Indio sin tierra no es indio

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Óscar Pisso tiene ese plante digno y orgulloso de los líderes indígenas, un porte que lo delata antes incluso que su bastón, el símbolo por antonomasia del liderazgo indígena. Llega a Puerto Gaitán para representar los intereses del pueblo nasa que habita en el Putumayo, en la Amazonia colombiana. Comparte con los uwa del Arauca y los sikuani del Meta la reticencia ante el avance de los proyectos petroleros y mineros, y llega a Los Llanos, tras recorrer en autobús la mitad del país, con la esperanza de articular su lucha junto con otros pueblos y organizaciones. El primer día parece bastante escéptico; un par de jornadas más tarde, una sonrisa se insinúa en su rostro. Parece haber conseguido lo que vino a hacer aquí.

 

Óscar nos explica que los nasa son originarios de la Amazonia, aunque después fueron desplazándose hacia otras regiones, sobre todo el Cauca, al Suroccidente del país. Él representa a las más de 600 personas que habitan el resguardo indígena de Puerto Guzmán. En su región, cuenta Óscar, su pueblo está completamente rodeado por emprendimientos mineros y petroleros, desde que las multinacionales llegaron, hace unos treinta años, y dejaron a su paso, según narra Óscar, aguas contaminadas, descomposición social y aumento de la violencia.

 

Los emprendimientos petroleros no son la única preocupación del pueblo nasa. El problema es territorial, explica Óscar. “¿Después hablan de calentamiento global?”, lamenta. Y recuerda algo que escucharemos muchas veces a lo largo de nuestro trayecto: si alguien ha demostrado que sabe cuidar de la tierra, son los pueblos indígenas de la América Latina. Eso sí: no tienen títulos de propiedad. Y, aunque desde la Constitución de 1991 el Estado colombiano reconoce sus derechos ancestrales, y contempla la figura de las reservas indígenas, en este país, uno de los más ricos y biodiversos del planeta, lo que falta es tierra, seguramente por lo mal distribuida que está: el índice Gini de concentración de la propiedad de la tierra ronda el 0,88, uno de los más altos de todo el continente.

 

“Dicen que estamos contra el desarrollo”, cuenta Óscar, y se defiende: en Putumayo tenían autonomía alimentaria, sembraban arroz, maíz, yuca. Todos estos cultivos están en declive desde que, hace unos años, comenzaron las fumigaciones de glifosato desde el aire para acabar con los cultivos de coca. “Menos con la coca, las fumigaciones acaban con todo”, lamenta el líder nasa. Y eso también lo escucharemos repetidas veces a lo largo de nuestro viaje.

 

Óscar describe una realidad ardua; un pueblo asediado por empresas que no cumplen lo que prometen, por un Gobierno que “amenaza, estigmatiza y nos quiere invisibilizar” y una guerrilla que no se comporta de modo muy diferente: “La ideología no se les ve por ninguna parte”, lamenta. Por eso están articulando su lucha para resisitr y defender el territorio, y por eso encontramos a Óscar en Puerto Gaitán: “La situación es brava; si no nos movemos, vamos a terminar desapareciendo”. Porque, como dicen ellos, “indio sin tierra no es indio”…

 

A menudo, los indígenas reciben con notoria reticencia a una mujer blanca y europea. Coincidimos ya en el autobús de Bogotá a Puerto Gaitán y acampamos en la misma escuela; allí dormiremos, en tiendas de campaña, y allí nos darán de comer un rancho a base de sancocho, arroz, agua panela y otras delicias colombinas. Tras unas horas de conversación y convivencia, se lo ve mucho más relajado; a mí también. El desconocimiento es mutuo, pero se vence con facilidad cuando se tiene la predisposición de ver lo común por encima de las diferencias. Y Óscar ha comprendido que, también para mí, la Pachamama no sabe de fronteras, y la humanidad las atraviesa todas.

 

* Fotografía de Jheisson A. López

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.

1 COMENTARIO

  1. Así es. Una frase aplicable a
    Así es. Una frase aplicable a todos los pueblos originarios, que tienen una relación con el territorio que va mucho más allá de la simple explotación económica: el territorio es la casa de los ancestros, el sitio donde están enterrados los muertos, el lugar dónde se pone nombre a una cultura con el mismo nombre de los cerros, las quebradas, las montañas. La máxima, que es un axioma de la sociología latinoamericana, es de José Carlos Mariátegui en sus «Siete ensayos de interpretación de la realidad Peruana».

    Muy buena crónica.

    Camilo.

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