La biblioteca interior

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Dice Jorge Wagensberg que las fronteras reales suelen ser difusas pero que las inventadas, por el contrario, son bien nítidas. Y tanto. Hay sitios en donde atraviesan tu cama. Es el caso de Derby Line, en Vermont, una pequeña ciudad de apenas mil habitantes en la que viven familias que cocinan en USA y cenan en Canadá sin necesidad de salir de casa.

Existen fronteras que atraviesan campos de golf, restaurantes, teatros de ópera o el Everest. Pero, si buscamos lindes extravagantes, nada como las fronteras concéntricas.

Dahala Khagrabari es un trozo de India dentro de un trozo de Bangladesh (Upanchowki Bhajni) dentro de un trozo de India (Balapara Khagrabari) rodeado por Bangladesh.

En Derby Line se puede estar en USA o estar en Canadá, pero en Dahala Khagrabari uno está en India y en Bangladesh al mismo tiempo, y además dos veces. Es lo que se llama un «enclave de tercer orden».

De este tipo de lugares está hecha nuestra mente. Son estas fronteras interiores las que nos habitan y nos trocean en personajes. Del trajín de sus aduanas depende nuestra cordura.

Cebollas místicas, moradas de Santa Teresa, esferas de Sloterdijk y mi obsesión imposible por dibujar el Hombre de Vitrubio al revés que Leonardo, dándole la vuelta como un calcetín, para que, en vez de estar inscrito en un círculo, el círculo sea él, y las extremidades se conviertan en intremidades y hacia dentro le crezcan los mundos y las fronteras.

Hay estos días en FronteraD cierto trapicheo de información sobre lecturas veraniegas. Un vecino bloguero ha encendido la chispa, confesando sus planes de lectura y pidiéndonos a los demás que contemos los nuestros. Yo no tengo ni idea de lo que voy a leer, pero me viene a la cabeza aquél bibliotecario imperial creado por Musil en «El hombre sin atributos» y recordado por Pierre Bayard en su exquisito «Como hablar de los libros que no se han leido»:

El bibliotecario de Musil evita penetrar en los libros. Su amor por ellos —por todos los libros— le incita a limitarse prudentemente a su periferia, por miedo a que un interés demasiado marcado por uno le lleve a desestimar el resto. Se trata de superar su individualidad para interesarse por las relaciones que cada libro mantiene con los demás. (…) Cabría preguntarse cuál es el mejor lector entre aquél que lee en profundidad una obra sin poder situarla y aquél que no penetra en ninguna pero circula a través de todas.

Leer es abrir puertas dentro de nosotros, tendernos pasarelas, cruzar las fronteras que nos compartimentan, anularlas, reconstruirlas. No hay forma más emocionante de leer un libro que pensando en otros libros, buscando relaciones, encontrando vínculos gozosos que nos hagan saltar con brío desde los enclaves seguros de nuestra mente a otros que solíamos temer. Los libros —incluidos los que hemos olvidado y los imaginarios— son puentes entre los mundos que por dentro nos dividen. Lo expresaba como nadie Paul Valéry: Sentir que todas las combinaciones de pensamientos son legítimas, naturales, y que el método consiste en excitarlas, verlas con precisión, buscar sus implicaciones.

Mis armas: una buena tableta bien preñada de libros + lápiz digital + programa de anotación de pdfs + programa de escritura y dibujo a mano + programa de mapas mentales. Seiscientos gramos de felicidad. Y no se engañen, quien esto escribe es un adicto confeso a los libros de papel. Pero cada cosa en su sitio.

6 COMENTARIOS

  1. No me termino de hacer a los
    No me termino de hacer a los libros electrónicos, Emilio. He leído un par de ellos en tableta: donde se ponga el papel…

    ¡Un abrazo y buen verano!

    • A mí me costó un poco

      A mí me costó un poco acostumbrarme, no lo niego, pero cuando descubres que puedes estar en un asiento de tren o tumbado en la hierba con diez (o cien) libros abiertos, anotándolos, subrayándolos, pasando de uno a otro con un simple gesto de la mano, haciendote esquemas, escribiendo sobre ellos, y todo en un espacio de 24 x 19 cms y poco más de medio kilo de peso, entonces ya no puedes prescindir de eso.

       

      Si puedo, me gusta tener el libro en papel y también su doble en pdf. Cada formato tiene su cosa. Reconozco que la novela me pide papel, pero el ensayo es perfecto para las tabletas. Y luego hay un montón de libros descatalogados en papel  que tendríamos que renunciar a leer si no fuera por su existencia en pdf. Otro motivo es mi enfermiza manía de viajar siempre con un montón de libros. No hace falta decir lo que aquí las tabletas me han ahorrado en espacio y fisios.

       

      A leer, que son dos días. Un abrazo.

  2. Es excepcional, Emilio, el
    Es excepcional, Emilio, el pasaje del bibliotecario de Musil, déjame que transcriba una parte de este genial diálogo:
    «- Señor general -dijo- ¿desea saber cómo me las arreglo para conocer todos los libros? Se lo puedo comunicar ahora mismo: ¡no leyendo ninguno!
    (…)
    – Entonces, ¿usted no ha leído nunca libro alguno de los aquí expuestos?
    – Jamás, excepción hecha de los catálogos.
    – ¿Y es usted doctor?
    – Claro que lo soy, incluso profesor de la universidad de ciencia bibliotecaria…»

    • Gracias, Carlos, por

      Gracias, Carlos, por compartir la conversación. Fantástico personaje este bibliotecario (…y muy actual). Un abrazo.

  3. Puede que tengas razón,
    Puede que tengas razón, práctica, sobre lo de los libros electrónicos, pero mi razón, pura, me impide gozar con cualquier texto que no esté escrito en papel, salvedad hecha de mis propios escritos en esta revista, jajaja. No me queda más remedio.
    Me deforma el seso que fui impresor antes que escritor, porque tuve una imprenta en los años ’70 y el olor de papel, tintas, disolventes, siempre fue mi droga más especial. Y los libros me entran tanto por la vista como por el tacto, el olfato… el resto de los sentidos hace lo que puede, aunque nunca me he sentido bibliófago.
    En todo caso gracias, algún día llegaré a ellos, puede que cuando desaparezcan los antiguos y no me quede más remedio, si es que me sigue quedando vida por delante, claro.

    • Gracias por el comentario,

      Gracias por el comentario, Félix. Yo creo que van a convivir perfectamente los dos formatos, y que los usaremos según la situación y las necesidades. Libros no hay más que unos, los de papel. Lo otro son bibliotecas (enormes) con un visor donde poder acceder a la información. Para mí las dos cosas tienen su interés y, desde luego, su momento. Un abrazo.

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