`Juezas´ en tromba y otras hierbas

0
226

 

Aquí sigo, sumergida en oleadas sucesivas de acontecimientos “irónicos” que no deberían serlo, pero esto me ha debido pasar por mala, o quizá esta semana tengo el oído más “agudizado”, gracioso lapsus del género “oídocampanas” que le pesqué a no me acuerdo quién, y que me recordó al “embalsamiento” de Chávez que soltó Gemma Nierga hace unos días, enredada en las cosas de la radio. Una amiga inglesa, periodista, me dice que ella ve muchos ironic (también) erróneos, que deberían ser paradoxically, pero yo nunca veo ni oigo paradoxically en un texto en inglés corriente (es decir, veo que ellos usan ironically  cuando quieren decir paradójicamente). También he sufrido mucho esta semana con una avalancha de juezas, debido a la presencia arrolladora de la juez Alaya, de los ERE andaluces, y eso a pesar de la cacofonía evitable con la unión de las dos as (jueza Alaya), y que quedaría mucho mejor manteniendo el término juez (“la  juez Alaya») para los dos sexos, dado su simpático carácter ambidextro. En la SER no sólo Pepa Roma nos sumerge en horribles juezas, sino todos sus corresponsales, así que debe ser que cada maestrillo impone su librillo.

 

Forges a veces se pone editorializante y esta vez se une a una propuesta de usar la palabra “sororidad” (de sororitas) para feminizar lo de “fraternidad”, que le parece como más masculino. Yo, si se trata de rebuscar palabras, prefiero lo de “hermandad”, que engloba a hombres y mujeres, y me permito ofrecerle la idea, sin coste alguno.

 

Reuní tres palabras que la pedantería ambiente recoge y relanza –siempre en el ámbito de nuestras trabajosas relaciones con el inglés-, y que tienen el efecto colateral de ponerme a mí de los nervios. Son, en primer lugar Aladdin (sí, el queridísimo Aladino de nuestra infancia), aceptado –más bien diría aclamado- hace ya bastantes años, a raíz de una película: todo dios se puso a hablar de Aladdin, mientras yo hacía fu por las esquinas, diciendo “¡que es Aladino, Aladino el de la Lámpara Maravillosa!”. Otra es Mariah (pronunciada “maráia”) Carey. Eso todavía sigue por ahí. Una tontería, que aquí descubramos de pronto que la María de toda la vida hay que pronunciarla así. O a mí me lo parece, claro. Y por último tenemos a Gladiator, el de la película. Es que es una palabra latina, simplemente. Como es casi idéntica a su trasposición al castellano –gladiador-, por qué se empeñan en decir gladiéitor? Empezando por los que ponen los títulos a las pelis (¿quiénes son?), ¿por qué no Gladiador o si acaso Gladiator (pero pronunciada Gladiator), que por estos lares todos entendemos sin ningún problema?

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.