Informando a las colonias. Mitos y leyendas XXV. La ONU, la última colonia

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Querida lectora, ayer fue un día triste en nuestra colonia. Lo es cada 11 de marzo desde 2003. Ese día los devaneos de nuestro vasallo con el emperador y nuestro guerrear en lejanas y ajenas tierras nos costaron muchas vidas y un gran sufrimiento en el alma. Un sufrimiento que es mayor porque quienes fueron los responsables políticos de ese guerrear, quienes pusieron en peligro nuestras vidas, trataron después y, más grave aún, tratan todavía por todos los medios (sobre todo los de comunicación) ocultar la verdad. Para ello, no tienen escrúpulos en señalar fantasmas y agitar conspiraciones que recuerdan aquellas otras judeomasónicas de peores tiempos pasados. Como dijo el propio vasallo mucho después de ese día, los últimos responsables, los que pusieron nuestras vidas en peligro, aún no han sido descubiertos. Más de diez millones de personas les siguen votando.

 

Precisamente para acabar con las guerras y todo lo malo que ellas traen, el Imperio, cuando estaba naciendo, creó la ONU. Alumbramiento que hemos de aplaudirle por más que después convirtiera ese sueño de la humanidad en su última colonia. Pero que se le va a hacer, la naturaleza de todo Imperio es dominar como la del escorpión, matar, incluso, cuando pretende dar un abrazo.

 

Sí, querida lectora. En la ONU manda el Imperio y, cuando les deja, cuatro países más. No es metafórico, es literal. Los otros cuatro son Francia, Gran Bretaña, China y Rusia. Porque la ONU es mucho bla, bla, bla pero cuando uno de esos cinco se cansa de la charla dice: A callar. Ahí está mi veto. Y pinta en bastos y a otra cosa.

 

Lo del veto lo dicen porque pueden, porque tienen la bomba atómica que es mucha bomba. Como te conté en otra crónica, fue ella la que parió al Imperio.

 

Pero no hemos de quitarle mérito a la ONU. En su haber tiene varias conquistas. La principal que, de momento, no ha habido tercera guerra mundial, que no es poco. Si para eso se fundaron las Naciones Unidas… Ole, ole y ole. Pero si se fundaron para más cosas, éxitos y fracasos van de la mano. Acabó con la viruela pero la malaria campa por sus respetos. Los judíos tienen su Estado pero los palestinos siguen sin el suyo. Y rebajó la mortalidad infantil en el planeta pero pero aún quedan mil millones de hambrientos que todas las mañanas se levantan mirando a su sede en Nueva York como los musulmanes a la Meca.

 

Una parte de esos logros y fracasos son del Imperio, que anda con ella a tirones, como si fuera el dueño del perro tirando de la correa. Ahora te doy dinero, ahora te corto el grifo. Si haces lo que digo, te pago, sino me cago. (Con perdón, querida lectora).

 

Paradójicamente, porque la vida tiene paradojas, uno de sus mayores logros fue su principal fracaso. Precisamente tiene que ver con el principio de esta crónica y se remonta a cuando el emperador y su par de vasallos fueron a guerrear a Irak. (Lo de fueron, huelga decirlo, es una metáfora. Ellos no fueron, mandaron a otros, que así es muy fácil hacer guerras).

 

En aquel, entonces, la ONU se rebeló. Por una vez no quiso ser colonia. No permitió al Imperio hacer la guerra en su nombre. Ese fue su último gran acto de dignidad, como si supiera que, hiciera lo que hiciera, iba a quedarse para lo que ha quedado. Pa na, que diría un castizo.

 

La culpa no es de ella. La culpa es de todos porque la ONU es como la Hacienda española, la pagamos unos pocos y la disfrutan los ricos. Sí, querida lectora, porque al final, a ti y a mí nos incluyen en la culpa de que la ONU fracase cuando la ONU fracasa por quienes la dirigen, el Imperio y las cuatro grandes colonias antes mencionadas. Mira, por ejemplo, Libia. ¿Por qué se está dejando al dictador armar la que está armando? Porque los rusos y los chinos no quieren ayudar al pueblo a liberarse del dictador.

 

Preguntarás. Y el emperador, ¿qué hace? Y yo te responderé. Y ¿qué va a hacer? ¿No va a ir a una guerra sin mandato de la ONU como hizo su antecesor? No podemos quejarnos de una cosa y de la contraria.

 

De nuevo me dirás. Pero, Máximo, un Imperio que no impera no es Imperio. Bueno, pues quizá tengas razón. Quizá estamos viendo el ocaso del Imperio. O quizá este emperador es pacífico. Cosa que sería de agradecer. Claro que también puede ser un calzonazos. Al fin y al cabo, los emperadores no dejan de ser personas.

 

Sea como fuere, Libia va camino de ser otro fracaso de la ONU, es decir, de todos. Vamos a ser honestos. Tampoco andamos tú y yo manifestándonos para que alguien haga algo.

 

Lo que si te digo es que la ONU anda de capa caída, a lo mejor porque, en efecto, estamos viendo la caída del Imperio. Ni la una ni el otro se han dado cuenta de que, en el mundo, los que mandan hoy en día no son ni los elegidos democráticamente ni quienes están en el poder por la fuerza. Quienes mandan ahora, como ya te conté en una ocasión, son las sociedades anónimas.

 

Por tanto, son los ejecutivos y los expertos en los mercados quienes deberían sentarse en la Asamblea General y en el Consejo de Seguridad. Ya verías que pronto arreglaban el mundo. Imagina, unas negociaciones para el desarme nuclear en el Consejo de Seguridad. Podrían tener el siguiente diálogo.

—Hay que reducir los arsenales de bombas atómicas. ¿Qué hacemos?

—Desmontarlas una a una.

—¡Uh! Qué va. Desmontar las bombas nucleares sale muy caro. Eso aumentaría el déficit y, entonces, se vendría abajo la confianza de los inversores. Ello acabaría con los beneficios, hundiéndonos a todos en una recesión.

—Entonces, lo mejor que podemos hacer es tirarlas por aquí y por allá. Eso sale más barato y para que nadie se queje, el departamento de publicidad y propaganda podría decir que es una nueva campaña mundial de fuegos artificiales patrocinada por la ONU.

—De acuerdo. Brillante idea.

 

Hasta la semana que viene, querida lectora.

 

Vale

Máximo Necio nació en Madrid por accidente, como casi todo en su vida. Estudió humanidades en la Universidad Complutense. Al terminar los estudios buscó la erudición a través de la aventura, sin que hasta el momento haya aprendido más que un par de verdades de andar por casa. Tan escaso conocimiento le permite, sin embargo, cierto filibusterismo cultural y mucha, mucha indignación, aunque es más la de los intransigentes que la de los justos. En corregirlo anda.