Informando a las colonias. Mitos y leyendas XXII. Amigos y enemigos. China

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Querida lectora, te imagino informada, como sueles estar gracias a los grandes cronistas modernos y no a mi arcaica pluma, de la reciente visita al Imperio del presidente chino don Hu Jintao e imagino que estarás preguntándote ¿por qué este Necio, que hace tiempo trató el asunto de los amigos y enemigos del Imperio, no habló entonces de su relación con el país más poblado del planeta?

 

Créeme, tu estupefacción es la mía y hasta estaría de acuerdo contigo en que tal lapsus es atribuible a mi natural Necedad sino fuera porque, a decir verdad, en aquella serie yo hablaba de los amigos y enemigos del Imperio y de China no podemos afirmar que sea una cosa ni la contraria. Por tanto, es normal que no te hablara del particular aunque reconozco, por mi parte, cierto fariseismo y cierto sofismo en esta justificación de mi despiste.

 

Que China no sea amiga ni enemiga del Imperio y que yo me despistara debido a la ambigüedad de esa situación no ha de llevarte a la rápida y fácil conclusión de que la relación entre ambos venga a ser lo que, en este idioma nuestro tan gráfico, habitualmente describimos como ni fu ni fa, ni chicha ni limonada, ni frío ni calor.

 

Para que entiendas esa compleja relación entre el Imperio y China, a priori tan extraña, te haré antes dos preguntas: ¿Conoces a alguien que tenga por amigo a un banquero? Seguro que la respuesta es no. Pero y si te pregunto ¿conoces a alguien que tenga por enemigo a un banquero? La respuesta seguramente es que tampoco. (¡Ojo!, querida lectora, que sé cuán larga eres a veces. Digo si conoces a alguien que lo tenga por enemigo no que lo desprecie.)

 

Sí las respuestas a esas dos preguntas son verdad. Aunque probablemente casi todo el mundo quisiera tener por amigo a un banquero, nadie lo tiene. La razón es obvia. Él no se deja. Imaginate, todos los amigos pidiéndole dinero para no devolvérselo, que es lo que sabemos todos que suelen hacer los amigos cuando nos piden dinero. De hecho, por eso nos lo piden a nosotros porque, de lo contrario, si supieran que lo podían devolver, se lo pedirían al banquero.

 

Pero también estaremos de acuerdo en que, aunque probablemente mucha gente los desprecie, tampoco nadie quiere tener a los banqueros por enemigos, no vaya a ser que no te presten el dinero que, justamente, no te van a dejar tus amigos.

 

Pues bien, esa es la relación entre China y el Imperio, la del banquero y el cliente. Pero no vayas a equivocarte pensando que el Imperio en su grandeza es el banquero. No, China es el banquero y Estados Unidos, el cliente. Uno que, además, no hace más que pedir y pedir prestado. Casi un billoncejo de dólares, con b de barbaridad, tiene concedido Pekín a Washington, sobre todo para que el Imperio pueda hacer sus guerras por el mundo.

 

Cómo me recuerda esa situación a cuando nuestra colonia pedía prestado el dinero a los banqueros genoveses para financiar sus guerras como bien atinó a contarnos don Francisco Quevedo: Madre yo al oro me humillo/… Nace en las Indias honrado/ Donde el mundo le acompaña/ Viene a morir en España/ Y es en Génova enterrado/…

 

Claro que el Quevedo de nuestra época es don Pablo Krugman, ese Premio Nobel de Economía que, con mucha menos gracia lírica pero igual descaro, ya ha dejado dicho: China nos vende sus productos envenenados y nosotros le entregamos papeles sin valor.

 

Así es, querida lectora, el Imperio anda imprimiendo papel con tan poco que lo respalde que no se sabe cuánto se mantendrá la farsa.

 

Por tal motivo, hay acalorados debates ahora entre quienes sostienen que Estados Unidos dará a China el relevo del Imperio y quienes afirman que la suerte de los dos está tan unida como dos montañeros encordados en lo más alto de un pico. Si cae el uno, cae la otra.

 

Adivino que querrás saber mi opinión al respecto, mas, eso es conocerme poco a pesar del tiempo que llevamos juntos, pues como bien sabes yo sólo hablo de los hechos del presente y del pasado, no de los futuros posibles. Para tal menester, el de los augurios, ya tienes a esos grandes cronistas modernos. Lo malo es que se han olvidado tanto de los acontecimientos sucedidos que, a veces, parecen verdaderos astrólogos de las relaciones internacionales.

 

Eso sí. De momento, el Imperio sigue siendo el Imperio y, banquero o no, el emperador y sus senadores le han cantado las cuarenta al presidente chino. Que si bájame la moneda que tengo el comercio fatal, que a ver si dejas de ayudar a Corea del Norte, que si cuando vas a cumplir con los derechos humanos, que me pongas a este preso en libertad.

 

Y, de momento, la colonia sigue siendo colonia y, banquero o no, el presidente Hu ha agachado la cabeza, las orejas y el rabo y se ha quedado callidato aunque, eso sí, todos en su pueblo sabían bien lo que pensaba. Y vosotros a ver cuándo dejáis de hacer tantas guerras, a ver cuándo nos vais a devolver el dinero, a ver si cortáis las subvenciones a los agricultores que los demás también tenemos el campo fatal.

 

Esperando haber cubierto tu curiosidad, me despido como siempre, querida lectora, deseandote que durante la semana próxima guardes la salud, el trabajo, las vacaciones, la pensión y los ahorros.

 

Vale

Máximo Necio nació en Madrid por accidente, como casi todo en su vida. Estudió humanidades en la Universidad Complutense. Al terminar los estudios buscó la erudición a través de la aventura, sin que hasta el momento haya aprendido más que un par de verdades de andar por casa. Tan escaso conocimiento le permite, sin embargo, cierto filibusterismo cultural y mucha, mucha indignación, aunque es más la de los intransigentes que la de los justos. En corregirlo anda.

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