La bicicleta mágica

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Érase una vez un lugar encantado, el Jardín Colgante de Dompedrosiete, habitado por seres fabulosos, donde el príncipe Teatrino vivió su fantástica aventura, a lomos de una bicicleta. Si Rocinante fue las piernas de Don Quijote, Bucéfalo las de Alejandro, y Babieca las del Cid Campeador, las ruedas de Plomizia –su biciclo mágico- pusieron a salvo a Teatrino en muchas de sus contiendas.

 

Tras haber sido perseguido por el monstruo marino Batiscafio (con cuerpo de naranja podrida, ojo azul de muñeca, y cola de serpiente en la cabeza), se encontró el Príncipe Teatrino con el que habría de ser su buen amigo Pipirijaino.

 

 

Pipirijaino era un hombre disfrazado de pescado. Para ser más precisos era el cazador de peces vivos de la Reina de las Conchas, monarca nocturna de la escena; quien -vestida de sirena- gobernaba el reino teatral desde su camarín de conchas. Todos los escenarios son un navío de vela que parte hacia alta mar, cuando la representación comienza. 

 

 

La Reina de las Conchas mostraba sus senos al aire, como lo había hecho, desde siempre, la Venus de Botticelli. Sentada en su trono de coral y caracolas, la Reina le contó al joven Teatrino, que su única hija, Teatra, había sido secuestrada por un demonio llamado Primeractio, quien la tenía encerrada en su castillo-palacio. Encarecidamente, la Reina le pidió al Príncipe ciclista que rescatara a su hija querida; y que si lo conseguía, se la daría a cambio como esposa.

 

Para ayudarle en su ardua tarea, la Reina de las Conchas otorgó poderes mágicos a su bicicleta, que podría rodar -a voluntad de Teatrino- con ruedas de reloj sobre el tiempo, o con engranajes artilleros de guerra.  

 

(Continuará…)

 

 

(NOTA ACLARATORIA. Cuando apareció la revista Teatra, la también revista teatral Pipirijaina era un referente consolidado de renovación generacional en el panorama de las revistas teatrales madrileñas; frente a la más veterana de todas ellas, Primer Acto. Vaya desde aquí nuestro grato recuerdo para sus respectivos directores: Moisés Pérez Coterillo, de la primera; y José Monleón de la vetusta.)

 

 

Fotos: Vizcaíno