Informando a las colonias: Feliz Navidad, Feliz solsticio y Feliz indignación

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Queridos lectores, andamos estos días en tiempos de Navidad y solsticio de invierno, religiosos para unos, paganos para los otros; y uno no sabe bien qué hacer: felicitar a quienes siguen los primeros, por su goce profundo en la mojigatería, o saludar a los segundos por el suyo propio en el consumo. Y aún podría, incluso, indignarme, como hacen terceros, por la banalidad de ambos, regodeándome así en mi banal indignación.

 

No soy yo de los primeros, que quien nació en un pesebre no puede ser adorado entre oros; tampoco de los segundos, que a fuerza de tanto consumir para vivir entre oros nos van dejar este mundo convertido en un pesebre. Confieso que en mi juventud sí pertenecí a los terceros, criticando el goce de los oros, siendo incapaz de vivir en el aburrimiento del pesebre y deleitándome en mi propia verdad intransigente; una verdad más debida a la envidia de quienes no saben gozar que a los que argumentan con sentido crítico.

 

Ahora, en cambio, veo desde lejos a las tres especies que nacen y se extinguen en estas fechas (aunque en verdad no mueren, sino que, como la energía, mudan de causa); y resulta curioso observar la ilógica condición humana, aquella que lleva a los religiosos a indignarse con los paganos; a los paganos con los religiosos; y a los irritados con los dos, levantando en su contra la indignación de ambos.

 

Menos mal que ahí están mis sabios de cabecera, y vuelvo a don Baltasar Gracián, quien me ha hecho comprender que no debo caer en las faltas de ninguno, sino felicitar a los tres, a los que gozan de la Navidad, a los que lo hacen del consumo y a quienes se deleitan en su propia indignación.

 

Bien es cierto que no sé bien en cuál de estas dos verdades suyas encajar mi decisión, si en aquella que reza: Para vivir dejar vivir. No sólo viven los pacíficos, sino reinan. No hay mayor despropósito que tomarlo todo a propósito. O en esa otra que enseña: Antes loco con todos que cuerdo a solas. Para vivir a solas: se ha de tener mucho de Dios o todo de bestia. O aún, en esta segunda que él mismo modera cuando dice: Antes cuerdo con los más que loco a solas, no vaya a ser yo de esos que quieren ser singulares en las quimeras.

 

No veáis en mí, sin embargo, resignación a la Navidad, al paganismo o al indignacionismo; mucho menos, un no querer quitar o dar la razón a unos u otros. Mi razón tengo sobre lo que ocurre en estos tiempos, mas dejad que me explique con otras palabras, las de don Erasmo de Rotterdam para que la podáis comprender: Nada más insensato que una sabiduría a destiempo, ni nada más imprudente que una prudencia fuera de lugar. Obra mal el que no toma las cosas como vienen, el que no baja a andar por la calle, el que no quiere acordarse, al menos, de aquella sabia norma de los banquetes: “O bebes, o te vas”; o el que pretende que la comedia no sea comedia.

 

Así pues, dejadme proponer, tan sólo, que tanto religiosos, como paganos e irritados moderen sus excesos, los unos del rigor del pesebre, los otros del abuso del consumo y los terceros de su indignación, pues en esto también don Baltasar nos aconseja: Nunca apurar, ni el mal ni el bien. El sumo derecho se hace tuerto y la naranja que mucho se estruja llega a dar lo amargo. Aún en la fruición nunca se ha de llegar a los extremos. El mismo ingenio se agota si se apura y sacará sangre por leche el que esquilmare a lo tirano. Y comprended todos, por favor, que los únicos que sufren ciertamente en éstas y en todas las fechas, son los que no tienen libertad, política o económica, para unirse por su voluntad a cualquiera de los anteriores.

 

Sea pues, la moderación también conmigo. Aceptad que hoy os deje descansar de mis Crónicas, pues en la celebración de estos días apenas hay mucha diferencia entre el Imperio y nuestras colonias; si acaso aquí son más los consumistas, menos los religiosos y pocos los indignados; lo cual es un desequilibrio, porque también el sentido crítico tiene su razón de ser.

Y dejad, finalmente, que os desee a todos: Feliz Navidad; Feliz solstiticio y Feliz indignación.

 

 

Vale

Máximo Necio nació en Madrid por accidente, como casi todo en su vida. Estudió humanidades en la Universidad Complutense. Al terminar los estudios buscó la erudición a través de la aventura, sin que hasta el momento haya aprendido más que un par de verdades de andar por casa. Tan escaso conocimiento le permite, sin embargo, cierto filibusterismo cultural y mucha, mucha indignación, aunque es más la de los intransigentes que la de los justos. En corregirlo anda.

1 COMENTARIO

  1. Ah, Máximo, cuánta sabiduría
    Ah, Máximo, cuánta sabiduría en tus palabras, que siempre me dejan un poso de reflexión y también de cierta alegría. Feliz Navidad y espero tu próxima crónica. Qué cuan difícil deben resultar escribir si bien el deleite es grande para los lectores.

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