La cabaña en el bosque

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Cinco chicos salen al bosque de excursión: es la oportunidad que el Destino se brinda para reírse un rato.

 

Sopa de conceptos

 

En el caos primordial, una presencia que no tiene por qué encontrarse allí. De hecho, en el caos primordial, que viene de la Nada, no debiera haber nada salvo la Nada, que es lo que sugiere a uno el pensamiento: «lo que es, es y es imposible que no sea; y, lo que no es, no es y es imposible que sea». Claro que: ¿y qué, con lo que está llegando a ser o con lo que está empezando a no ser ya? Se seca el agua: ¿cuándo deja el charco de ser charco? Retroceda un momento, por favor, con cuidado de no rozar el coche: ¿cuando empieza a ser charco, suelo desnudo y seco, una humedad y en la humedad acaban bañándose las ranas, que ayer, si saltan, se pegan de cabeza contra el piso y, si saltan mañana, contra el piso otra vez, manía ésta de saltar, en las ranas? Todo es y nada permanece, con lo que todo permanece y nada es. Pero la simple idea de ese instante en el que algo se define en el caos sin que lo justifique el caos: una papilla informe idéntica a sí misma en toda su extensión (¿de dónde sale?), que cubre la totalidad del tiempo y el espacio y, de pronto, una presencia en ella, que gime y que, al gemir, se percibe como algo diferente de todo lo demás, qué hay de lo mío; si se medita sobre ello, la cosa sobrecoge. Y más si piensa uno que es a partir de entonces cuando el tiempo comienza y se pone a existir, antes no hacía falta, todo indeterminado, inmóvil, espacio solamente, sin duración, sin límite: luego ¿de dónde, «espacio»? «Espacio» puede ser sólo si hay algo que no lo sea. El tiempo, por ejemplo. No lo hubo en el principio. Al principio nos lleva el tiempo, cada vez. Retorno. Y de allí al caos. Que no se nos parece.

 

 

Un espejo en el bosque


 

Esto no está pasando

 

Se ve uno de esta forma en el espejo y dice uno: «¡Caramba, algo va mal! O es que he comido algo que no debiera o es que no es un espejo: es un cristal». ¿Qué, uno? ¿De dónde, uno? ¿Por qué, uno? Y, sobre todo, uno: ¿para qué?, son preguntas que la gente se hace y no encuentra la gente respuesta para ellas. De hecho, el ser humano se lleva preguntando qué hace aquí quizás desde que existe, que existe la persona cuando se da cuenta de que es. Lo cual excluiría a los animales, las plantas, los minerales y a las cosas, así que igual no son y es todo una ilusión, como postulan escuelas filosóficas a las que el pensamiento acude por si pasaran lista o para sacar nota, que los hay. Para encontrarse con que él tampoco es, el pensamiento, sino ilusión, el hombre, aunque no se podría descartar que esa ilusión alguien deba pensarla: razón pura, si no otra cosa, uno. Pero la razón pura, a falta de las cosas, ¿de qué sirve? Es una crítica que se le hace a la razón, con fundamento. Si bien pudiera ser que la causalidad sea invención del hombre y no la haya tampoco; que las cosas sucedan porque sí, no por nada. De donde salió todo. Y a donde todo vuelve.

 

 

 

 

 

Absolute beginners

 

La Nada era oscura y vacía, una contradicción. Y en la Nada era el Caos; y el Espíritu flotaba sobre el Caos; o estaba allí, gimiendo; o era el Caos el Espíritu. Y se aburría de contemplar el Caos; de no poder salir; de ser el Caos. Y fue la creación: manga por hombro, mezcladas la luz y las tinieblas, la materia y la forma, lo estático y la acción, las partes con las partes, que te rascas y le picaba a otro. Un sinsentido. Hacía falta quien remediase aquello. ¿El ser humano fue creado para poner orden en el caos? «Y le fue presentando las cosas, para que las nombrase». Clasificar ya es apropiarse de aquello que se nombra. Y al hombre se le dio esta facultad, arrebatando al caos lo que era suyo.

 

Cuando a uno lo desplazan lo más habitual es que eso a uno le moleste. Tal vez resida aquí el origen del bipartidismo, que es lo que de verdad es innegociable: rojos y Rosa Pérez, ¿dónde vais?, pijama para dos, dejar la puerta abierta para poder regresar uno y sólo uno cuando se aparte el otro; pero estar: no marcharse. Aunque es verdad que si la situación se prolonga en exceso podría dar lugar al mal talante. En política menos, que son, para hoy, los dos iguales. En el enfrentamiento titánico del orden contra el caos, el bien y el mal, la luz y las tinieblas, el eterno combate, el choque sí lo es y causa bajas. Si el hombre fue creado para ordenar el caos o ayudar cuando menos, es normal que al caos el hombre no le sea simpático.  Y que exija una compensación. En sufrimiento. En carne. El bien y el mal se entienden porque se necesitan. Mientras se necesiten. Hasta que todo vuelva al caos, que es consecuencia de un exceso de orden. Pero no adelantemos acontecimientos.

 

 

(ésta duele…)

 

 

De excusión


Anticipar una excursión, ¿tiene sentido? La persona hace planes y se escucha un estruendo: es Lo Que Va A Ocurrir, en vez de aquello que se había previsto, que se ríe de las previsiones. En esto están de acuerdo la Providencia actuada en el tiempo y garante del Orden y los Dioses anteriores al hombre. Los dioses previos a los sucesivos panteones que el hombre ha ido ideando o ha ido reconociendo. Los Dioses Primordiales. Los Señores del Caos, de los que nunca se ha perdido la memoria.

 

 

Los ancestros

 

 

Orden y Caos están de acuerdo en que el ser humano no decide su destino y de acuerdo también en que interviene en él, en que lo determina, sin embargo, con sus hechos: el concepto de culpa, que es el nexo entre el orden y el caos, la expiación por la que se perpetúa el equilibrio.

 

Grupo de jóvenes sale de excursión a una cabaña en el bosque. Desde el principio sabemos que unos funcionarios -Potestades y Tronos- los vigilan: camisa blanca, taza de café, tablón de apuestas, rencillas laborales: es la banalidad del mal, puesta al servicio de la banalidad del bien, juego de espejos. Sobre el tablero cinco personajes: la muchachita tímida, la muchachita osada, el sabio, el héroe y el colgado, que es la pieza que moverá el azar, como se sabe aliado del caos, pero que el caos no controla tampoco, como al hombre, herramienta de sus designios, no lo controla el orden, será porque no quiere. Lo castiga. Entregándolo al Caos. En el dintel del caos, de servicio, el portero, que lo es, también, guardián del orden y clasificador: “¿A quién? ¿A esa puta?” Ya empezamos. La marca del pecado. “¡Huy a ésa!”, piensa el espectador. Y más después de marcarse ella un baile lascivo con la lengua de un lobo disecado. Es muy propio de Dios eso de asignar sexo a la criatura y luego castigarla por usarlo. «No comas de este árbol». «¿Chico!: ¡pues no lo pongas ahí!» «Pero si no lo pongo ahí, ¿dónde está la gracia?» La gracia está en que no hay escapatoria, salvo si obedeces a Dios en Su palabra y Lo desobedeces en tu cuerpo, contradiciendo a Dios precisamente en lo que Él ha creado. Si esto no es ingenioso, no sé qué pueda serlo. Y las fuerzas del mal, fortándose las manos: «¡Me los pido!»

 

 

 

 

Terror, sangre, misterio y el castigo final, que, bueno: ¿por qué no? No es para tanto. Al final, el castigo sólo es temible hasta que llega. Darnos miedo con él es lo que nos convierte en sus esclavos.

NUNCA HE ESCRITO DE CINE. NO SABRÍA. ¡PERO QUÉ MAGNÍFICA EXCUSA, PARA ESCRIBIR, DA EL CINE! Audioteatro. Bogotá, 1952. Ex-Radio 3, es guionista y escritor. Trabajó en Radio Peninsular de Madrid. En Radio 1. En Radio Juventud de Madrid. En Onda Madrid. En el Cuadro de Actores de Radio Nacional. En el área de cultura de los Informativos. Arkham 3. Juventud y Pitanza. Zona Roja. ¡Qué alegría ser mayor! 65 Días en Poquín. Los teatros en La Casa Encendida…