I got life

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No tengo coche, no tengo casa, no tengo marido, no tengo hijos, no tengo trabajo, no tengo paro aunque pocas paro... Entonces, qué tengo, qué tienes tú, qué nos queda a algunos todavía entre sueños. 

 

No tengo coche, no tengo casa, no tengo marido, no tengo hijos, no tengo trabajo, no tengo paro aunque pocas paro… Entonces, qué tengo, qué tienes tú, qué nos queda a algunos todavía entre sueños. 

 

Acantilados de Tenerife, diciembre 2010.


Mientras haya vida, mientras haya salud, muchos libros y hasta un poco de filosofía barata para regalar entre palabras alocadas. Mientras haya unos cuantos amigos a los que abrazar, una familia a la que besar y todo un mundo por recorrer y fotografiar en la memoria de unos ojos que no se cansan de sorprenderse y de admirar la belleza que aún sigue viva. En esta balanza que es la vida, en este péndulo gigante que nos sostiene mientras haya vida, en ese péndulo que se dirige hacia un lado y hacia a otro, sin cesiones y concesiones, especialmente, en los momentos de vacas flacas, no existen un ‘qué será de mí’, sino un ‘qué será de ti, mundo’, que rueda y rueda descompasado y sigue rodando hacia sí mismo entre bucles retorcidos provocados por el egoísmo humano, unas veces, y por la fuerza imprevisible de la naturaleza, otras.

 

Hoy, sin embargo, mientras haya vida, no me hables de paro, no me hables de desigualdad, no me hables más de engaños, si aún tienes vida, aún quedan fuerzas para seguir, aún queda algo de libertad para masticar, aún quedan garras para luchar y muchas sonrisas que contagiar. Y ahora sí, Nina Simone, gracias por tu música, gracias por ese I got life. Señorita Claudia Silva, una brasileña austinita, gracias por descubrírmela.

 


Fátima Margu nace en la antigua Emérita Augusta (Mérida, Extremadura) un caluroso verano de 1981. Ha trabajado como profesora de Universidad, periodista e investigadora. Aficionada a Internet y eterna alumna con una única vocación: cuestionarse qué está pasando para procurar llegar a la Verdad de las cosas. Alma viajera, siempre con la intención de hacer extraordinario aquello que para muchos pasaría desapercibido porque no se pararon a observar la belleza o el trasfondo que una instantánea puede condensar.