Juanito era fino

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Del Bosque es todos esos Del Bosques a los que él mismo se refiere siempre en primera persona del plural y que podrían estar incluso dentro de su bigote frondoso...

 

A Del Bosque, que es al Madrid casi lo que Luis Enrique pero celebrando las revanchas íntimas, en lugar de con un gesto de torero (o algo así hacía el asturiano cuando le marcaba a los blancos de azulgrana), con un racionamiento de convocatorias provenientes de Chamartín a lo posguerra, le parece que Isco jugó el otro día demasiado fino.

 

Uno cree que fino en literal es James, o Benzema, pero llamar fino a Isco, un jugador vistoso y brillante, es confundir al personal. Uno duda de que la selección sea un equipo y no una idea aprehendida gracias a la cual se puede jugar hasta con los ojos cerrados, que es lo que estuvo haciendo el tiempo que dio para dos Eurocopas y un Mundial mientras aún perduraba el olor del chándal de Aragonés colgado en el armario. No se sabe lo que quiere el entrenador nacional pero no es la finura, o lo que crea él que es eso.

 

De los tiempos gloriosos ya no queda casi nada, apenas Casillas, tan insistente en la portería como con el dinero el Morrie de ‘Uno de los nuestros’, tanto que acababa apuntillado por Tommy en el asiento de un Cadillac.

 

Pero aquí no se apuntilla a nadie sino que se olvida. Del Bosque no es un matón sino un olvidadizo selectivo (de selección), aunque con Callejón haya recuperado milagrosamente la memoria y, a propósito de Isco, un amago de destemplanza que le convierte un poco en marqués pero de Sotoancho quejándose del “jolines” del mayordomo Tomás; porque da la impresión de que con Tomás sí se atreve, al contrario que con Íker, del que cualquiera diría que no es el guardameta de España sino la Mamá marquesa y omnipresente de La Jaralera.

 

Del Bosque es todos esos Del Bosques a los que él mismo se refiere siempre en primera persona del plural y que podrían estar incluso dentro de su bigote frondoso, donde uno imagina a cientos de enanos Oompa Loompas como los de la fábrica de chocolate. De ahí quizá la “transición dulce” con la que planea la ejecución sibilina de Íker (quien sabe si como venganza por llamarle Susú, aunque no se le asocia al portero con similar ingenio), que no deja de pedirle a Jimmy (y a toda la familia) su parte del botín.

 

Puede que Ancelotti se esté sonriendo a propósito (Ancelotti se sonríe en vertical, elevando sólo una comisura hasta casi ponerla en paralelo al vértigo de su ceja) de la opinión de Del Bosque, como de aquel fallido cambio de Messi, al pensar en que Isco juega fino y que su finura perjudica al Madrid. Uno no vio el partido del sábado, pero a lo mejor es que el chaval, antimadridista de confesión juvenil, quiso entretener a la afición y pasmar a los bielorrusos como si fueran guiris acudiendo a un tablao. Uno todo esto lo ve más bien como si Carlo le pone un pero a Cristiano por hacer bicicletas, o el mismo Del Bosque a Zidane por intentar voleas imposibles aunque con una de ellas se hubiera certificado la novena Copa de Europa.

 

Hace más de treinta años Juanito le preguntó a uno si quería ser futbolista y le respondió que no, que lo que quería ser es nadador. El malagueño (como Isco), y se cita a Doble A: “Toño, ves a Juanito, eso es el Madrid”, se reía mientras le firmaba su foto, que es probablemente lo mismo que hubiera hecho si Del Bosque, ese anacrónico suyo a pesar de compartir época y vestuario, le hubiera dicho que jugaba demasiado fino porque en realidad así era.

 

Publicado en ‘El Minuto 7’.