Juan Meseguer: “Nunca se podrá decir más fuertemente que en estos momentos que la cultura y la ciencia son las que definen un pueblo. Sin ellas, no tenemos signo de identidad, no somos nada”

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“Puede que siempre tuviera claro que quería ser actor por lo que me gustaba el cine de niño, pero siempre hay un punto de inflexión en la vida que te hace reconocer tu camino, y el mío vino determinado por una sesión de teatro en la que actuaban Carlos Acuña (un cantante de tangos) y una tonadillera, cuyo nombre no recuerdo, a la que me llevaron mis padres. Ahí trabajaba un actor, Roberto Font. Recuerdo que salía a escena como empujado y contaba una serie de barbaridades y tropiezos que me hicieron reír muchísimo, pero de pronto su discurso se hacía amargo y terriblemente trágico e hizo llorar a todo el auditorio”. Con el corazón encogido, Juan Meseguer decidió ese día cual sería su trabajo.

Después, hubo muchos más encuentros con el teatro, funciones de aficionados en la playa, en la ciudad, ingreso en una Compañía de Teatro Infantil —Arlequín—, dirigida por un profesor de Latín, José Molina; la fundación del Nuevo Teatro Universitario de Murcia, con César Oliva a la cabeza, que en aquel momento era tan prestigioso como las mejores compañías profesionales, hasta la llamada a la profesión hecha por José Tamayo: “Así quedó aparcada mi carrera de Derecho como la posterior de Filología Hispánica, para dedicarme en cuerpo y alma a una carrera que ha cubierto más de cuarenta años de mi vida y en la que nunca me ha faltado el trabajo”.  Y, aunque ha sido el teatro el protagonista de ella, numerosas son sus incursiones en la televisión –Estudio 1, Gran Reserva, Isabel, entre otras- o el cine –Esquilache, de Josefina Molina; Incautos, de Miguel Bardem, entre otras-, si bien ha sido últimamente cuando más se le ha reconocido.

A pocos días de su regreso a los escenarios, el actor y dramaturgo Juan Meseguer (Murcia, 1948) me atiende para Frontera D para conversar sobre su nuevo espectáculo El abrazo, que estrena el próximo 26 de marzo, en el Teatro de Bellas Artes de Madrid, acompañado sobre las tablas de María Galiana y Jean Cruz. El abrazo es una comedia dramática basada en el texto de la escritora sueca Christina Herrström y se representa por primera vez en los escenarios españoles de la mano de Magüi Mira, que la versiona y dirige. “Un texto teatral insólito, lejano heredero de Strindberg, con un vuelo poético muy personal que nos coloca de golpe ante la crueldad que provoca el rechazo a lo diferente, ante las miserias que destilamos cuando somos incapaces de asumir otra realidad posible en la que no existan muros que trepar”, nos adelanta Magüi Mira. Meseguer se muestra ilusionado ante el estreno: “Hoy parece que todo está inventado en el teatro, pero El abrazo nos viene a confirmar que aún existen parcelas del ser humano y del arte teatral no explotadas suficientemente por nuestros creadores”.

Os adelanto que la obra conjuga varios géneros pero la clave, para entendernos en el género elegido, es la comedia: “Una comedia que nos va a trasladar a situaciones de enorme emotividad, de ansiedad, de querer implicarnos en la resolución del conflicto, y que probablemente nos puede arrancar alguna lágrima”. Y, atención, con sorpresa: el as en la manga que reservan al espectador para que sea cómplice de la obra. Para que se involucre y tome partido.

El actor está también de enhorabuena porque a su recién libro publicado, Diario de un confinamiento, se une la alegría de presentar en el Ateneo de Madrid, el mismo día del estreno de El abrazo, Puro teatro, dirigido por Daniel Migueláñez, en el que colabora con un capítulo. Y esto no es todo, el actor está a la espera de nuevas fechas para presentar su  libro de memorias que emprendió animado por AISGE y que permanece aún en imprenta por culpa de esta terrible pandemia.

Meseguer suele recordar una frase de Giorgio Bassani en El jardín de los Finzzi- Contini que más o menos decía: “Me gusta vivir el presente con la cabeza siempre vuelta hacia atrás. Estoy deseando que pase el momento, para poder acariciarlo y saborearlo a mi gusto”. Siempre le gustó sentir esto como una premisa de su vida. ¿Qué otra cosa sino puro teatro?

Qué buena nueva volver a las tablas y en un Madrid que se ha consolidado, valientemente, en capital cultural durante esta terrible pandemia.

Tú lo has dicho. No hay mayor satisfacción para un actor que volver a los escenarios en estos duros momentos, y en particular para mí, hacerlo en el teatro de mis inicios como profesional y en el que he trabajado con algunas de las obras y los personajes más importantes de mi carrera y que me han proporcionado más gratos recuerdos.

Y qué bueno encontrarse con los demás y con el público, y de pronto empezar a sentir que desde el escenario te están regalando tanto (cultura, pensamiento, arte…)

Efectivamente, sin el público no somos nada. Ellos son los que dan sentido a nuestro trabajo, y quienes hacen realmente la función que mostramos con todo nuestro cariño. En Madrid ya se tiene la sensación de que asistir a un espectáculo teatral es algo seguro ante el peligro de ese virus que está marcando nuestras vidas. Está funcionando ese bonito eslogan de cultura segura.

Qué título más cercano ese abrazo. Creo que Magüi Mira decidió cambiar el nombre original Erling por El abrazo precisamente por la situación que vivimos actualmente

No es del todo exacto. Ante la conveniencia del cambio de título, por ser algo ajeno a nuestro idioma, y no enteramente comercial, Magüi pensó en este título de El abrazo porque se lo inspiró el propio texto. La obra que nosotros estamos trabajando considera ese abrazo como un darnos a los demás sin condiciones y con generosidad. Vivimos en un mundo en que inmediatamente colocamos muros, muros para defendernos las personas, muros para cerrar nuestros pueblos, muros para preservar nuestro estado de bienestar y confort en nuestro hipócrita mundo occidental. Y efectivamente, ese título concordaba también con algo tan actual como la imposibilidad de abrazarnos. El abrazo representa ahora el peligro. El virus que nos atañe lo ha bautizado como algo peligroso, y sin embargo, estamos deseando volver a sentir el abrazo del otro. Ese doble carácter nos ilumina y nos da sentido al por qué de nuestro título y nuestra obra.

¿Qué tiene el texto de Christina Herrström para que dijera sí sin dudarlo a Magüi Mira?

Los actores vivimos siempre esperando que nos ofrezcan trabajos Que nos permitan emocionarnos, divertirnos y por supuesto, trasladar esa diversión, ese entretenimiento y esa emoción al público que viene a vernos. Y esta obra de Cristina Herrström cumple con creces ese cometido. Ya había sido puesto en antecedentes con respecto al texto por parte de Magüi y me había subyugado la propuesta. Por otro lado, el honor de trabajar con María Galiana (el tercer personaje aún no estaba definido) era suficiente garantía como para embarcarse en ese atractivo viaje.

Y cuando leyó el texto, ¿qué pensó? 

Confirmado lo que había entendido de la conversación con Magüi Mira. Un texto bellísimo y mágico. Hoy parece que todo está inventado en el teatro, pero El abrazo nos viene a confirmar que aún existen parcelas del ser humano y del arte teatral no explotadas suficientemente por nuestros creadores. Ese texto nos impulsa a una nueva mirada del realismo mágico, a una maravillosa conjunción de cotidianidad y fantasía. Eso sí, atisbé de inmediato que el texto estaba cargado de dificultad para enfrentar su interpretación. Pero, afortunadamente, me encantan los retos y los acepto.

Estamos ante una comedia dramática que oscila entre el sueño y la realidad, pero también pone a prueba, con humor y buenas dosis de acidez, nuestra oxidada capacidad de amar

Tendría que meditar bastante sobre esa definición que has sugerido. De entrada, no lo calificaría de dramática, aunque de sobra sabemos que nuestras decisiones en la vida conllevan siempre un tinte dramático en cuanto nos conducen a caminos no deseados en los que hemos alimentado nuestra frustración. Pero la clave de la obra, para entendernos en el género elegido, es la comedia. Una comedia que nos va a trasladar a situaciones de enorme emotividad, de ansiedad, de querer implicarnos en la resolución del conflicto, y que probablemente nos puede arrancar alguna lágrima. Hace mucho tiempo que las obras teatrales conjugan elementos de distintos géneros teatrales y esta no iba a ser menos. Es una obra que habla de oportunidades perdidas, de mirar nuestro interior y como dices, sí, de interrogarnos sobre nuestra capacidad de amar. Todo en el mismo paquete.

Nos plantea, por otra parte, nuestra capacidad a la hora de recibir un regalo del destino y abrazarlo sin miedo. Esta obra nos va a despertar de tantos temores que estamos acaparando… 

Un regalo supone en muchas ocasiones una responsabilidad y ahí es donde miramos con lupa los pros y contras de ese supuesto regalo. Los temores forman parte de ese espíritu de defensa del que hemos hablado, del muro que nos hemos impuesto, del muro que levantó Trump, del muro con concertinas en la frontera con Marruecos, de las colonias de refugiados en Europa (tantas y tantas), y estos muros trasladados a lo personal nos preservan de nuestro egoísmo.

La lealtad, el cariño, el respeto, son algunos de los ingredientes que conforman el cóctel para mantener vivo el amor pero, ¿y la sorpresa? Como vemos en El abrazo, ¿qué papel juega la sorpresa en el amor?, decisivo, al menos…

Esperamos que esa sea el as en la manga que reservamos al espectador para que sea cómplice de nuestra obra. Para que se involucre y tome partido. Y para que salga del teatro, después de haber reído con nosotros, con una reflexión sobre el ser humano y nuestro papel en la vida. Que en definitiva, ese es uno de los grandes cometidos del teatro, ejemplarizar al tiempo que divertimos.

Ustedes ensayan porque es su trabajo, pero todos nos estamos viendo abocados, a este paso, a tener  que ensayar los abrazos

Ojalá no estemos lejos de que dejen de ser un abrazo y sean ya una representación en nuestra vida. Debemos abrazarnos más, y sin condiciones.

Hay cierto temor a que tras la pandemia perdamos ese carácter tan nuestro de tocarnos, abrazarnos, besarnos y se normalice esto de no abrazar, espero que no dure mucho

Eso dependerá de cada uno. Por ejemplo, en mi familia no somos muy dados a las demostraciones efusivas de cariño. Seguramente porque somos muy dados a la lágrima y nos parece que estamos al borde de ella. Pero, en general, es fundamental el abrazarnos. Aunque el abrazo debe significar algo más que un hecho físico. Abrazo es aceptarnos, comprendernos, perdonarnos, apoyarnos y amarnos. Y seguro que me quedan muchos verbos por conjugar.

El abrazo hará reflexionar al espectador de cosas que parece que muchos se han dado cuenta ahora; por ejemplo, de aquellos que tenemos cerca y nunca les demostramos ese amor, o ese dar importancia a nuestros semejantes que se lo merecen y no lo hacemos y que termina pasando de largo igual que avanza la vida

Nada que comentar a eso. Completamente de acuerdo.

A propósito de los protagonistas de El abrazo, dicen que la felicidad aumenta con la edad porque tenemos más recuerdos y los comparamos con cada situación que nos ocurre generando esa sensación de felicidad. De hecho, aseguran  que “sin memoria no hay amor”.

Lo que sí es cierto es que hemos tenido tiempo para pensar en nuestros errores del pasado y sentimos que ha crecido nuestra capacidad de comprensión. Eso no quita para que seamos intransigentes con lo que calificamos de tonterías en nuestra cotidiana vida actual, con respecto a determinados órdenes de la vida. Por mí, puedo enumerar algunas, como el lenguaje, la política, la incultura, la mala educación, y un enorme etcétera.

Recuerdo que en otra entrevista me decía que no es muy fetichista, pero si hay algo que siempre le acompaña son las alianzas que llevaban sus padres en vida, juntas en un dedo de su mano, para no olvidar de dónde viene.

Así es. En esta obra sólo podré llevar uno, pero el otro permanecerá en un bolsillo.

¿Cree que en cuanto pase este tsunami  volveremos a caer en los mismos errores? Unos piensan que aprenderemos a vivir mejor en sociedad  y otros que no servirá para nada, que no hemos aprendido nada

Creo que va a ser difícil que aprendamos, porque el egoísmo y el afán de riqueza se sobrepone a todo. Me refiero fundamentalmente al destrozo de nuestro planeta. El cambio climático está ya aquí y no lo podemos/queremos parar. Eso  repercutiría en el bolsillo de tantos poderosos…

Vivimos en una sociedad de escaparate, de apariencias… ¿qué opina?

Vivimos en una sociedad en la que se hace gala de incultura, en la que no se lee un libro, en la que el ejemplo de nuestros mayores no tiene importancia, en una sociedad sin respeto ni educación, pero confío aún en esos jóvenes que mantienen los valores y deseo ardientemente que ganen los buenos. Hace años ciertas novelas me parecían utópicas –por poner un ejemplo, Diario de la guerra del cerdo, de Adolfo Bioy Casares-. Hoy me da miedo que se conviertan en algo posible.

No nos hemos fijamos en nuestros mayores, los modelos en que se fijan los jóvenes son el dinero fácil y el triunfo rápido, los políticos no están dando la talla… El mundo está, ¿rematadamente enloquecido, a punto de caramelo, a la plancha, hecho un dolor…? ¿Cómo lo describiría?

Cuando yo llegué a esta profesión, sentía un profundo respeto, al igual que los compañeros de mi generación, por nuestros mayores. Sentíamos que podíamos aprender mucho de ellos; tenían tanto que aportarnos… Hoy he convivido con muchos jóvenes en los que he advertido esa misma predisposición, Jóvenes ambiciosos de saber, de aprender…Podría dar muchos nombres, pero no me atrevo por si me dejo alguno. A pesar de eso, no es una norma unánime. También he observado la prepotencia, un poco el desprecio, otro tanto la ignorancia. Así que dejo la cuestión que me planteas en un cincuenta por ciento. Y otra vez, con el deseo de que ganen los buenos.

Me decía también en otra entrevista que su carrera ha sido el oficio y siempre he debido mucho a sus mayores, de quienes ha aprendido muchísimo y nunca los olvida. Actores como Pedro del Río, Fernando Fernán Gómez, Agustín González, Berta Riaza, Alicia Hermida…

Nunca les rendiré el suficiente tributo. Cada texto que abordaba con uno de ellos era una lección de muchas páginas. Y aún las recuerdo y paso revista. En El abrazo, coincido con María Galiana, que procede como yo del Teatro Universitario y el llamado teatro amateur. Por ello hay connivencia entre nosotros, una complicidad enorme, fruto de la cual adoptamos al tercer actor de nuestra obra, Jean Cruz, que pertenece a ese grupo mencionado de actores con respeto, maduros y en continua formación a la vez, que le lleva a esa ansia por aprender y ser cada día algo mejor en su trabajo.

Por otra parte, la cultura y la ciencia siempre han sido los temas olvidados por los políticos y ahora, con esta situación de crisis, observamos que se ha acrecentado ese olvido, ¿la pandemia ha sido la puntilla que le faltaba a la cultura?

Seguramente no se puede decir más claro de lo expresado por ti. Ya hemos tenido ocasión durante los primeros meses de la pandemia de rebelarnos hacia ciertas declaraciones que minimizaban nuestro oficio como no necesario, pero seguimos sufriendo ese menoscabo. Nunca se puede decir más fuertemente que en estos momentos que la cultura y la ciencia son las que definen un pueblo. Sin ellas, no tenemos signo de identidad, no somos nada.

Me decía también que aunque se considere un privilegiado porque ha estado contratado muchos años en la Compañía Nacional de Teatro Clásico, y antes o después en otras compañías, amén de las muchas series en las que ha participado, no deja de ser consciente de la penuria que rodea a la profesión de actor…

No  sólo esos hechos me convertían en privilegiado, sino que por ser mayorcete –alguna ventaja tenía que tener cumplir años-, gozo de una discreta pensión. Pero yo sangraba y sangro por la situación de tantos actores y actrices que luchan denodadamente por mantenerse a flote. ¿Qué menos que ayudas, qué menos que esfuerzo por crear trabajo, por entender que la cultura no es sólo necesaria, sino que es imprescindible?

Durante los meses de confinamiento ha dado a luz un Diario de un confinamiento. En ese tiempo, tuvo la oportunidad de hacerse mil preguntas sobre su mundo interior y los trágicos acontecimientos que se vivían en el momento. Esos acontecimientos le llenaron la cabeza de dudas y preguntas… ¿Ha logrado, con el tiempo, responder a sus preguntas?

Las preguntas que se lanzan rara vez buscan nuestra propia respuesta. Están ahí, como el teatro, para que sea el lector o el espectador el que las responda, tal vez con su solución, tal vez con su comprensión o simplemente con su asentimiento. Tengo que decir que estoy muy orgulloso de haber publicado mi primer libro, aunque no es el primero que he escrito, ya que realicé un libro de memorias animado por AISGE que permanece aún en imprenta por culpa de esta pandemia. Y el mismo día de mi estreno de El abrazo, se presenta en el Ateneo de Madrid un libro sobre el actor, dirigido por Daniel Migueláñez, que se titula Puro teatro, en el que colaboro con un capítulo.

Pero volviendo a mi Diario… la verdad es que me empeñé en publicarlo por dar algún sentido a esos meses de inactividad que yo intenté llenar con ejercicio físico y con otra de mis pasiones, como es la de escribir.

¿Qué se propuso durante ese tiempo, además de no venirse abajo?

Tengo que confesar que no lo pasé mal. Fuera del sentimiento de horror por la situación creada, fuera del pánico que me supuso al principio constatar que había sido contagiado por el virus, fuera de la rabia por la pérdida de tantas personas, algunas de ellas amigas, fuera de la rabia por la maltrecha economía de mis compañeros y de todas las personas que necesitaban trabajo por su sustento diario… tuve que adaptarme a esa nueva circunstancia y reconocer que necesitaba un alto en el camino, un momento de reflexión, de paz y de encuentro conmigo mismo. Así que la escritura me sirvió de escape, de terapia. No sólo parí ese Diario de un confinamiento, sino que me lancé al desarrollo de cuentos fantásticos que bien podrían suponer la realización de proyectos más ambiciosos. De momento, llevo escritos como siete u ocho cuentos que sin ser modesto, a mí me gustan.

Pintar ha sido otra de las opciones para sobrellevar esta situación…

Sí. No lo hice con la fuerza que yo hubiera querido. Me faltaban mis compañeros de taller, me faltaba esa mirada crítica que te hace crecer, y sobre todo, me faltaba la comodidad de un espacio que no era precisamente mi piso. Aun así, me las arreglé para no olvidarlo del todo.

Afición a la que se enganchó cuando encarnó a Goya, en 2013, en El sueño de la razón que vuelve a retomar ahora en los escenarios

Sí. Siempre recordaré esa feliz circunstancia. Cuando los actores decimos que no mimetizamos del todo, y que no nos dejan huella los personajes que interpretamos, tal vez estamos mintiendo. Ese Goya fue el culpable de que yo me pusiera a jugar con los pinceles.

Y sí, he vuelto a retomar es Sueño de la razón, de Buero Vallejo, aunque de momento en mínimas ocasiones. Tengo suerte, mucha suerte. Los últimos personajes que me han tocado representar son magníficos. Cosas de papá y mamá, La telaraña, El sueño de la razón y este El abrazo en el que tanto confío…No sé si me merezco tanto.

¿Se imagina la vida sin teatro?

En absoluto. Es como imaginar la vida sin seres humanos.

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