Impertinencias de la atmósfera

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Siento mucho llevar la contraria a mi admirado Álex Grijelmo, que tanto sabe de lenguaje periodístico y filología y del que tanto aprendí. Pero en un artículo reciente hablaba de la máxima de relevancia formulada por filósofo de la lengua inglesa Paul Herbert Grice, que viene siendo que todo lo que hablan dos interlocutores ha de ser relevante (...) para la idea que desean transmitir.

 

Siento mucho llevar la contraria a mi admirado Álex Grijelmo, que tanto sabe de lenguaje periodístico y filología y del que tanto aprendí. Pero en un artículo reciente hablaba de la máxima de relevancia formulada por filósofo de la lengua inglesa Paul Herbert Grice, que viene siendo que todo lo que hablan dos interlocutores ha de ser relevante (…) para la idea que desean transmitir. Pues me juego el cuello a que la palabra usada en el inglés original era relevance. Si fuera así, y por lo que Álex explicaba en su texto, es mucho mejor traducir la frase por máxima de pertinencia, porque por ahí iban los tiros. Él mismo explica en el texto el significado de relevante entre paréntesis (adecuado, pertinente), lo que denota que el término ahí no queda muy claro (el primer significado en castellano de relevante es sobresaliente, importante). Es verdad que cada vez se ven más pertinencias avasalladas por relevancias. Se ha puesto de moda. Pero creo que hay que luchar por que el término pertinente no desaparezca: sería un empobrecimiento más. Y podemos también decir concerniente, conexo…Ya tenemos muchas cosas relevantes, no hay que preocuparse: personalidades relevantes, discursos relevantes, acontecimientos relevantes, publicaciones relevantes…etcétera. Que viva la pertinencia (y perdonen la impertinencia).

 

 

He traído de Zahara de los Atunes, donde pasé unos días de sol y chapoteo en el mar en buena compañía, una palabra maravillosa. Bueno, en realidad lo maravilloso no es la palabra, aunque sea encantadora pronunciada a la gaditana, sino el contexto -el concepto, que diría el alcalde de Baralla (Lugo)-. Dentro del mercado están las mercancías en sus puestos; fuera están los vendedores que, para ayudarse, recogen en el campo y venden, según las épocas, espárragos trigueros, tagarninas, caracoles, setas. Mi amiga pregunta por los trigueros y se los encomian: “Zeñora, ehto zon de la ahmóhfera”. Más pureza, más calidad, no se puede pedir. No son cultivados ni criados, son, sencillamente, de la atmósfera.

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.