Jazz ante todo

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THE JUMP! WTF EXPERIENCE (2015) – TRAILER from Amadeus Entertainment on Vimeo.

Hace dos semanas terminó JazzMadrid20, el festival internacional de jazz de Madrid, que se salvó gracias a una programación más nacional que internacional. Gracias al talento de los músicos de aquí, o a los extranjeros residentes en España. Un festival que da buena cuenta del estado del jazz, y sus ramificaciones, en España. Porque el jazz sigue muy vivo gracias a esas nuevas generaciones de músicos. Hoy os hablamos de dos documentales que lo atesoran, y que dibujan la historia del jazz en Madrid y Barcelona, respectivamente.

La pasión, el romanticismo son ingredientes fundamentales que mueven proyectos audiovisuales, muchas veces posibles gracias al crowfunding, y también al pequeño empresario que abre una sala de jazz, y sobrevive como puede, rentabilizándola como discoteca o diversificando su oferta. Ese paralelismo entre pasión (como romaticismo) y fascinación se refleja perfectamente en los dos documentales que protagonizan este artículo, Sólo en un día. Una road trip improvisada siguiendo los pasos del jazz en Madrid (2016) de José Luis Noriega y Rafael Álvarez Espejo, y The Jump. WTF experience. El pasado y el presente de los músicos de jazz underground en Barcelona (2014) de Carmé Puche. Y es que ambos documentales muestran la magia y la historia del jazz en ambas ciudades: algo único, singular y por ello relevante.

De izquierda a derecha, Rafael Álvarez Espejo y José Luis Noriega.

MADRID

“Excepto por los libros del periodista Chema García Martínez, o del académico Iván Iglesias (que tiene uno sobre el jazz durante el franquismo), hay poquísima historiografía sobre esta música en España y Madrid. Una historia interesantísima, sobre todo en los sesenta con la influencia cultural de las bases norteamericanas y la incipiente escena en torno al Whisky Jazz, con Jean Pierre Bourbon y Cifu. Además el jazz del siglo XXI en Madrid es algo único. Lo que se hacía aquí tenía una personalidad propia como consecuencia de la fusión con el flamenco y el latin”, nos comenta José Luis Noriega uno de los dos codirectores de “Sólo en un día”. “Nuestro punto de partida fue que había clubes de jazz en Madrid, y no había solo uno, había unos cuantos. Teniendo en cuenta que el jazz no es música española y la historia tan peculiar de nuestro país, que, a diferencia de otros, tuvo una dictadura que lo mantuvo aislado durante mucho tiempo, surge la pregunta inevitable, y de ¿dónde salió todo esto?” explica Rafael Álvarez Espejo, el otro codirector.

Todo esto tiene mucho de elogio y también de milagro. “El jazz prendió fuego en Madrid con muy poquito. Sin embargo, a mi entender, tiene ciertos paralelismos con la historia del jazz en Estados Unidos. La lucha de una música que surge casi en la clandestinidad, lucha por ser reconocida y que termina por lograrlo. Los clubes son una pieza fundamental, pero lo que más mérito tiene son los propios músicos. Pioneros como Pedro Iturralde, que fue un pilar fundamental para todo de lo que disfrutamos hoy, o más tarde Jorge Pardo, rompieron las reglas, hicieron algo que no se había hecho hasta entonces. Sin apenas formación específica y agarrándose a los poquitos músicos americanos que pasaban por aquí, fueron capaces de captar una esencia que sigue muy viva” nos cuenta Álvarez.

Los directores del documental con Juan Ruiz, dueño de El Despertar.

Dick Angstadt, el que fuera dueño del Bogui Jazz, con los directores de Solo en un día.

La cultura alimenta la vida, lo sabemos tras haber superado un confinamiento gracias a múltiples productos culturales. “Los clubes de jazz son auténticas joyas que hay por la ciudad, que siempre son muy interesantes de descubrir. Queda claro que es muy difícil atraer con el jazz por sí solo y de ahí que hayan salido fórmulas mixtas. La situación de los clubes no es nada fácil y sin embargo la aportación que hacen a la cultura es enorme” apunta Álvarez. La cultura, la gran olvidada siempre en los Presupuestos Generales del Estado o cuando hay que salvar al sector tras una crisis como ésta que estamos viviendo. “En España en general la música está poco valorada. Ni se estudia en los colegios, ni se promociona por parte de las instituciones. Cualquier país serio de Europa nos da mil vueltas en esto. La cultura hay que protegerla, pero en España no se protege. El trato que ha recibido durante la Covid el sector de la música en directo creo que es un ejemplo de ello” remarca Noriega.

Además tenemos siempre ese complejo de inferioridad frente a lo foráneo, a lo que viene de fuera, cuando lo que tenemos es riquísimo. “¿Por qué en España no se valora más el flamenco? Creo que primero tenemos que aprender a valorar bien lo nuestro. Desde la llegada del primer jazzman importante a nuestro país, Lionel Hampton, el jazz en España ya tiene una historia de más de sesenta años y lo interesante es que esta música, que entonces era una música extranjera, hoy día ya no lo es. España, y en nuestro caso Madrid, ya tiene su propia manera de hacer jazz. Así que tenemos que aprender a valorar más lo nuestro, el flamenco, y también lo que hemos hecho con el jazz, en la transformación que ha tenido en este rinconcito del mundo” apunta certeramente Álvarez. Cuando esta pandemia sea historia “espero que la gente valore más la música en directo después de pasar tanto tiempo sin poder disfrutarla. Y que vayan a las salas. Los músicos y los clubes que lo están pasando bastante mal han recibido una enseñanza a golpes. Espero que no se desanimen y que la escena vuelva con fuerza. La música improvisada seguirá transformándose y evolucionando. Quizá lo único positivo de algo tan traumático es que se estén creando nuevas músicas”, señala Noriega.

Carmé Puche.

De izquierda a derecha, Pere Ferre y Wally Besser.

BARCELONA

Sobre los orígenes del jazz en Barcelona, y más concretamente sobre las What The Fuck! (WTF) Sessions de los lunes en la sala Jamboree versa el documental  The Jump. WTF experience dirigido por Carmé Puche. Las WTF sessions se realizaron entre 2001 y 2017. Las organizaba y dirigía Aurelio Santos, un promotor, dj y melómano empedernido con un gusto exquisito y una capacidad especial para ejercer de presentador, MC, beat box y para combinar tanto talento musical. Las WTF sessions son historia pura de la música en vivo. “Para mi eran una alucinación, una mezcla, eran ensayo y error, un vivero de talentos que se unían y creaban nuevos talentos, una olla a presión que explotaba en ritmos, melodías y palabras, un escape, un oasis, un lujo espectacular” nos explica Puche.

“The Jump es un documental impulsivo. No hubo reflexión previa. El día que bajé las escaleras del Jamboree y me quedé cinco horas apoyada en uno de sus muros, sin poder ni hablar, ese día nació el documental. Eso tenía que ser grabado y punto, no había más intenciones. Llegué a las WTF por mi pareja, Jordi Rabascall, que es cantante, y me dijo que ese era el sitio más bestia que había conocido jamás. Y tenía razón”, prosigue Puche. Y es que quién estuvo en las WTF lo sabe, y repetía. Eran algo único. Una mezcla increíble del talento que respiraba Barcelona: muchos músicos que estaban de paso, iban y tocaban. Había una atracción, un poder especial.

Llibert Fortuny.

Anonimo.

Simonal Bie.

El espíritu del 15M está presente en el largometraje. Y también una presentación de hechos objetivos en forma de titulares llamativos y significativos de distintos medios de comunicación, de distintos signos políticos. Porque la música también es política. “Todo es política. Como mujer, mi cuerpo es política; como cineasta, mis imágenes son política. Cuando Aurelio habla en las WTF sobre la precariedad de la escena musical, para mi es política. Cuando un músico decide rechazar un bolo que necesita porque es precario, o cuando el MC Anonimo nos avisa de que “entrada o salida, toda es la misma puerta”, para mi es política sin duda. Pero yo creo que la política es un estado de conversación constante entre lo que somos como individuos, y lo que queremos que pase en la sociedad como conjunto de individuos, lo cual significa, que siempre estamos hablando, en todo somos responsables del mundo que construimos” explica Puche.

En el momento del rodaje “solo pensaba en captar esa fuerza brutal que había en las WTF. Fue un documental que a medida que avanzaban los meses se iba transformando. Por un lado introdujimos el tema del pasado, pero por otro estaba la crisis económica aplastándonos a todas. Varias personas de mi equipo habían perdido sus trabajos, amigas, colegas y los periódicos mostraban titulares frustrantes e indignantes. Tenía mucha obsesión en ser respetuosa con las WTF, en no manipular la escena, pero esa idea de documental observacional donde solo se mostraba la WTF no lo podía mantener alejado de todo lo que pasaba. Aurelio, con sus speechs, hablaba de todo lo que nos sucedía pero desde una perspectiva que evidentemente los periódicos no mostraban”. Puche quería plasmar esa realidad precaria tan habitual en el mundo de la música, pero también esa atmósfera, esa energía, esa magia. “La ambición fue creciendo al descubrir que había dos supervivientes, Pere Ferré y Wally Besser, de la primera banda que tocó en el Jamboree en 1959, y pensé que debíamos incluirlo”.

Tras el cierre de las WTF sessions, algo se quedó huérfano en Barcelona, y en España. “Ninguna jam es como la WTF. Cuando muere algo que es único, es muy difícil encontrarle sustituto. Claro que hay jams sessions llevadas por gente que ama la música en vivo y el jazz. Pero las WTF eran otra cosa. No sabría cómo decirlo: mezcla de músicas, mezcla de gente, mezcla de historias, de vidas… todo concentrado en cinco horas en qué como mínimo había tres momentos inolvidables que querías llevarte a casa como fuera”, describe Puche ¡Es la magia del jazz, señores y señoras!

APÉNDICE

¿Qué os gusta del género documental?
“En que habla sobre la realidad, en cierta manera es una investigación que te lleva a un descubrimiento, y su fuerza está íntimamente conectada a lo reveladora que sea la realidad que se descubre, aunque también haya otros ingredientes muy importantes, como la manera en la que se cuenta”, nos dice Álvarez.

“El descubrimiento, el viaje mientras vas haciéndolo. En que cualquier documental, mientras uno se documenta va descubriendo lo que quiere contar y lo que se deja contar. Nuestra película, al dejar una parte abierta a la improvisación, nos llevó a eso. De hecho, gran parte del guión se escribió después de rodar todo el metraje, haciendo un collage”, explica Noriega.

Un consejo, un aprendizaje, un error que has cometido y que no volverías a repetir, que darías a alguien que se dedique al género documental.
“Pues hace un año le hubiera dicho que no improvisara un documental. La idea es muy romántica pero las cosas hay que planificarlas, si no cuestan más dinero y más esfuerzo. Pero llevo meses grabando a mi madre y a mi abuela sin rumbo fijo, solo por la necesidad de captar esa relación que se establece entre una cuidadora y la persona cuidada, el tiempo que invierten en ello, el paréntesis que supone en la vida de las dos ¡Así que, este consejo se me antoja incoherente!
Por otro lado, les diría que no tengan miedo de coger una cámara. Hay que practicar una misma, probarse y darse cuenta de cuál es la mirada que una tiene sobre las cosas, y eso te lo da el contacto directo con la cámara. En The Jump! siempre tuve alguien cogiendo la cámara por mí, gente buenísima, implicada y con gusto. En muchos casos era Sergio Álvarez-Napagao, que es casi como mi pareja de hecho en el cine y tenemos una conexión total. Pero si ahora volviera a empezar el documental y las WTF existieran, volvería a ir con Sergio, pero esta vez cada uno llevaría su cámara”, confiesa Puche.

¿Qué documentales os han gustado más (sean de jazz, música u otras temáticas)?
Álvarez:
– Cualquiera de Werner Herzog.
The Act of Killing.
Camarón: flamenco y revolución.

Noriega:
I Called Him Morgan, sobre Lee Morgan.
Let´s Get Lost, sobre Chet Baker.
Claros ejemplos de cómo una película puede “tocar la vida”, como dice Chema García Martínez.

Puche:
Musicales
Let’s get lost, de Bruce Weber.
La Chana, de Lucija Stojevic.
No musicales:
Noche y Niebla, de Alain Resnais.
Los espigadores y la espigadora, de Agnès Varda.

+info
http://soloenundia.com/
http://thejumpdocumentary.aved.es/

 

Dónde VER los documentales:

https://soloenundia.com/donde_verla.html

https://www.filmin.es/pelicula/the-jump?origin=searcher&origin-type=primary

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