Hablemos de eso

Donde se recuerdan los infinitos matices que se pierden al hablar del mundo sexual con honestidad forocochera

0
853

Llevo escribiendo un libro desde hace años, los que están en el secreto conocen el tema, y por un casual he llegado a dos o tres revistas eróticas de los años 20 en España. Es el tiempo del Cabaret, de las chicas con pelo corto y falda menguante y de los señorones de bombín vertical y otras cosas erguidas.

Leer estas piezas, hechas para un público acostumbrado a los dobles entendidos, me ha provocado una profunda nostalgia de la comedia antes del mantra hetero “le di un pollazo”. Podría parecer esta opinión pedante, pero tiendo a considerar divertidísimos todos los juegos de palabras, las metáforas y demás subterfugios que evitan hablar de eso. Los que disfrutamos con la ambigüedad, vemos a cualquier escritor avezado lanzar frenético una bola de pinball que busca sortear obstáculos a través de socorridas cabriolas / metáforas que acaban siempre con la introducción de la bola / ciruelo en el socorrido inicio del mundo.

A la sombra de las cerezas en flor

El reto es complicado: depende de la imaginación, del número de palabras que se conoce y la capacidad de juntar unas con otras evitando la cursilería de las abejas y las flores o el diálogo de “manadiers” posterior al socorrido partido de futbito. Un equilibrio superior al del junco de Pascal, de verdadero artesano en prosa, y que cuesta mucho recrear sin años de lectura manual. No solo está en liza la capacidad de perversión del autor, del seminarista que sueña con heridas luminosas a la novicia que ve un faro perderse en la bruma de su entrepierna, sino el sentido estético que permita cierta lubricidad sin perder el colmillo afilado por un taco de billar.

El caso de Luis Buñuel, el final censurado de Viridiana, es un buen ejemplo de cómo la censura forzó una metáfora muy superior en sordidez al propósito original: el incesto pasó a ser trío. También, es imposible que Con Faldas a lo loco de Billy Wilder funcionara con un Jack Lemmon soltando horteradas propias del peor Torbe.

Y, en el fondo, ¿Quién quiere ser Peter Coyote existiendo Cary Grant?

PD. El autor ha hablado sobre sexo sin usar el verbo follar: respetadlo un poquito. Y dadle un abrazo cuando lo veáis, que está soltero.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, deja tu comentario!
Por favor, introduce tu nombre aquí