Heraldica de náufragos

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La Heráldica es un arte del misterio. No llega a ser un  símbolo, sino más bien un lenguaje alegórico enhebrado. Tampoco llega a ser un jeroglífico, pero de la misma forma que sucede en la escritura china, no todas las formas representadas encierran un significado preciso para quienes las observan. Hay que ser un iniciado en Heráldica, para poder descifrar todos sus jugosos significados, y poder relacionarlos.

 

El trasiego y la mudanza que viven los objetos residentes en Retirolandia, favorece que se formen muchas agrupaciones espontáneas. Como nuevos idilios, basados en la atracción y en la armonía, los objetos se reagrupan y viven nuevas vidas. Se toman su tiempo para encontrarse. Quizás llevaran meses colgando de la misma pared, sin haberse establecido entre ellos relación alguna, ni mirada externa que los asociase. Hasta que un día, un impulso imparable que llega de fuera, una mano que cuelga esto de aquí, que pone un clavo allá, y que descuelga algo previo que allí había, hasta que, de pronto: ¡Zas!, todo casa y concuerda: un nuevo hogar se ha constituido;  el enigma ha quedado resuelto.

 

Esto sucedió hace unas horas en este taller de la Huerta, donde se almacenan como en un Rastro doméstico -que no portátil- todo tipo de objetos; desde que el pasado verano tuvieron que ser evacuados de la terraza huertana, cuando se restauraba la fachada de este edificio racionalista enclavado en pleno corazón del Madrid de Palacio.

 

La Heráldica espontánea que se ha formado esta tarde sobre el muro del estudio taller de Faba, representa algunas constantes de la estética de la Huerta del Retiro, siempre con melancolía marítima. El conjunto se descuelga desde una pareja superior de tritones tallados en madera, que es la forma que tienen en Portugal de entender lo que es un colgador de paños de cocina. Lo adquirió Faba en Oporto, cuando acudió al FITEI, (Festival de Teatro Ibérico), con su amigo Tin-Tín de Vigo.

 

Pintado de añil estuvo un tiempo este perchero de peces que se besan en la boca. Coronaba -como una diadema- la Puerta Atlántica que dividió en dos la Huerta. Un anzuelo tridente con reclamo de pez negro, (procedente de Nueva Zelanda), cuelga de su parte izquierda; en la contraria, un alga petrificada de la Costa de la Muerte se despereza como una anguila hambrienta.

 

El eje vertical de este escudo improvisado lo forman un macetero de hierro, (de los que se usan para colgar los tiestos de las barandas), y que en tiempos también cumplió su función en la Puerta Atlántica, ya que de él pendía el farolillo verde, que todos los crepúsculos se encendía en la Huerta, abierta a todos los navegantes benéficos que por el cielo, a esas horas, circularan.

 

Este servilletero invertido del Hotel Platanus de Budapest, ya debutó en esta Huerta del Retiro, como remate metálico de la Torre Bermeja, que Faba construyera con un expositor de caramelos Solano, de metacrilato granate traslúcido. Los dos cencerros que penden centralmente del aro, uno resulta de origen desconocido para Faba; y el inferior y más grueso fue adquirido, en uno de sus pocos viajes de autoestopista adolescente, en una espartería de Burgos.

 

El pequeño 6 de alambre, que cuelga en el vértice inferior de este emblema orgánico, marino y metálico, pendía previamente en la pared, antes de que estos elementos se reuniesen definitivamente sobre ese mismo espacio. Aunque podía haber sido eliminado, lo ha mantenido Faba como un subíndice, que eleva el cencerro al doble del cubo. De la misma manera se han conservado las alcayatas de la pared, como si fuesen las comillas de acero de esta Heráldica de náufragos.