Irene soñándose

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Uno no puede evitar pensar que ha de haber algo distinto en alguien que se pasa al otro lado, igual que Darth Vader. De los pasillos y la tribuna de prensa al escaño hay una fascinación de Antoinette...

 

Irene Lozano es periodista, columnista y escritora. “Ensayista” también pone en su cuenta de Twitter, a lo que añade “Animal racional. Ecuánime, pero no neutral. Comprometida, no sectaria…”. Cualquiera diría que tantas especificaciones son para tener siempre a punto una salida. Uno no puede evitar pensar que ha de haber algo distinto en alguien que se pasa al otro lado, igual que Darth Vader. De los pasillos y la tribuna de prensa al escaño hay una fascinación de Antoinette, la hija adolescente de los Kampf, por ‘El baile’ de otra Irene, Nemirovsky.

 

A Sosa Wagner lo fulminó de modo tan expeditivo y cruel como Vader a aquel comandante asfixiado porque su “carencia de fe” le resultaba molesta. Tantos años viendo los toros desde la barrera, incluso desde la arena, imagina uno que deben de haber convertido a Irene en política (una mutación extraña) conocedora de todos los rincones de Notre Dame como si fuera el jorobado, nacido entre sótanos y gárgolas.

 

De alguien que ha pasado del periodismo a la política con tanta oportunidad, y de ahí a ejercer públicamente el maquiavelismo uno ya no puede esperar más que eso. Albert Rivera es ahora para ella “un tipo sensato y responsable”, una frase y una idea birladas al mismo Sosa sin reparos.

 

En los últimos tiempos ha habido un muerto que se venía anunciando, ese UPyD como el Christopher Moltisanti de Los Soprano a lomos de su caballo; y al final ha llegado Irene, como Tony, para asfixiarle aprovechando la coyuntura del accidente. Irene quiere quedarse con el muerto (casi con Los muertos de Joyce de tanto lirismo), como si nadie la hubiera visto tapándole la nariz en la oscuridad de una cuneta.

 

En realidad el espectáculo es tan revelador como verla retratada en El País sentada en calcetines, ¡y qué calcetines! con los pies en la silla y ¡unas Crocs! esperándoles en el suelo. Toda una artista en su camerino. El pobre Sosa (el mismo que salía oculto tras Rosa Bernhardt en la foto de su propia candidatura), dice que no la votaría para dirigir nada, pero puede que ella no quiera dirigir nada, quizá sólo levantar los brazos en lugar de su antigua mentora y hoy rival (Antoinette soñándose vestida de brocados en el baile), luego de que caiga el telón.