La Catedral del Diablo

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En algunas puertas y ventanas de Zugarramurdi (la aldea de las cuevas del aquelarre, y de las famosas brujas) cuelgan ramilletes de flores y hojas del bosque. ¿Será por ahuyentar las energías del mal, o como seña de la identidad sobrenatural del paraje?

 

La Naturaleza pasa su lengua verde por Zugarramurdi; en el fondo del valle, el arroyo salta en cascadas, tras haber realizado la regata del infierno, cruzando por el interior de las cuevas. Los pueblos celtas, ajenos a la tradición greco latina, adoraban a los dioses del bosque. La lluvia cubre con su manto a la diosa Agua en Zugarramurdi.

 

Dicen que aquí nació la palabra akelarre, que significa “el prado del cabrón”. Pues la leyenda relata que un gran macho cabrío que pastaba en el prado vecino a las cuevas, se convertía en un ser colosal de aspecto humano, al reunirse las brujas en la noche del sábado.

 

Al borde de la frontera con Francia, a los pies de los Pirineos Atlánticos, a menos de cincuenta kilómetros del  Cantábrico, es Zugarramurdi un centro energético, un lugar de Poder, donde la Naturaleza impone respeto. Quizás por todo esto se conozca a este racimo de caseríos y a sus alrededores, como la Catedral del Diablo.