«Il pensiero»

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Il Pensiero gravita entre un Marte florido de Velázquez, y un modelo desnudo de Armani. La máquina neumática de su brazo transmite toda la tensión bélica del combate, mientras su barbilla en sombra medita una partida, o esconde una lágrima. Coronado con guirnaldas de flores recuerda a un joven Hércules o al gran Alejandro en el día de sus respectivos esponsales.  

 

Il pensiero nació del ayuntamiento de una página de periódico con el tarjetón de una exposición de flores. Quizás tenga de su padre ese aire cubista y monócromo en el cuerpo y la testa; quizás tenga gracias a la corona cuadrada de flores materna, un cierto aire de personaje de Archimboldo.

 

Tal vez medite Il pensiero en la razón de por qué no acabaron de pintarlo, ni por qué no fue trasplantado al óleo sobre un gran lienzo como estaba previsto. Gran parte de la personalidad pictórica de Faba se basa en el azar con que los temas y los materiales le fueron llegando, así como en el carácter inconcluso de muchas de sus obras. Y no es que se cansara de ellas, sino que en el momento que empezaron a hablar por sí mismas, ya no tuvo nada más que pintarles. Lo principal estaba dicho. Enmudecieron los pinceles.  

 

 

«Il pensiero»

Gabriel Faba. 2009

Acuarela sobre papel grueso tibetano.