Huelga general

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Esta mañana me preguntaba qué haría hoy el anarquista de la flauta.

 

Pasé por la terraza donde normalmente extiende la mano para pedir limosna tocando el himno de la CNT, pero el bar estaba cerrado por huelga.

 

El anarquista de la flauta está en huelga por necesidad, qué curioso, me he dicho. Pero de inmediato me lo he encontrado en la plaza Tirso de Molina, agitando una bandera y proclamando consignas. ¿Contra quién?

 

Contra el gobierno, contra el sistema, por nuestros derechos.

 

Eso está claro.

 

Luego me ha parecido que se sumaba al grupo el mismísimo Rouco Valera.

 

Qué curioso.

 

Contra el gobierno, contra el sistema, por nuestros derechos.

 

El anarquista presta su flauta al obispo; juntos se suman a los sindicatos que recorren Madrid con sus banderas.

 

Pasan ante las ventanas de Génova, desde donde observan, sonriendo, los Habitantes.

 

Gritan: «No pasarán», los que pasan. Juntos, conducidos y conductores.

 

Contra el gobierno, contra el sistema, por nuestros derechos.

 

Oigo: «Mira a lo alto». Me doy cuenta: es un recuerdo. «Hannah, ¿puedes oírme? Dondequiera que estés, ¡mira a lo alto, Hannah! ¡Caminamos hacia un mundo nuevo, un mundo de bondad, en el que los hombres se elevarán por encima del odio, de la ambición, de la brutalidad!»

 

Contemplo el caminar de los manifestantes. Presto atención al grito de sus reclamaciones.

 

Oigo también en el recuerdo el principio del maravilloso discurso de Chaplin: «Lo siento, pero yo no quiero ser emperador».

 

Miro a lo alto, más arriba de Moncloa, a los propietarios del «sistema». Mañana usaremos sus cajeros, sus marcas, sus deseadas ofertas de ocio, pediremos su empleo. Miro a mi lado, me miro a mí mismo, usuarios voluntarios o involuntarios del «sistema», células (no inevitables) de su cuerpo, el sistema somos nosotros, discutimos contra nosotros.

 

Y vuelvo a preguntarme qué actos son verdaderamente nuestros. De cuáles queremos ser responsables. Qué mundo estamos construyendo cada hora y con qué argumentos. Qué haremos con nuestras manos más allá del día de huelga. Cómo haremos ese mundo que queremos libre y justo. Cómo queremos ser y vivir.

 

Las banderas brillan en la tarde. Mañana muchos celebrarán un éxito.

 

Eso está claro.

 

Qué curioso:

 

Hoy vi gritar a quien ayer extenderá la mano.

Ernesto Pérez Zúñiga (1971) creció en Granada y nació en Madrid, ciudad donde vive actualmente. Como narrador es autor del conjunto de relatos Las botas de siete leguas y otras maneras de morir (2002) y de las novelas Santo Diablo (2004) , El segundo circulo (2007), Premio Internacional de Novela Luis Berenguer, y El juego del mono (2011) . Entre sus libros de poemas, destacan Ella cena de día (2000), Calles para un pez luna (2002), Premio de Arte Joven de la Comunidad de Madrid, y Cuadernos del hábito oscuro (2007).

1 COMENTARIO

  1. Crónica excelente para una

    Crónica excelente para una jornada muy gris. Salí a la calle y puse mis desgastados oídos a trabajar. Sentía tristeza de lo que escuchaba. Y quizá dolor de algunas de las cosas que veía. Sin embargo quienes encabezaban la manifestación no mentían. Arrastraban con sus manos un lema minuciosamente redactado:»Así, no ¡rectificación ya!» Un signo tan irrelevante (con perdón) como una «coma»(,) desvelaba el significado real de esta huelga general engañosa y algo torticera. Quizás por eso la frase final de Ernesto Pérez Zúñiga «Hoy vi gritar a quien ayer extenderá la mano», me parece un resumen perfecto de lo que ocurrió el pasado 29-S.

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