‘Hiroshima’, o recordar para olvidar

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“No cesaremos de explorar
Y el final de toda nuestra exploración
será llegar a donde empezamos
Y descubrir el lugar por primera vez”.

La cita de T. S. Eliot enmarca a la perfección el sentido de Hiroshima. Sus autores, Ana Arias y Fernando Palmero, viajan a Hiroshima en 2018, poco antes de cumplirse 75 años del lanzamiento de la bomba atómica sobre esta ciudad japonesa. El Museo de la Paz, construido diez años después del bombardeo, es una de sus obligadas visitas. En las salas del recinto los visitantes comienzan el camino que concluye en este cuidado y oportuno volumen publicado ahora. La mirada del viajero se topa, como describen los autores, con “un museo cuya concepción no permite entender lo que ocurrió”. Los usos y abusos de la memoria son constantes a lo largo de la Historia para invocar el recuerdo, si bien convenientemente moldeado y, por tanto, con una finalidad distinta: el olvido. En esa misma línea los dos periodistas descubren que el Museo de la Paz de Hiroshima ha sido diseñado con la intención de convertir el simbólico centro en “paradigmático ejemplo de una pedagogía del desarme nuclear desde el que propagar una bienintencionada ideología pacifista”. Así, el visitante podrá conmoverse ante el despliegue museístico con motivo de tan brutal violencia. Sin embargo, la exhibición sentimental hurtará el auténtico contenido histórico de lo sucedido aquel terrible 6 de agosto de 1945 además de sus antecedentes y sus consecuencias.

Esa sorpresa estimulará a Arias y a Palmero a buscar las respuestas a los interrogantes que ese concepto de memoria amputada les suscita. El regreso a España no supone el final de su viaje, sino su continuación a través de otros medios al sumergirse en una apasionante búsqueda a través de la literatura y el cine con la que iluminar aquellas sombras en torno a lo ocurrido en Hiroshima. Esa exploración motivada por su curiosidad no meramente periodística es la que ambos nos relatan en este ameno, enriquecedor y riguroso ensayo. Y al hacerlo nos ilustran sobre el pacto de silencio y olvido con el que se han intentado ocultar atroces violaciones de los derechos humanos; sobre los mecanismos para hacer frente al pasado de los crímenes cometidos; sobre los límites e imperfecciones de la justicia y del resarcimiento, sobre la insuficiencia del perdón cuando se formula como pretexto para encubrir la injusticia.

Debe subrayarse que este no es un libro de viajes, ni de postales como aquellas a las que otros periodistas recurren con frecuencia para ofrecer meros destellos de estancias en destino más o menos noticiosos o atractivos en función de la agenda mediática. Se trata de un ensayo convenientemente estructurado en el que los autores reflexionan con un riguroso respaldo de fuentes sobre una cuestión de enorme relevancia y actualidad: la politización e instrumentalización de la memoria en torno a la histórica matanza en Hiroshima y todo lo que la rodea. Y por ello el lector disfruta y aprende de la lectura de un volumen que desenmascara los abusos de la memoria en torno a un suceso que ha marcado la Historia y a otros que le antecedieron y sucedieron. Y agradece también la selección de referencias bibliográficas y de la filmografía citada que animan a proseguir tan interesante exploración.

En la raíz de esta amputación de la memoria sobre Hiroshima se encuentra, como plantean Arias y Palmero, “el pacto de olvido sellado entre Washington y Tokio tras el final de la Guerra y del que ambas potencias salieron beneficiadas”. Por un lado, Japón pretendía evitar la necesaria rendición de cuentas sobre su pasado imperialista previo al lanzamiento de la bomba atómica. Mediante lo que los autores definen, y argumentan, como “una desenfrenada política criminal”, la nación que tras la Primera Guerra Mundial se había convertido en la más poderosa e industrializada de Asia inició una “expansión homicida de su ejército imperial” en la gran depresión de 1929. Su política imperialista y expansionista se construyó sobre el rápido crecimiento de un ejército que, mediante la obediencia ciega al emperador, acometería sangrientas matanzas con una magnitud que los autores de Hiroshima no dudan en describir como genocidas. “Nunca se ha considerado una práctica genocida la eliminación de unos 19 millones de chinos a manos de las tropas imperiales japonesas entre 1931 y 1945”, escriben Arias y Palmero para mostrar la magnitud de la violencia perpetrada.

El mismo término “genocida” utilizan los autores de Hiroshima para definir la respuesta con la que Estados Unidos persiguió y logró la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial y sobre la que escriben: “Las muertes en Hiroshima y Nagasaki, oficialmente publicadas, totalizaron 230.000 víctimas; pero el hecho es que hubo más de medio millón de muertos”. Las víctimas no fueron solo las mortales, sino los miles de heridos que incluso décadas después han continuado sufriendo las consecuencias físicas y psíquicas de aquella matanza. Como recuerdan los autores citando a Akira Kurosawa, “la bomba atómica está aún matando japoneses”. Por ello merece la pena someter a examen, como hacen los autores con honestidad y seriedad, la interpretación que identifica tan inmenso crimen como un mal menor que evitó la prolongación de la guerra y que, en consecuencia, se alega, salvó vidas.

La tesis sobre el genocidio y el racismo de ambas potencias no se sostiene únicamente en el argumento cuantitativo, sino en otras consideraciones que los autores defienden con solvencia. El análisis propuesto por los autores del volumen impugna la propaganda japonesa y estadounidense mostrando el racismo que motivó a ambos países a estigmatizar y atacar a sus adversarios con una crueldad particularmente salvaje. La acertada estructura del ensayo refleja una simetría marcada por el eje de las prácticas, calificadas de genocidas, por parte de dos naciones que también compartirán su deseo de eludir responsabilidades y difuminar culpas tras los asesinatos masivos. El recorrido por la memoria de Hiroshima, como observan Arias y Palmero, “conforma un relato zurcido de silencio y olvido”. De ahí el valor de un trabajo en torno a tan emblemática ciudad que, en palabras de Kenzaburo Oé citadas en este sugerente ensayo, constituye “la herida más profunda de la humanidad”.

 

Hiroshima. Sol, silencio, olvido, de Ana Arias y Fernando Palmero. Confluencias, 2021.

Rogelio Alonso fue entre 1994 y 2004 profesor en la Universidad del Ulster e investigador de la Universidad de Queen’s en Belfast, así como periodista freelance de diversos medios de comunicación nacionales e internacionales. Es autor, entre otros, de los libros The IRA and armed Struggle (Routledge, 2007) y Matar por Irlanda. El IRA y la lucha armada (Alianza, 2003), basados en la más amplia muestra de entrevistas personales a miembros de la organización terrorista realizada hasta ahora. En la actualidad es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos, y su último libro es La derrota del vencedor. La política antiterrorista del final de ETA (Alianza, 2018)

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