‘Infelices’, de Javier Peña: una novela de personajes que podríamos ser cualquiera

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Uno puede pensar que con este título no es la lectura más adecuada para este confinamiento ni para después, al encontrarnos con un panorama, desolador según dicen los expertos, cuando esto termine. Pues quien lo piense que destierre ese pensamiento y no dude en zambullirse en sus historias.

Me alegra ver cómo ciertos oficios que son dependientes, en mayor o menor medida, del contacto con su público, han sabido reaccionar ante una situación que no recogen todos esos manuales adoctrinadores, sobre los caminos que debemos seguir para alcanzar el éxito. Esto no estaba previsto (o no supimos verlo) y todos nos vemos obligados a buscarnos las castañas como buenamente podemos. Los oficios relacionados con la cultura serán, con diferencia, los más afectados. El horizonte es salir vivo y luego ya se verá.

Blackie Books es una editorial independiente, sin los recursos de las grandes editoriales y con una clara apuesta por la literatura de autor, que está aprovechando el distanciamiento para buscar formas alternativas de relacionarse con sus clientes, en vez de echar el cierre y esperar a que pase el chaparrón.

Hace unos días organizó con uno de sus autores más recientes un taller, en directo y gratuito en su cuenta de Instagram, sobre cómo decidir el punto de vista del narrador a la hora de contar una historia, con tal éxito, que semanas después hicieron otro taller sobre la construcción de personajes. Fue en el primero de los talleres donde descubrí a Javier Peña, autor de Infelices, una colección de relatos magistralmente engarzados que forman un todo. La historia de cuatro amigos, tres hombres y una mujer, que comparten aficiones y se hacen llamar el Círculo de Viena, por la admiración que profesan hacia el organismo científico y filosófico que se fundó en esa ciudad para meditar sobre la lógica de la ciencia entre 1921 y 1936. La urdimbre que tejen las vidas de los personajes, es el motor de la trama, cuya verosimilitud se apoya con argucia en la experiencia autobiográfica del autor.

Me resisto a ponerle tanto el nombre de novela como el de colección de relatos porque bebe de ambos sin ser ninguno. Quienes hayan leído alguno de los libros de Raymond Carver encontrarán el aroma de una temática común entre los relatos que los forman, pero no suelen compartir personajes ni mucho menos tramas. Por otro lado, los lectores de novela encontrarán incluso dificultades con el formato del relato, al carecer del espacio suficiente para desarrollar tramas y personajes con el recorrido al que están acostumbrados en la lectura de una novela, aunque cada capítulo de una novela debe tener una entidad propia, debe tener su inicio, su desarrollo y su final. Esto, que podría dejar Infelices en un limbo sin definición, lo ha convertido en un reto y en una novela (si tengo que decantarme por una definición elijo esta) diferente a todas las demás que he leído. Además, Javier Peña consigue mantener el mismo tono en las 53 historias, que ninguno de los personajes se le escape del camino que les ha trazado y obliga al lector a mantener una lectura atenta y participativa, que es una de las premisas fundamentales de la buena literatura. La historia de Infelices no parece avanzar de manera lineal. Uno tiene la sensación de moverse en círculos en torno a un mismo punto, como una centrifugadora que te succiona poco a poco hasta el fondo del embudo. En ocasiones he tenido la agradable sensación de no saber exactamente dónde estaba, como agua que intentase retener entre las manos, pero a medida que me acercaba al final, la neblina se disipaba y aparecían los senderos. El reguero de pistas que Javier deja por las páginas del libro para suscitar sospechas, se resuelve en forma de certezas de una manera natural, sin trucos ni engaños. Terminé de leer Infelices hace solo unos días, pero tengo la sensación de que volveré a encontrarme con él.

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Javier González Pérez
Nacido en Madrid en septiembre de 1962. A mí y a mi entorno, cada vez nos cuesta más definir a qué me dedico. Periodista de carrera durante quince años en la editorial GyJ, guionista de cine y teatro, productor de contenidos audiovisuales para museos y centros de interpretación, community manager en BMG Rights España, gestionando la identidad digital de un puñado de artistas, y músico. Aunque esto último me queda un poco grande; me considero un aficionado, pero, para bien y para mal, llevo veinte años metido de lleno en esta vorágine en donde me conocen más como Estivi. Discos grabados, conciertos, giras, noches… y muchos amigos.

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