HOGUERAS AFRICANAS

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De nuevo en casa. Y siempre que se vuelve de Africa hay morriña de tierra, de hogueras, de cánticos. Traigo una vuvuzela para el pequeño Nicolás. Está en la fase pedorreta de la vida y no le resulta dificil hacerla sonar. Lo contrario que a mí. Por lo visto ayer tampoco parece que España invite mucho a sonarla. Lo dije en un blog anterior: Argentina y Brasil llevaban diez días en tierra sudafricana y los nuestros en el Tirol. Se les nota, ansiedad aparte, un poco fuera de forma. Las imágenes se me agolpan en la cabeza, y sobre todo una: de Pretoria a Johanesburgo arden los campos de rastrojo. Mil hogueras diseminadas por el horizonte. Vienen las lluvias y los mosquitos y el humo ahuyenta a los insectos. En Soweto, la casa de Mandela, administrada por la codiciosa Winnie es hoy un centro de peregrinación turística. Aunque nadie con pinta de holandés por los alrededores. Griegos, hondureños, italianos, españoles. Me fotografío al lado del cinturón dorado que Ray Sugar Leonard regaló al lider surafricano. Mitomanía, quizás, pero tanto Ray Sugar como Nelson me parecen más campeones que toda el Mundial.  Frente a la pequeña casa, hoy totalmente reconstruida, el bar de la familia Mandela está cerrado por la muerte de la bisnieta. Esta noche quizás vea a Argentina, por ahora lo mejor, salvando el traje de Diego Armando Maradona. Empieza lo bueno y todavía crepitan las hogueras en el recuerdo.   

Galicia, 1961. Periodista y escritor, fue jefe de la sección de Cultura en el diario El Independiente y redactor jefe en las revistas Cinemanía y Rolling Stone. En la actualidad es columnista en El País Galicia y colaborador de Babelia. Ha ejercido como director cultural de Fnac España entre 2001 y 2008. Ha publicado novelas como El día de los enamoradosy Hazlo por mí (Alianza Editorial) y poesía en castellano, El resto del mundo (Lumen), y gallego, Shakespeare mata o Porco cunha rosa (Espiral Maior).