La caracola del Nacimiento

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Los misterios que encierra la Navidad resultan insondables. Se trata de una gran fiesta cósmica, en laque se celebra el nacimiento del sol, la llegada de un cometa, y el advenimiento del Mesías cristiano. «Demasiadas visitas estelares, como para permitir que alguna se nos escape», debieron pensar las autoridades de Belén.

 

Para evitarlo, instalaron una extraña antena de caracola, sobre el puente que cruza el río fósil del pueblo. Algunos veían en el insólito artefacto una oreja; otros, una boca ladeada; y la mayoría coincidía en que se trataba de una vulva entreabierta. En cualquiera de los casos, a través de los labios de esa concha parabólica, se presentían todos los enigmas del Universo.

 

Por otra parte, hay que advertir al lector, que esta concha misteriosa, fue originariamente una lamparita. Compróla Faba en su última visita a Malta, hace ya  más de veinte años. La descubrió entre los restos del naufragio de la tienda de conchas y caracolas más hermosa, que había existido nunca en la ciudad. Pasar junto a su escaparate, era como caminar junto a un corte en sección del suelo marino. 

 

El dueño de la tienda acababa de fallecer unos meses antes de que Faba llegara. Su estancia coincidió con la venta que estaba realizando su viuda, de las piezas más preciadas que se había reservado el difunto, a lo largo de toda una vida de caracolero. Trabajaba las conchas marinas como si estuvieran hechas de madera de pino. Las serraba, atornillaba, lijaba, pintaba y manipulaba hasta convertirlas en objetos poéticos. No es de extrañar, pues, que uno de los hijos de este comerciante poeta, saliera artista. Desarrolló su trabajo pictórico en Nueva York, lejos también de su querida isla de Malta. Se llama G. Serrán P. y sólo reproducimos completo, el apellido que debió heredar de su padre.

 

La concha cercenada por el Señor Serrán, (y cuya parte posterior usó como soporte de la concha erguida), lleva en su interior pintada -al óleo- una marina, sobre la que el visionario artista pegó la calcamonía de una airosa carabela, alejándose de puerto.