Indígenas de usar y tirar

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Ya está. Como siempre. Ya sirvieron para lo que tenían que servir. Ahora son molestos. Tanto en Ecuador, como especialmente en Bolivia, los indígenas fueron piezas clave de los procesos de cambio históricos encabezados por Correa y por Evo Morales, respectivamente. Ahora son molestos.

Los Gobiernos de Quito y La Paz le apuestan al desarrollismo puro y duro, a la ficción de que explotando los recursos naturales sin restricciones sus estados tendrán dinero y poder. No les ha servido de nada la lección de Hugo Chávez y el despilfarro del petróleo venezolano y se han dejado seducir por el canto de sirenas del imperio brasileño de Lula, que los empuja a llenar el país de monocultivos intensivos, a buscar el gas o el petróleo que esconde la tierra de los ancestros, a cruzar sus países de carreteras devastadoras que recorrerán camiones con placa extranjera y con la explotación de siempre.

Por eso, en la reciente cumbre del ALBA, esa que no cubren los periódicos «serios» (entretenidos en la muy «seria» reunión del G-20), Correa y Morales advirtieron que contarán con los indígenas siempre que no molesten al «desarrollo» o que atenten contra «los intereses nacionales», dos de los conceptos mágicos que justifican todas las tropleías del momento.

Álvaro García Linera, el vicepresidente de Bolivia, un intelectual marxista, lo dijo hace 15 días: que eso del medio ambiente es cosa de ONG extranjeras, que Bolivia tiene derecho a explotar sus recursos. Un argumento soberanista falaz que pone en riesgo el proceso de recuperación de la dignidad y la identidad que se intenta en Bolivia.

El «desarrollismo» acerca a izquierdas y derechas, arrebatadas ahora en toda Latinoamérica por abrir hidroeléctricas, minas de oro y cobre y megaplantaciones de soja o de maiz (pero no para alimentar humanos sino puercos de la China o vacas de Europa) que explotan multinacionales de Canadá, Estados Unidos, Europa, China o Corea del Sur y que dejarán lo que siempre han dejado: un rastro de pobreza y destrucción de magnitudes incalculables.

Los indígenas ahora son molestos. Ahora que exigen respeto a sus territorios ancestrales, a sus modos de vida precapitalistas, a sus mecanismos de poder comunitarios… Indígenas de usar y tirar incluso para algunos líderes que son lo que son gracias a los pueblos originarios.

Me perdí en Otramérica, esa que no es Iberoamérica, ni Latinoamérica, ni Indoamérica, ni Abya Yala... y que es todas esas al tiempo. Hace ya 13 años que me enredé en este laberinto donde aprendí de la guerra en Colombia, de sus tercas secuelas en Nicaragua, de la riqueza indígena en Bolivia o Ecuador, del universo concentrado de Brasil o de la huella de las colonizaciones en Panamá, donde vivo ahora. Soy periodista y en el DNI dice que nací en Murcia en 1971. Ahora, unos añitos después, ejerzo el periodismo de forma independiente (porque no como de él), asesoro a periódicos de varios países de la región (porque me dan de comer) y colaboro con comunidades campesinas e indígenas en la resistencia a los megaproyectos económicos (porque no me como el cuento del desarrollismo). Este blog tratará de acercar esta Otramérica combatiendo con palabras mi propio eurocentrismo y los tópicos que alimentan los imaginarios.