II Encuentro Internacional de mujeres del Audiovisual. CIMA

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No por mucho repetir que tenemos problemas los problemas se solucionan. Pero no por dejar de hablar de ellos dejan de existir.

 

Las mujeres en España no hacen películas. En 2008 sólo el 7 % de las películas están dirigidas por mujeres. Una década antes eran el 10 %. No hay por tanto esperas salvadoras, generaciones que vengan abriendo brecha. Se cierran las compuertas y si no hacemos palanca entre todas y entre todos, el cine seguirá siendo un arte de  hombres, de varones convencidos que ellos hacen películas para la humanidad, películas universales, mientras la mujeres siguen siendo sospechosas de hacer películas «de mujeres». La mayoría de hombres no teme hablar como hombre. Ni siquiera se lo cuestionan.  Lo que sí se cuestionan es que una mujer hable por ellos. Contará cosas de chicas. Se apresuran a aclarar. Las que yo cuento  interesan a todos (los hombres).

 

Los hombres piensan, dirigen y desean, nosotras somos pesandas, dirigidas y deseadas. Las musas. Todo director que se precie tiene la suya.

 

Llegamos ayer a Santiago y estaremos tres días  intentando hacer palanca.

 

Es un lujo, casi un centenar de profesionales de todos los ámbitos del audivisual europeo, pensando, intercambiando experiencias, debatiendo, haciendo red. Directoras, guionistas, productoras, distribuidoras, actrices, técnicas de sonido, de imagen. Cine y televisión. Ficción y documental.¿De verdad estamos tan al margen?

 

Sí. Parece ser la conclusión que se proyecta desde los primeros turnos de palabra. No participamos detrás de la cámara y por eso no aparacemos delante de ella. Aparecen otras, las que los hombres imaginan, desean o creen que un porcentaje mayoritario de hombres puede desear. Ya es hora de que las mujeres empiecen a decir lo que quieran decir de sí mismas.

 

Las actrices concluían: no hay papeles protagonistas para mujeres mayores de 40 y tampoco productos dirigidos a espectadoras mayores de 40. A ellas no les quedan bien las canas ni las arrugas, como a ellos, casi más atractivos cuanto más maduros. Ellas son flor de un día. Sólo ellos pueden echar raíces. También concluían que cobran menos por el mismo trabajo y que tenían tres opciones frente a la omnipotencia del director y productor: la seducción, hacerse la tonta o rendirse a su talento.

 

Las productoras concluían: el arte audiovisual necesita mucho dinero. El dinero lo tienen los hombres, cuesta acceder a la financiación en igualdad de condiciones para hacer lo que realmente quieres hacer en las pantallas.

 

Las documentalistas concluían: el documental nos da libertad. Una mujer, una cámara y una historia. También se preguntaban ¿Hacemos más documentales por que no nos dan acceso a la ficción?

 

Seguimos, os iré contando, hoy vienen las directoras de cine, esa especie en peligro de extinción, Isabel Coixet, Itziar Bollaín, Agnés Jaoui, Carrie Tarr, Carin Bräck, Bina Daigeler. A ver.

 

 

 

Pilar Pardo Rubio. Estudió Derecho en la Carlos III y continuó con la Sociología en la UCM, compaginando en la actualidad su trabajo de asesora jurídica en la Consejería de Educación y la investigación y formación en estudios de Género. Desde el 2006 colabora con el Máster Oficial de Igualdad de Género de la Universidad Complutense de Madrid que dirigen las profesoras Fátima Arranz y Cecilia Castaño. Ha participado en varias investigaciones de género, entre las que destacan la elaboración del Reglamento para la integración de la igualdad de género en el Poder Judicial de República Dominicana (2009), Políticas de Igualdad. Género y Ciencia. Un largo encuentro, publicada por el Instituto de la Mujer (2007), y La igualdad de género en las políticas audiovisuales, dentro del I+D: La Igualdad de Género en la ficción audiovisual: trayectorias y actividad de los/las profesionales de la televisión y el cine español, que ha publicado Cátedra, con el título "Cine y Género". (2009). La publicación ha recibido el Premio Ángeles Durán, por la Universidad Autónoma de Madrid y el Premio Muñoz Suay por la Academia de Cine.   La mirada cotidiana que dirigimos cada día al mundo en que vivimos es ciega a la las desigualdades que, sutiles o explícitas, perpetúan las relaciones entre hombres y mujeres; visibilizar los antiguos y nuevos mecanismos, que siguen haciendo del sexo una cuestión de jerarquía y no de diferencia, es el hilo conductor de "Entre Espejos". En sus líneas, a través del análisis de situaciones y vivencias cotidianas y extraordinarias, se ponen bajo sospecha los mandatos sociales que, directa o indirectamente, siguen subordinando a las mujeres e impidiendo que tomen decisiones, individuales y colectivas, críticas y libres, que siguen autorizando la violencia real y simbólica contra ellas, que siguen excluyendo sus intereses y necesidades de las agendas públicas, que siguen silenciando sus logros pasados y presentes, que, en definitiva, las siguen discriminando por razón de su sexo y hacen nuestra sociedad menos civilizada, a sus habitantes más pobres e infelices, y a nuestros sistemas políticos y sociales menos democráticos y justos.