Jóvenes excluidos en Europa: ¿Una generación perdida?

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Realizamos un resumen de un informe sobre el problema de la exclusión social de los jóvenes europeos. ¿Cómo de importante es el problema?

 

Hace unos meses recogíamos una fotografía de la juventud española. Ahora haremos lo mismo con la juventud europea de la mano de un informe elaborado por Eurofound que trata de analizar el nivel de exclusión social que sufren los jóvenes en la Unión Europea, así como las políticas puestas en marcha país por país para mitigarla. 

 

En el conjunto de la Unión Europea, la participación de la juventud en el mercado laboral bajó desde el 37,2% hasta el 32,5% entre 2007 y 2014. En ese mismo periodo, la tasa de paro juvenil subió desde el 15,6% hasta el 21,6%, lo que muestra que la juventud ha sido el grupo social más afectado por la crisis económica, aunque, como contamos en otra ocasión, hay estudiosos que no comparten este diagnóstico y opinan que el verdadero problema está en el paro adulto.

 

Las cifras que acabamos de ver son muy importantes, puesto que una menor participación en el mercado laboral y un alejamiento del sistema educativo provocan que se frene el proceso de acumulación de capital humano, social y económico por parte de los jóvenes. Y cuanto más tiempo pase una persona, sea joven o no, desenganchada tanto del mundo laboral como del educativo, mayor es el riesgo de sufrir exclusión social.

 

La exclusión social no hay que entenderla sólo como una situación de pobreza económica, también hay que tener en cuenta aspectos relacionados con la integración social. La exclusión social, de acuerdo con la definición de Levitas que recoge el informe que reseñamos, «es un proceso complejo y multidmensional. Tiene que ver con la falta o la negación de recursos, derechos, bienes y servicios, y la incapacidad de participar en las relaciones y actividades normales disponibles para la mayoría de la población en la sociedad, tanto en el área económica, social, cultural o política. Afecta tanto a la calidad de vida de los individuos como a la cohesión de la sociedad en su conjunto».

 

Sin duda, la situación material es muchas veces determinante para hablar de una situación de exclusión social. De acuerdo con el indicador AROPE, que mide el riesgo de pobreza o exclusión social teniendo en cuenta tanto los ingresos como la privación material y la intensidad del empleo en el hogar en el que se viva, en 2013 (el último año para el que hay datos en el conjunto de países de la UE), había alrededor de 122 millones de personas en la Unión Europea en riesgo de pobreza o exclusión social, un 24,5% de la población total.

 

Según el gráfico que tenemos bajo estas líneas, en el caso de la población joven de entre 16 y 24 años, el porcentaje en riesgo de pobreza o exclusión social rozaba el 40% en 2013, lo que supone un serio incremento desde poco más del 30% del año 2008. Lo que sorprende del gráfico, de todas maneras, es que en numerosos países, el porcentaje de jóvenes en riesgo de pobreza o exclusión social ha bajado en estos cinco últimos años de crisis. Sin ir más lejos, en España y en Grecia. (Si pincha aquí, podrá encontrar a qué países corresponde cada sigla). 

 

 

 

Pero, ¿hasta qué punto se sienten excluidos los jóvenes europeos?, ¿a cuánto asciende la exclusión subjetiva? El gráfico que tenemos bajo estas líneas nos muestra que es bastante baja.

 

 

 

Pese a todo, muchos de ellos reconocen que su vida se ha complicado tanto que no son capaces de encontrar su camino (un 20% de todos los jóvenes). Además, un 21% considera que no se les reconoce lo que hacen. Y estas percepciones las tienen sobre todo los jóvenes desempleados. Y han crecido sobre todo entre los jóvenes de los países del sur de Europa, especialmente en Chipre y en Grecia.

 

Las tasas de paro juvenil de algunos países son brutales. En España y en Grecia superaban el 50% a finales de 2014. En Italia y Hungría sobrepasaban el 40%. Y encontramos porcentajes superiores al 30% en Chipre y en Portugal. En la mayoría de los demás países de la Unión Europea superan el 20%, a excepción de algo más de media docena de países.

 

En el gráfico que tenemos bajo estas líneas podemos observar una de las claves de la exclusión juvenil, porque se precisa qué parte de los parados jóvenes llevan menos de un año en esta situación y en cuántos de ellos puede haberse hecho crónica. Pese a que a finales de 2014 el paro juvenil en España era mayor que el griego, en Grecia era más grave por la larga duración del desempleo de la mayor parte de los jóvenes parados.

 

 

 

Estas cifras pueden darnos la pista de que España y Grecia son también los países en los que más hay más jóvenes que ni trabajan ni estudian. Si de media en la Unión Europea entre 2007 y 2014, su porcentaje ha subido desde el 10,9% hasta el 12,4%, en el caso de Grecia, el aumento ha sido desde el 11,5% hasta el 19,1%; en España, desde el 12% hasta el 17,1%; en Irlanda, desde el 10,7% hasta el 15,2%; y desde el 16,2% hasta el 22,1% en Italia.

 

 

En estas cifras influye el hecho de que el 12,7% de los jóvenes europeos de entre 18 y 24 años abandonó de manera temprana la educación. Es un porcentaje que duplica España, donde alcanza el 24,9%, mientras que en Croacia o en Eslovenia apenas supera el 4%. Con escasa educación, las elevadas tasas de paro se hacen crónicas y se convierten en pobreza y exclusión social.

 

En cuanto a la salud, un 8,1% de los jóvenes de entre 16 y 29 años no se siente del todo bien (algunos se sienten hasta mal y muy mal), porcentaje que crece hasta el 15% en Lituania y hasta el 14,5% en Portugal, mientras que en España es de apenas un 4%. De acuerdo con el informe, la calidad de la salud del 25% con menores ingresos es menor que la del 25% con mayores ingresos. Ésa es la correlación en todos los países a excepción de Grecia e Irlanda. Además, un 44% de los jóvenes han declarado que los tiempos de espera han convertido el acceso a la atención médica en algo al menos un poco dificil. Encontrar el tiempo para ir al médido es un problema para el 32% de los jóvenes europeos, mientras que su coste preocupa al 31%.

 

En lo que se refiere a la participación social, los jóvenes excluidos de la educación y del mundo laboral afrontan un mayor riesgo de desenganche social y político que aquéllos que sí tienen un trabajo o que continúan estudiando. Los países en los que los jóvenes menos participan en cuestiones sociales o políticas son Hungría, Bulgaría y Malta (entre un 10% y un 13%), mientras que en Suecia, Finlandia y Dinamarca son los países con los jóvenes más activos, con participación de entre un 54% y un 39%.

 

La gran cuestión es si se está gestando en la Unión Europea, sobre todo en algunos países, una generación perdida. La otra gran cuestión es si los Gobiernos y los partidos con afán de sustituir a los actuales ejecutivos tienen en sus agendas medidas de verdad efectivas de inclusión social de los colectivos de jóvenes abandonados (el informe analiza las políticas que están desarrollando los países, pero su análisis lo dejaremos para otro día). De momento, nos quedamos con la tabla siguiente, que muestra que hay una cierta correlación, aunque no total, entre el paro juvenil y el riesgo de pobreza y exclusión social.

 

 

Hablando concretamente de España y de Grecia, el informe comenta que la juventud de estos dos países tiene un gran riesgo de pobreza y exclusión social. En España, debido a que una cuarta parte de los jóvenes abandonan la escuela antes de graduarse y, por tanto, tienen una cualificación insuficiente para enfrentarse al mercado laboral actual. Aunque quienes sí están integrados en el mercado laboral, se encuentran a menudo subempleados o tienen un contrato a tiempo parcial contra su voluntad, lo que no hace ser muy optimista respecto a las perspectivas de futuro.  

 

 

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