Inteligencias automáticas. Google, Twitter, Apple y el elefante

0
607

Un elefante hembra, cuidado por un domador borracho que le daba de comer cigarrillos encendidos, muere, en 1903, electrocutado en la silla eléctrica por considerársele peligroso. El elefante no solo es electrocutado después de haber sido alimentado con zanahorias de cianuro de potasio, sino que el acontecimiento queda registrado en un vídeo documental de Thomas Edison que formaba parte de su campaña de desprestigio dirigida hacia Nikola Tesla y su ‘corriente alternativa’. 

 

Un elefante hembra, cuidado por un domador borracho que le daba de comer cigarrillos encendidos, muere, en 1903, electrocutado en la silla eléctrica por considerársele peligroso. El elefante no solo es electrocutado después de haber sido alimentado con zanahorias de cianuro de potasio, sino que el acontecimiento queda registrado en un vídeo documental de Thomas Edison que formaba parte de su campaña de desprestigio dirigida hacia Nikola Tesla y su corriente alternativa. Testla amenazaba las patentes, el prestigio y la economía de Edison. El vídeo fue visionado por todos los pueblos de Estados Unidos. Edison ya había recomendado esta energía para la ejecución de presos en la silla eléctrica, para que se viera lo peligrosa que era. Unos años más tarde ejecutó al animal. El elefante se llamaba Topsy.


La guerra de las corrientes energéticas es un ejemplo de una característica intelectual muy contemporánea: el salto en el pensamiento de la base humana a la base tecnológica como si se tratara de un metalenguaje acerca del funcionamiento de las cosas en el que lo bueno se reemplaza por lo práctico. El análisis de la situación en ese lenguaje hace abstracción de las consideraciones orgánicas centrándose en lo mecánico. En este ejemplo se extrae la cuestión sobre si el elefante debe o no morir de esa manera, por no decir de los presos. La corriente alternativa de Testla en su primera ejecución humana no mató al individuo en el primer intento. Destrozado pero vivo, hubo que repetirlo.

 

Esta abstracción no significa, por supuesto, reducción. Sin embargo conviene tener en cuenta que es una opción arbitraria y potencialmente tan útil como destructiva de cara a todo tipo de conocimiento o praxis. En este sentido la esencia del pensamiento acerca de lo automático, como herramienta, es mantenerse en el terreno moral de la neutralidad. Sirve o no sirve, ni condena ni aplauso.

 

Topsy, muerto el elefante se acabó la rabia, hace referencia en la actualidad a una empresa de análisis de contenido de los medios sociales conocida desde principios de este mes por haber sido vendida a Apple a razón de 200 millones de dólares. La manzana gigante ha comprado con esta empresa la capacidad de recoger información acerca de cualquier tema que haya sido publicado en el entorno virtual Twitter, analizar el contenido que ha causado más impacto y predecir la acogida de futuros acontecimientos como lanzamiento de productos nuevos.

 

Para ser exactos: Topsy puede recoger todo lo escrito y firmado por cada usuario de forma pública. Todos los que alguna vez lo han hecho, todos los que ahora lo hacen y todos los que lo harán (mientras la máquina funcione, esto que no se olvide).

 

Con toda esta información determina la probabilidad según la cual el cliente que se lo pida cuando diga algo en Twitter este será escuchado o no, también ordena y presenta los usuarios que más influencia tienen sobre otros según el tema y elabora listas de tweets negativos y positivos acerca de cualquier tipo de información. Su página reza: “Topsy Pro Analytics: Find the insight that matters”. Encuentra la idea, la visión, que realmente importa.

 

El ojo está ahí deslumbrado por gráficas, agasajado con un camino llano y sencillo que le diga por donde seguir mirando. ¿Reconfortante o incómodo en un medio masivo de información?

 

Importancia es un término equívoco. Según el diccionario de la RAE significa tanto lo que es conveniente como lo que es interesante, o como aquello que tiene mucha entidad o mucha consecuencia. Interesante significa significativo, con significado. Con mucha consecuencia significa con mucho potencial. Por último, la acepción que lo define como conveniente engarza de forma quizás un poco implícita con el plano de la moral.

 

Con Electrocuting an Elephant, Edison utilizó la manipulación emocional, con poco éxito, para conseguir sus objetivos. El Topsy que acaba de comprar Apple utiliza la apariencia democratizadora de los medios virtuales para disimular un estudio de mercado. La visión que ambos proyectos realizados ofrecen se quiere transmitir en el plano del metalenguaje de lo mecánico: lo que importa son las futuras aplicaciones del mensaje, no el significado. Porque en el significado está la ética. Sin embargo la efectividad de la transmisión depende de la llamada a lo orgánico.

 

El estudio de mercado dirigirá respuestas consecuentes en esas mismas redes sociales, en base conclusiones estadísticas, analizará el comportamiento individual no premeditado y lo convertirá en un eslabón de una cadena de automatismos con productividad informativa sobrepuesta a la que el individuo ha querido proporcionar. Es el convertir al individuo en medio y no en fin en sí mismo. Convertir al elefante en espectáculo, transformar la intencionalidad del propio protagonista de los hechos en otra que lo convierte en un objeto pasivo.

 

Es entonces cuando la abstracción de lo orgánico, lo vivo, lo cuestionable, se convierte en una quimera maliciosa que nunca se llega a realizar sino es en el plano de una apariencia acartonada que no puede ni siquiera darse credibilidad a sí misma.

 

Cuanto más se aproxima a lo que el ser humano considera cercano a él menos puede separar el objeto de lo automático de la organicidad que le corresponde. No hay un solo discurso en torno a los resultados analizados de las redes sociales que responda a un proceso automático de recolección y procesamiento. Los datos vienen interpretados antes de nacer, en el vientre cultural. El contenido es una bomba de sentimentalismo, moralidad y pasión. Y política. ¿Cuándo ha sido la política cristalina en su objetividad?

 

Tanto Apple como Google tuvieron que rendirse ante Facebook y Twitter. Ni Apple con Ping ni Google con Google+ han sido capaces ni siquiera de imitar el éxito de las redes sociales que no son un agregado de otra aplicación sino que son una entidad autosuficiente.

 

Lo que ha ocurrido con Apple y Topsy ha tenido diferentes interpretaciones. Según el periódico La Vanguardia (3 de diciembre 2013) dicen que hay expertos de la industria que achacan la compra a una competencia feroz con Samsung y que Apple compra pequeñas empresas constantemente para incrementar su superioridad tecnológica. Según el New York Times (2 de diciembre 2013) puede deberse a que Topsy ayudó al lanzamiento de I-phone 4s aunque Ross Rubin, analista independiente para Reticle Research, supone que Apple quiere captar las tendencias populares para sus recomendaciones de aplicaciones, música o incluso vídeos para un futuro canal de televisión. Rob Bailey, jefe ejecutivo de DataSift, uno de los competidores de Topsy, opina que Apple busca la lograda capacidad de Topsy de almacenar y convertir en productiva la ingente y desordenada masa de información que se genera en Twitter para poder utilizarlo en su programa Siri y mejorar sus capacidades.

 

Apple y Topsy guardan el secreto. La especulación de esta compra millonaria ha dado de comer a la literatura periodística un generoso tentempié que casi es un brunch. Sin embargo no llega a lo que Woody Allen consideraba de Dostoievsky: primer plato, segundo y un buen postre. Aún más sigilosamente llegó la noticia de una nueva patente de un ingeniero de Google que pretende cambiar de forma sustancia la capacidad de interacción de los usuarios en las redes sociales. Se tienen estos datos como agregados anecdóticos de la vida cotidiana. Como el café o el tabaco, el alcohol, lo inevitable, algo por lo que quizá luego arrepentirse pero automático. Pequeños pasos inevitables que comienzan como un virus y terminan como la salud humana: se transforman en el cuerpo cultural.

 

Sin embargo Asish Bhatia, el ingeniero dueño de la nueva patente de Google, ha creado un sistema de generación automática de sugestiones. Google pretende que la información que recibe cada usuario venga de antemano analizada por la historia del comportamiento de ese usuario en la red (en toda la red) y venga acompañada de posibles interacciones de este usuario con esta nueva información (tanto un me gusta o compartir como respuestas en formato textual cargadas de contenido también informativo). Según Bhatia es en bien de los usuarios que desbordados por el contenido invasivo cibernético verían así una solución a lo inabarcable: como la guillotina sería rápido, efectivo y fácil.

 

Ninguna publicación acerca de la noticia de la nueva patente, ni siquiera la declaración de Bhatia, se escapa del plano moral. Es fácil de imaginar un entorno gráfico que acompañe los datos importados con respuestas automáticas personalizadas como un paso lógico del desarrollo que se ha ido observando de la web 2.0. También era fácil imaginar que fuera Google el primero en hacerlo. Era su única salida a su derrota, convertir la misma entidad y esencia de Google en algo más productivo que la entidad y esencia de las redes sociales autosuficientes. Google y Twitter comparten la misma apariencia democrática y las dos han ido mostrando su escala jerárquica de poder de los usuarios de forma sibilina. Ni Twitter revela cómo elige los Trending Topics ni Google revela la última clave del posicionamiento en su motor de búsqueda. Sin embargo lo que es difícil de ver es cómo este nuevo paso se puede considerar beneficioso para los usuarios.

 

Los seres humanos funcionan por focos de atención que van cambiando a lo largo del tiempo. Cualquiera puede convertirse en uno al igual que dejar de serlo. Es el paso inevitable de la historia y en él hay un elemento de imprevisibilidad que aumenta o disminuye de forma inversamente proporcional a la capacidad de convertir lo orgánico en una máquina de inteligencia mecánica. La única forma de ejercer algún tipo de control sobre los centros de atención es convertir a todos los posibles en un número de clasificación y almacenar sus datos. Así quizá puede en parte predecirlo, sugerirlo, o incluso una vez que empiece a ser un foco de atención destruirlo con datos anteriores o potenciarlo. Se interrumpe la democracia de lo imprevisible y se convierte al sujeto en objeto. Entonces se posee una máquina potencial de destrucción, daño y esclavitud que disfrazado de centro de ocio que engancha como una droga más alcanza consecuencias sociales que bien pensadas son difíciles de justificar.

 

En 1984 Orwell comete el error literario de simplificar el planteamiento quedando a la altura de un cuento infantilizado que se ha quedado en lo ficticio, cosa que no ocurrió con Rebelión en la granja. El Gran Hermano no iba a ser tan obvio, pues entonces hubiera ocurrido como con la propaganda de cualquier tipo de dictadura: hubiera sido grotesco hasta la caricatura y se hubiera impuesto la acción inmediata en contra provocando la pérdida del gran ojo. A George le faltaba imaginación. De una forma llena de subterfugios se ha impuesto el ojo que observa todo como Sauron: sin párpados. Los individuos se dejan observar, de hecho ponen todo tipo de facilidades, escriben, escriben y escriben, gustando cada vez más de formas automáticas de expresión: la foto con comentarios escritos, el retwiteo, el botón de compartir de Facebook. Datos que por la cantidad que son y porque nadie en principio se considera tan relevante, dan la impresión de pasar desapercibidos. Pero como dicen en la película de Fincher, The social network internet no se escribe con lápiz, se escribe con tinta.

 

El cielo va a caer sobre nuestras cabezas. No ha caído ya porque afortunadamente los nuevos autores han retomado las obras de arte que configuraron las aventuras de Asterix y Obelix de la mano de los maestros Uderzo y Goscinny. Guiños aparte, la nueva herramienta de Google va a generar en el comportamiento en la red de cada individuo la costumbre del automatismo. La cantidad de respuestas se multiplicara hasta lo inimaginable dando la sensación de ser una montaña de aire volátil. Pero la información va a estar ahí, como se está demostrando con esta nueva patente, por mucho la cantidad de información crezca volverá a frabricarse una herramienza de almacenamiento, búsqueda y análisis cada vez más potente.

 

Si bien parece que es sencillo deshacer acciones de me gusta, quitar una publicación, borrar un tweet o todo un perfil, lo cierto es que el mecanismo de eliminación, al contrario que para la creación de contenido no es tan sencillo. Un usuario elimina un tweet o un blog o una página y tiene que asegurarse de que el servidor donde se almacenaba esté configurado correctamente y además tiene que esperar el tiempo necesario para que Google actualice toda la información de la red, actualización que es periódica pero no inmediata. De forma contraria en la indexación de contenido de Google seguirá apareciendo ese tipo de información que el usuario cree que ya ha eliminado. Incluso aunque todo esto ocurra, no es que la información desaparezca, el caso es que ya es invisible en la red, pero en los archivos de los servidores lo único que ha ocurrido es que se ha desactivado la casilla de visibilidad. No ha desaparecido la información: ha sido ocultada para usuario normal. Todo lo demás está registrado en el código y se borra a mano en materia de código, cosa que a no ser que responda a los intereses de las empresas que distribuyen esos servidores, no va a ocurrir.

 

Como los hombres grises de Ende pero en vez de tiempo lo que damos todos es intimidad, pasado, historia. La damos pensando que nos la están guardando y otros se alimentan de ella Pero el antiguo diario en un cuaderno o el álbum de fotos era algo tangible. Algo que Beppo el barrendero hubiera podido reconocer. La intimidad almacenada en la red estará ahí cuando menos la necesitemos y ya no es nuestra. Acabaremos comiendo comida intelectual de cartón, nos conoceremos cada vez más por los cotilleos, por la derivación lógica de nuestra historia narrada en tercera persona. Y siempre echaremos de menos algo, como la plenitud feliz de la quietud de la sobriedad o los pulmones limpios. En este caso, el momento en el que ser humano podía ser en cada instante una persona completamente diferente.

 

Desde la licenciatura de Filosofía y el Máster en Lógica y Filosofía de la Ciencia, escribe e investiga sobre la ciencia, la ficción, el lenguaje y sus consecuencias. Escribe, da clases, edita libros, juega con el piano, el violín y la armónica y toma todos los días té con una onza de chocolate. Navegante del océano de la divulgación científica desde lo que nos atraviesa como personas. -Nací como de la obsesión por el infinito y mi sueño es tocarlo desde todos los puntos posibles-