“Hoy no estrenamos”: La verdad del teatro 

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Hay un momento prodigioso en Hoy no estrenamos. Sucede cuando uno de los asistentes al cursillo de teatro que es la columna vertebral de la función se enfada porque advierte que lo que está viviendo con tanta intensidad no es real: la hoja retráctil de un cuchillo de atrezzo se esconde al tratar de hundirla accidentalmente en la carne. Y más tarde, conmovido, entiende que esa mentira hace más fuerte y patente la verdad del teatro, esa verdad de las mentiras de la que habla acertadamente Mario Vargas Llosa para definir el poder de la ficción.

Carles Castillo y Carles Montoliu en un momento de la función (Foto: L’Om Imprebis)

Además de una encendida declaración de amor por este arte ancestral, esta función es una apuesta por su capacidad regeneradora y transformadora, un canto a su potestad para cambiar el signo marchito de unas vidas. L’Om Imprebís, compañía con casi ya treinta años a sus espaldas, plantea un montaje muy divertido y aparentemente sencillo, como si únicamente pretendiera hacer reír a los espectadores, lo que no es poco y logra con creces. Pero hay mucho más, expuesto en capas que se superponen en un ejercicio dramático e interpretativo morrocotudo, que bajo su aparente simpleza consigue hacer fácil lo complejo, expresar de forma tan sutil como jocosa esa verdad del teatro a la que antes aludía, que va más allá de lo que llamamos realidad, trascendiéndola.

Santiago Sánchez dirige a Montoliu en una escena de «Hoy no estrenamos»(Foto: L’Om Imprebis)

Pero me estoy poniendo pesadísimo como suelo, excúsenme ustedes. Amén de recomendar vivamente este espectáculo que dirigen Michel López y Santiago Sánchez y que ha prolongado sus funciones en el madrileño Teatro Alfil, les contaré que ha nacido de un montaje previo, La Crazy Class, estrenado hace más o menos seis años y que si presenta el mismo esquema argumental, lo depura y supera. Sobre el escenario vacío van apareciendo despistados alumnos de una clase de teatro para aficionados, algunos reticentes con respecto a esa experiencia entre didáctica y terapéutica porque han acudido casi a regañadientes por presiones de algún familiar o por otras razones. Los recibe el director del curso encarnado por el propio Santiago Sánchez, que de alguna manera encara el no tan elemental reto de hacer más o menos de sí mismo. 

Hay un torero, un militar retirado, un ama de casa, un par de hermanas que regentan un restaurante, un chico apocado y algún friki que otro, extraídos todos de la vida misma. Doce alumnos que interpretan dos actores pasmosos, Carles Castillo y Carles Montoliu, a los que se añade un técnico (Víctor Lucas) que está allí en prácticas y dice haber hecho un módulo de teatro, aunque demuestra una sabiduría escénica intuitiva y portentosa; su explicación de los mecanismos dramáticos de Casa de muñecas en una maravilla de claridad y concisión. Un cóctel veloz y divertidísimo en cuya composición son fundamentales el humor y, como ya he dicho, el amor por el teatro. Junto a los problemas y las especificidades de cada uno de los personajes, enseguida asoman la oreja como ejercicios del curso fragmentos de obras Ibsen (la citada Casa de muñecas), Chéjov (Tres hermanas) y Shakespeare (Hamlet) para demostrar que vida y teatro son uña y carne, el aire y la respiración. 

Los dos Carles, mano a mano, en el conciso «Hamlet» que interpretan (Foto: L’Om Imprebis)

Montoliu y Castillo realizan un tour de force de gran mérito y no menos dificultad metiéndose en la piel de ese diestro que quiere reciclarse, de la tierna cocinera levantina, del oficial ultraderechista que aprobará al final la difícil asignatura de la tolerancia gracias al teatro, del experto en informática que va a su rollo, del voraz emprendedor que no deja pasar una oportunidad de hacer negocios o del sensible trabajador de Mercamadrid, por citar algunos ejemplos. Con unas pocas pinceladas que acarrean precisos cambios vocales y gestuales y portando algún objeto que resume a cada uno de esos individuos (montera, gorra castrense, un bolso, un pañuelo…) logran dibujar a cada criatura, rizando el rizo en la representación vertiginosa y concisa que hacen de Hamlet como broche del curso. Recapitulemos: los dos Carles son actores que interpretan a todos esos personajes que a su vez encarnan, cada uno con sus características, a las criaturas shakesperianas, entrando y saliendo de las diferentes identidades superpuestas en una asombrosa sucesión de sutiles capas de complejidad conceptual y expresiva. 

Pero, si quieren, olviden toda esta fanfarria pedantesca que he ido decapando para llegar al corazón latiente de este gran trabajo: la exaltación de la experiencia teatral, y quédense con que, además de todas esas cuestiones que trabajosamente he expuesto, Hoy no estrenamos es una experiencia desternillante. Así que a reír se ha dicho.

Título: Hoy no estrenamos. Autores: Imprebís. Dirección: Michel López y Santiago Sánchez. Escenografía: Dino Ibáñez. Iluminación: Rafael Mojas. Vestuario: Gabriela Salaverri.  Producción: L’Om Imprebís. Dirección de producción: Ana Beltrán. Intérpretes: Carles Castillo, Carles Montoliu, Santiago Sánchez y Víctor Lucas. Teatro Alfil. 

 

Juan Ignacio García Garzón es uno de los nombres que me habitan (o que habito, vaya usted a saber). Como tal espécimen, nací y vivo en Madrid, donde ejerzo la profesión periodística desde hace más de tres décadas, que ya son años. En tiempos pretéritos trabajé en Radio Exterior de España (RNE), la Agencia EFE y la cadena radiofónica COPE, no simultáneamente. En el diario ABC, he sido redactor jefe de la revista dominical Blanco y Negro, las secciones de Cultura y Espectáculos, y su suplemento cultural, además de crítico teatral.   He publicado dos libros biográficos: “Lola Flores. El volcán y la brisa” (2002 y 2007), y “Paco Rabal. Aquí un amigo” (2004), con el que obtuve el II Premio Algaba de Biografías, Autobiografías y Memorias, y el volumen de análisis cinematográfico “Cary Grant. RKO Films” (2009), además de alguna otra cosa sobre cine y teatro que se hace fatigoso enumerar. En 2009 fui agraciado con el premio Ciudad de Alcalá en su modalidad de Periodismo, que lleva el nombre de "Manuel Azaña", por el artículo “Si Hamlet fuera mujer”, publicado en ABCD las Artes y las Letras.   A veces, aunque hace ya tiempo que se hace el remolón, me visita un tipo que escribe poesía y firma como Juan Garzón. Pese a su ánimo remiso, este holgazán de la escuela Bartleby ha publicado cuatro libros de poemas: “Ejercicios de estilo” (1979), “Figuras y descripciones” (1984), “Imán” (1989) y “Principio de viaje” (2000).

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