europa.

Puede que hasta fuera de agradecer, siempre que desaparecieran todos, no me fuera a tener que quedar con la mamá y los chiquillos instalados en casa de regalo (son sólo unos días, mi amol, hasta que yo esté instalada en los unaited y luego me los mandas…)

Así que me vine a Burkina y me entero, corto de mí, que la necesidad unifica los usos y costumbres en cualquier continente, en todos los dyas e incluso en los prycas.

Vamos que cualquiera roba o se prostituye si no tienes otras posibilidades.

Es verdad que no todo el mundo lo hace, pero yo no soy de juzgar a nadie, ni de tirar piedras y menos contra la mano que me alimenta o la que me acaricia.

Además, ¡qué coño!, he conocido a muchas tías, y tíos, en España que se han casado por conveniencia, por no decir por pasta. O que no se separan por la misma razón, aunque haga años que no se quieren… 

Otra fiesta en mi casa (ya se me han quitado las ganas de hacer más con los problemas que tengo)


El caso es que quería haber ido el viernes por si la cosa marchaba, pero Herman, el director de la escuela de informática me dijo que mejor el sábado. Eso que me ahorré.

Pensaba haberme echado la siesta antes de ir (hay que estar preparado para todo), pero me llamaron para cenar con los responsables de la ONG española.

He salido de casa y en la oscuridad total de la calle se me para una moto y se bajan dos personas a las que soy incapaz de distinguir las caras y, claro, pienso: ¡ya está, artesanos de guardia!; pero no, listillo, era Tidyane que trabaja en el orfanato y es el típico ‘conseguidor’, el que me busca un electricista para los enchufes (ponerlos en la pared), me cambia los euros sin comisión, se ocupa de si me falta algo… y venía a ver cómo habían quedado unas chapuzas que me han hecho y me ha dicho que él también iría al Baobab a las 10.

Cojo el coche y nada más doblar los montones de basura de la esquina se me pone otra moto al lado y esta vez sí, ¡artesano alerta!

Era Rasmané para no sé qué y que mañana nos veíamos en L’Amitié (ya nos habíamos visto hoy también). Empiezo a sentirme más vigilado que un agente doble sacado de una novela de espías de LeCarré de los ‘50.

A cada paso que doy tengo un artesano vigilando y haciéndoseme el encontradizo, ¡qué casualidad, pasaba por aquí…! (en francés, bien entendu). ¡Unas narices!, por mi calle no pasa nadie como no sea a propósito.

Compras artesanas del día: 1 djembé, 1 lounga, 1 djeli n’goni (instrumentos musicales).

Dentro de poco voy a tener cubierta toda la gama de posibles compras. Tengo casi virgen la línea de máscaras y fetiches (sólo una).

Se ha parado Rasmané a mi lado con su moto triciclo y ya le ha dicho que mejor mañana, que me esperaban para cenar. Pas de probleme, como siempre me dice.

 

Boîte de Ouaga, no tengo fotos del Baobab, ni de mi primera noche ni da las otras 4 veces que he ido

Después de cenar y beber vino hasta pensarme lo de ir al Baobab me ha llamado Herman y allá que me he ido.

Hay que pagar entrada (500 cefas) y te pone un sello en la mano.

He preguntado a uno de la puerta si los blancos y las señoritas complacientes estábamos exentos de la entrada, pero no. A pagar. Menos de 1 €, pero sin derecho a copa.

Para que veáis que es otro plan, los dos seguretas de la puerta estaban sentados arrepantingados en unas butacas de madera, parece que muchos líos no debe haber por aquí.

Hay una primera zona al aire libre con mesas y después otra zona cubierta, pero sin puertas ni nada y donde está la pista de baile y los altavoces atruenan a nivel europeo.

Me río yo de los vecinos que se quejan en los barrios de Madrid  por bares de copas o por el botellón.

Después de la zona cubierta y de baile hay otra zona al aire libre, como un patio bastante grande con más mesas. He ido pasando por las zonas haciendo notar mi presencia porque como casi todo está a oscuras y ellos son tan negros (no nos vamos a andar con eufemismos) pues no hay manera  de distinguirlos.

Me había puesto mi traje tradicional de aquí en ‘bogolán’ y he conseguido el efecto deseado: era el único blanco en la discoteca vestido de negro, ¡cómo para no fijarse en mí! Todos ellos, negros, iban vestidos de blancos. El mundo al revés.

Como está tan oscuro y son tan oscuros ellos, no sabía qué efecto producía mi elegancia natural, salvo porque dejaba a mi paso un reguero de bocas abiertas en las que destellaban esas dentaduras impolutas como para que te paguen algo más en el trabajo sólo por tenerlas tan perfectas o que las puedas utilizar para abrir botellas (el otro día me abrieron 2 botellas así en un bar, pero no por chulería es que no encontraba el chico el abridor).

Hasta que no he llegado al patio posterior no se he levantado Herman y ha venido a por mí.

Es un tiarrón de casi 1,90, guapo, y con un cuerpo de esos de por aquí: impresionante.

Con unas amigas en una Boîte de Ouagadougou


Me ha llevado a su mesa y me ha presentado a un par de hombres pero no a la chica alucinante, más que él, que tenía a su lado. La verdad es que no la hacía ni caso, ni la hablaba.

Ha llegado Tidyane y la ha hecho que se moviera a otra silla para dejarle sitio a mi lado, cuando yo habría preferido, puestos a no entendernos, charlar con ella.

Había otras dos chicas más en la mesa con unos tipazos maravillosos, pero no podía decir si eran muy guapas (lo parecían).

Éstas iban con pantalones y la otra con un vestido negro tan ceñido que… bueno, que le quedaba muy bien. De esos que ves en las tiendas de la playa de Benidorm, cortos, que desciende el corte de la falda desde casi la cadera, en una pierna, hasta casi la rodilla, en la otra.

Yo no podía dejar de prestarle atención (mirar suena descarado), más por cómo un producto textil que siempre desprecié, y más visto puesto en las inglesas, de repente se me antojaba sublime.

Tenía unas piernas, sin necesidad de medias, ni depilarse, ni nada, que eran puro ébano pulido. Brillantes. Las manos que apoyaba en ellas llenas de anillos y tamborileando con los dedos el compás de la música me hipnotizaban. Las manos y las piernas, claro.

Cuando se ha puesto de pie para ir a bailar me he encendido otro cigarrillo sin darme cuenta que ya tenía uno en cada una de las manos. Espero que ella tampoco se haya dado cuenta, aunque Herman sí me ha hecho un comentario de que debía cuidarme y fumar menos. He salido como he podido, tirándolos todos, del trance.

Al mismo tiempo que ella, se han puesto en pie las amigas y ya no sabía a cuál prestar atención.

Yo, para mí, ¡Dios mío, Félix!, videa, no te pierdas detalle, que las noches son largas y solitarias sin recuerdos…

No he llegado a saber sus nombres. Cuando le he preguntado a Herman me ha dicho que la del vestido es su novia y que luego me la presentaba, pero no lo ha hecho.

Alta, muy alta, 1,80, yo he seguido sentado y la miraba desde abajo, empequeñecido, apocado. Se ha estirado el vestido para hacer honor a lo de que se le viera sólo desde la cadera de una pierna y desde la rodilla de la otra y he pensado: ¡pedazo de mujer!

Esa sensación de poder físico, de hembra a lo bestia, de mujer hermosa y con un cuerpo escultural pero tan fuerte y resistente como para echarse a la espalda a cualquier hombre (yo creo que a varios, no sé cómo no hay poliandria por aquí) y todos los hijos que le vayan haciendo.

Las otras dos chicas también tenían unos cuerpos de quitar el hipo y las telarañas en los bajos a cualquiera, pero no a mí. Me temo.

Iban con pantalones, pero aquí, en la disco, no se puede decir que las mujeres venga a pasar desapercibidas. La única más normal que he visto era la única blanca. Las demás todas, pero todas, espectaculares.

Una de ellas iba con unos vaqueros ceñidos como la camisa que llevaba. Un contorno de cuerpo como creo que no he catado en mi vida (perdonad, queridas niñas, que es mejorando lo presente y ya sabéis que la mitad de todo esto es inventado o exagerado) y la otra era más menuda. Con todo ¡menuda era!.

Una camiseta ajustada de tirantes (aquí los únicos que no llevan las cosas ajustadas son los artesanos con los precios que me clavan) y unos pantalones blancos de lycra ceñidos a todos los pliegues de sus bajos.

Ésta era más simpática y la que más bailaba.

 

Herman, con otros amigos en una fiesta que hice en mi casa


He intentado tomarme mi ginebra con cocacola, pero ni explicándoselo a Herman y Tidyane.

Me han traído, y me he tomado, sumiso, una cerveza Guinness negra en jarra con hielos, con cocacola. Sí, sí, como lo leéis.

Nunca me han entusiasmado las discos porque no se oye nada, pues imaginad si además no te entiendes ni de coña. Ni para pedir la copa.

Éstos intentaban estar conmigo y darme conversación y me han preguntado que si quería una mujer. Yo, ¡cómo no voy a quererla!, les he dicho que sí pero que soy muy tímido y que no sabría qué decirla por lo mal que hablo francés, que bueno ya veríamos, que si esto, que si aquello…

Total que se han ido a bailar los dos y allí me he quedado de pasmarote hasta que acabada mi cerveza con cocacola (calimocho negro) me he levantado y le he dicho al de al lado que iba a bailar y, efectivamente, he estado bailando con ellos un rato (ha habido konga local y todo) pero porque me pillaba in itinere para escaparme.

Media hora bailando, empapado en sudor, y pa casita. Calentito.

Si en mi puta vida he ligado con una mujer en una discoteca en España no voy a empezar ahora y en África, por más bonitas y accesibles que sean.

Creo que probaré en los servicios religiosos evangélicos que hay dos chicas de BIBIR que son muy partidarias y muy guapas y muy majas, una ATS y la otra economista (aunque yo creer, creer, no voy a creer)

Besos con ritmo

PS.- Para las amigas: no sabéis cómo son los hombres, qué cuerpos.

Un poco machistas sí los veo, la verdad.

Mucho más macizos que las mujeres.

Lo que pasa es que yo tengo afición por ellas.

Pero más por vosotras



19-04-09


GALERÍA DE RETRATOS DE JAVIER NAVAS



2 COMENTARIOS

  1. Tres crónicas por el precio

    Tres crónicas por el precio de una, Félix, eso si que es tirar la casa por la ventana!!!Y además con material de primera calidad, como siempre. Muy realista el retrato de la discoteca, me ha encantado, si señor. Un abrazo.

    • Muchas gracias, Antonio!
      Ya

      Muchas gracias, Antonio!
      Ya sabes que, a veces, las cosas van un poco noveladas, pero son como las cuento. Al menos las impresiones que me producen las cosas aquí.
      Un abrazo

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