Juguetes para explorar el lado oscuro

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En alguna ocasión os he hablado de los masturbadores masculinos. El más exitoso de los últimos años ha sido uno japonés, de nombre Tenga y aspecto similar a un anodino bote de champú pero, sin embargo, los pioneros fueron unos americanos, los creadores del Fleshlight. Este artilugio, que puede reproducir una vagina o una boca, según gustos del usuario, se reinventa para presentar el Succu Dry. ¿Qué es esto? Pues un juguetito con forma de boca con dientes, tipo mujer vampiro vaya. De hecho, cuando uno consulta la página web la mujer florero que sirve de reclamo es una estupenda morenaza, con culo al aire y dientes de vampiresa. ¿A qué viene a cuento esa frase de la que tanto echo mano de tócate los cojones MariLoli? Pues claro, es que uno a veces se topa con cosas que merecen este grandilocuente enunciado. Y es el caso. No me preguntéis qué interés habrá en que te chupe la polla un tío/a vampiro/a sino es por un supuesto morbo de que entre lametazo y lametazo te deje eunuco de un mordisco. Ni idea, vamos. Pero ahí están estos gadgets que se publicitan diciendo que dejes caerte por el lado oscuro. Qué infantil soy, yo que el único lado oscuro que conozco es el de Darth Vader y poco más… Aparte de los dientes de la boca, el interior del Succu Dry está recubierto por unas especies de pinchos (blandos, que no cunda el pánico) que deben de agarrarse al pene como si fuera una ventosa.. Jesús, qué cosas….El invento se vende por el módico precio de 45 euros que no es mucho, si lo comparamos con las horas y horas de placer, en solitario o acompañado, de las que puedes disfrutar.

 

Chicas, si es que hay alguna, tened mucho cuidado a la hora de escoger este regalito para San Valentín, cumpleaños o demás fechas señaladas porque puede herir la sensibilidad de nuestros hombres. Una vez uno de mis amantes me confesó que si una chica le llegaba a pedir que la ahogase ligeramente al tener el orgasmo se largaría echando leches a comprar tabaco… para no volver. Si eso le pareció extraño, imaginaos si os presentáis con un Succu Dry: le da un pasmo. No os digo más que en una ocasión regalé unas bolas anales y todavía estoy esperando que vuelva el chico en cuestión… Si es que son muy tradicionales, ¿o no?

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Vengo de París, como casi todos los niños, y me he pasado la vida entre Francia y España (aunque me defino extremeña). Empecé escribiendo de economía en Capital pero tras ocho años en los mercados bursátiles, y demostrando ser de perfil arriesgado, me hice freelance. He colaborado con los principales medios de este país y escrito varios libros de sexo, el último, "Hola, sexo: anatomía de las citas online (Arcopress)". Este blog es a consumir sin moderación pero ¡tampoco te lo creas todo!