Igual-arte en el cine español

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Treinta años han hecho falta para que caiga la manzana de la conciencia de la desigualdad, encima de las cabezas de muchas mujeres del arte  y la cultura.

 

En los ochenta les dijeron que eran iguales. Quien vale, vale, (nena). Hoy sienten que se asfixian en unos porcentajes de participación y decisión en la vida cultural y artística que nunca superan el 20 %.

 

¿Están los varones más preparados para el arte y la cultura? ¿El talento se manifiesta en una intensidad casi exclusiva bajo el cromosoma y? Hace pocos días un famoso director calificaba el cine como “una amante carísima”. Llamativa metáfora.

 

Amelia Valcárcel, en un conferencia que recomiendo, ironizaba sobre la concepción de la desigualdad de las mujeres como un conflicto geológico y no sociológico. Cuantas veces hay que escuchar, normalmente a los sujetos que se encuentran en posiciones de poder o privilegio decir: “bueno, es cuestión de tiempo, no se pueden eliminar siglos de discriminación y desigualdad en un momento”.

 

La historia de  CIMA, Asociación de Mujeres Cineastas y del Audiovisual es una historia ejemplar.  En el año 2006 deciden dejar de hablar de impresiones, —les daba la sensación de que eran pocas y de que tenían serias dificultades para conseguir apoyo  y reconocimiento para sus proyectos—, y se alían con la Universidad Complutense, encargando  un riguroso  estudio sociológico sobre mujeres y hombres en el audiovisual español. Se realizan estadísticas, se analiza el contenido de películas, se entrevista en profundidad a directores y directoras de cine.

 

Las conclusiones fueron contundentes:

 

1. No hay directoras de Cine. Entre 2000 y 2006, de 871 películas, sólo 65, un 7,3 %, han sido dirigidas por mujeres,

 

2. Las que hay están en peligro de extinción. El acceso de mujeres a la dirección de óperas primas ha descendido de un 17,08 % en el periodo  1990-1998, a un 10,04 % en el periodo 2000-2006.

 

3. Si las mujeres no dirigen no son protagonistas: El 79,30 % de los protagonistas de las películas dirigidas por varones son varones

 

¿Qué supone que las mujeres no hagan películas?

 

Pregunta a una niña de tres años: ¿Quién es Minnie?

 

Respuesta: la amiga/novia de Mickey

 

Pregunta: ¿Y quién es Mickey?

 

Respuesta: (con cara de “los mayores no entendéis nada”): Mickey es Mickey!

 

El cine es mucho más que un medio de ocio. Crea mitos y educa emociones. El audiovisual junto con los videojuegos, son potentes vehículos de transmisión de valores. Si las mujeres no están en sus contenidos, no transmiten sus historias, sus valores, no crean sus propias referencias y mitos. Si las mujeres no están, ni siquiera existen dentro de los referentes de la realidad.

 

Desde CIMA, se ha intentado por todos los medios, que se valoren estas cifras como prueba de discriminación estructural y que se articulen medidas para que las mujeres tengan presencia detrás y delante de la cámara. El protagonismo en la ciencia ficción tiene mucho que ver con el protagonismo el la vida. Uno es reflejo del otro y se influyen mutuamente.

 

Con una brecha de desigualdad en el cine español del 80-20%, pequeñas medidas como que  del total de 100 puntos a adjudicar para la concesión de ayudas, se concedan 5 si el proyecto tiene a una mujer como directora, guionista o productora ejecutiva, han sido manipuladas y vendidas a la opinión pública como “las mujeres recibirán más ayudas por el hecho de ser mujeres”.  Curiosa lectura. ¿Por qué nos da tanto miedo el 40-60 %  y no nos asusta un mundo donde el 90 % de un sexo decide los contenidos de un sector con el poder de influencia del audiovisual? Quizá si éste incluyera a las mujeres delante y detrás de la cámara,  no sólo podríamos remover la resistente desigualdad de género y la violencia que genera, sino además y quizá aquí esté la resistencia, cuestionaríamos ciertos valores que hoy se encuentran fuera de debate.

 

La Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, se mostró completamente de acuerdo a esta moderada  medida de acción positiva, otra cosa ha sido, conseguir su aceptación por el Ministerio de Cultura. Algo se ha conseguido; ni mucho menos lo razonable tras más de un año de lucha y tres de investigación. Pero algo es algo. La conclusión es que la aplicación de la Ley de Igualdad se resiste cuando se desciende al terreno de los cambios. Los principios están claros, todos queremos la igualdad, pero aplicarlos es otra historia, sobre todo porque supone remover posiciones de poder, privilegios, y por ello es mejor confiar en la geología y no en la justicia. Habrá que seguir en la lucha, es mucho lo que se juegan, lo que nos jugamos con ellas. Ánimo a todas!.

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Pilar Pardo
Pilar Pardo Rubio. Estudió Derecho en la Carlos III y continuó con la Sociología en la UCM, compaginando en la actualidad su trabajo de asesora jurídica en la Consejería de Educación y la investigación y formación en estudios de Género. Desde el 2006 colabora con el Máster Oficial de Igualdad de Género de la Universidad Complutense de Madrid que dirigen las profesoras Fátima Arranz y Cecilia Castaño. Ha participado en varias investigaciones de género, entre las que destacan la elaboración del Reglamento para la integración de la igualdad de género en el Poder Judicial de República Dominicana (2009), Políticas de Igualdad. Género y Ciencia. Un largo encuentro, publicada por el Instituto de la Mujer (2007), y La igualdad de género en las políticas audiovisuales, dentro del I+D: La Igualdad de Género en la ficción audiovisual: trayectorias y actividad de los/las profesionales de la televisión y el cine español, que ha publicado Cátedra, con el título "Cine y Género". (2009). La publicación ha recibido el Premio Ángeles Durán, por la Universidad Autónoma de Madrid y el Premio Muñoz Suay por la Academia de Cine.   La mirada cotidiana que dirigimos cada día al mundo en que vivimos es ciega a la las desigualdades que, sutiles o explícitas, perpetúan las relaciones entre hombres y mujeres; visibilizar los antiguos y nuevos mecanismos, que siguen haciendo del sexo una cuestión de jerarquía y no de diferencia, es el hilo conductor de "Entre Espejos". En sus líneas, a través del análisis de situaciones y vivencias cotidianas y extraordinarias, se ponen bajo sospecha los mandatos sociales que, directa o indirectamente, siguen subordinando a las mujeres e impidiendo que tomen decisiones, individuales y colectivas, críticas y libres, que siguen autorizando la violencia real y simbólica contra ellas, que siguen excluyendo sus intereses y necesidades de las agendas públicas, que siguen silenciando sus logros pasados y presentes, que, en definitiva, las siguen discriminando por razón de su sexo y hacen nuestra sociedad menos civilizada, a sus habitantes más pobres e infelices, y a nuestros sistemas políticos y sociales menos democráticos y justos.