La bofetada

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No me resisto a hablar de la muy cinematográfica bofetada de Will Smith a uno de los presentadores de la ceremonia de los Oscar, Chris Rock, por hacer un comentario poco afortunado sobre la enfermedad que desde hace dos años padece su esposa: una alopecia extraña. Al principio, cuando vi las imágenes del incidente, pensé que se trataba de uno de esos números preparados que tanto gusta fabricar la industria de Hollywood. Luego comprobé que no hubo truco y que se trataba de algo muy real, lo cual me resulta estúpido y harto difícil de justificar. “El amor te obliga a hacer locuras”, dijo con lágrimas el agresor un rato después, al subir al escenario para recibir el premio de mejor interpretación masculina por su papel del padre de las tenistas Williams.

Y aquí paz y mañana gloria. La Academia de Hollywood especificó en un tuit que condena todo tipo de violencia. Menos mal que me lo dice, porque visto el desarrollo del espectáculo me dejaron perplejo los rostros de algunos de los famosos que asistieron a la gala: bocas abiertas, muecas con los ojos que no traslucían si respaldaban o reprobaban el gesto del actor afroamericano tras el bofetón a Rock, un humorista mordaz, también negro como Smith, con quien en el pasado ha tenido algunas rencillas en las que de por medio estuvo Jada Pinkett, que así se llama la pareja del oscarizado por su gran papel en El método Williams. Por cierto, ignoraba la obsesiva e intrusiva conducta del padre de Venus y Serena Williams. Insufrible individuo que desde el primer día preparó a sus dos hijas para triunfar en el tenis sin dejarles respirar.

Lo del bofetón de Smith a Rock me confirma que vivimos en la violencia, que la tenemos presente en nuestros actos cotidianos y que en algunos momentos la jaleamos y hasta comprendemos. Mucho más en una sociedad como la estadounidense en la que la defensa ante todo de los valores de la familia justifican acciones impresentables. Y en realidad así lo ha manifestado el propio Will Smith al explicar que lo hizo para defender a los suyos, a su clan. Uno de sus hijos no se cortó un pelo con el siguiente tuit: “Así es como las gastamos en nuestra familia”. ¿Qué hubiese pasado si el agresor portase un arma o si un espectador anónimo hubiera alcanzado el proscenio desde el fondo del patio de butacas para propinarle un sopapo al torpe humorista gritando que lo hacía porque amaba a Smith y su familia? Uno más, un loco más, nos hubiésemos dicho.

Todo en sí me resulta ridículo y artificioso. Es cómico y penoso al mismo tiempo. En la secuencia inicial se observa a Smith sonreír cuando Rock afirma desde el escenario que con ese rapado al cero de su esposa parece la segunda parte de la película de Demi Moore interpretando a la teniente O´Neil, una bazofia de cinta por cierto. Al notar la incomodidad de su mujer y que no le hace nada de gracia lo que suelta el humorista es cuando el actor se levanta y en una zancada se planta arriba para propinarle un sonoro bofetón con la palma de la mano derecha que él otro aguanta balbuceando cuatro tonterías. Y continuó la fiesta. ¡Cómo no va a continuar si Will Smith reporta millones y millones de dólares a la industria del cine con sus películas!

Aquí en España, el incidente ha servido para que muchas feministas en las redes sociales lo hayan calificado como un gesto intolerable de machismo y como el paradigma de la masculinidad tóxica. Seguramente aciertan. Pero no se me quita de la cabeza que otras lo justifican y hasta lo aplauden. Escuché en la radio que en redes sociales hay mujeres que muestran admiración y un punto de envidia con lo que hizo Smith, como si con ello insinuaran que a su pareja le falta testosterona y machismo puro y duro para saldar cuentas con quien la insulte públicamente. “Yo estaría muy orgullosa de ser la mujer de Smith”, escribió una. Subyace por tanto la idea de que si tu pareja es agredida verbalmente debes responder con violencia. De no hacerlo, la sociedad considera que eres cobarde y que tu virilidad está en entredicho.

No son tiempos sencillos para la conducta masculina. Sobre todo para aquellos hombres que jamás han tenido el machismo en la cabeza pero que han crecido en una sociedad de machos. Antes el hombre dominaba y hasta llegaba a pegar y violentar a la mujer. Se justificaba incluso por algunos de sus colegas con comentarios sangrantes y jocosos: “Se lo tiene merecido”. Hoy afortunadamente las cosas han cambiado, o en vías de hacerlo, aún a pesar de que la violencia de género continúa siendo una lacra social y cada año los índices de asesinatos de mujeres a manos de hombres no desciende avergonzando a una sociedad democrática que lucha por la igualdad de género.

El incidente de los Oscar quizás empañó la ceremonia y quien sabe si dificulte la futura carrera de Will Smith, aunque esto último dudo bastante que así sea. Pasará a la historia como el bofetón de un actor afroamericano contra otro. No será igual, pero entrará en la categoría de otras bofetadas de éxito como la de Glenn Ford a Rita Hayworth en Gilda (1946), todo un escándalo cuando se estrenó y que estuvo prohibida durante mucho tiempo en España. Ese gesto expresaba el amor desesperado del hombre, una locura violenta pero al mismo tiempo de dominación del macho sobre la hembra. “El amor nos obliga a hacer locuras”. Eso es justamente lo que afirmó en la noche de los Oscar el actor galardonado Will Smith. No importa si esas locuras desembocan en violencia.

Bosco Esteruelas es periodista y escritor. Ha trabajado en El País como editorialista y corresponsal en Tokio y Bruselas, y antes en la agencia Efe en las delegaciones de Roma, Washington y Londres. Ha sido también portavoz de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) y de la Comisión Europea. Ha publicado cuatro novelas, "El reencuentro" (2011), "Todo empezó con Obdulio" (2012), "Retorno a Zumaia" (2014 y "Gracias, asesino" (2020), y una colección de relatos titulada "La chica de Tsukiji" (2014)   En esta bitácora quiero observar e interpretar la realidad política y social desde fuera de la jungla urbana

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