La Champions la ganó Alemania

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No se nace mujer, te conviertes en ella y hagas lo que hagas serás el segundo sexo y por ello, ganes lo que ganes, serás campeona de segunda.

 

La Champions la ganó Alemania, y se disputó en Getafe, compruébenlo aquí:  El Postdam conquista su segunda Liga de Campeones.

 

Vale, he hecho trampa, debería haber matizado: La segunda Champions la ganó Alemania. Sí, la segunda, esa que no es noticia, que no provoca desvanecimientos, colapsos en la vía pública, meses de comentarios previos y meses de comentarios posteriores, aperturas de telediarios y muchas, muchas portadas. Esa  de la que no sacará conclusiones cuasi-místicas Jose Ramón de la Morena. Esa que juegan las chicas pero que las chicas no ven, prefieren ver y comentar la de los chicos. Las chicas y el fútbol. Hinchas solidarias, comentaristas que hacen los deberes o las elegidas por los dioses, que como no son tontos, las prefieren modelos. Esos son los tres lugares que el fútbol nos ofrece a las mujeres.

 

¿Cómo pueden las mujeres no sólo permanecer pasivas ante la invasión de un deporte  que monopoliza tiempos y espacios, sino además participar obedientes en el lugar marginal que en él se les ha asignado?

 

Metáfora perfecta del patriarcado: no sólo se trata de que las mujeres vistan con ropas que les impidan moverse, se trata de que ellas mismas se empeñen en abrochárselas.

 

Y mientras tanto, otras chicas, en otra Copa, en otra Europa, en otro mundo, juegan al fútbol probablemente con la misma ilusión y el mismo esfuerzo que sus compañeros, pero con muchísimo más mérito. Más mérito porque mientras se convertían en mujeres, ninguna de ellas encontraba en un telediario o en la portada de algún periódico espejos en los que mirarse, mujeres reales que fueran lo que ellas querían ser: jugadoras  profesionales de fútbol. Ni hinchas, ni comentaristas, ni mucho menos modelos. Todas tuvieron que hacer un esfuerzo extra para imaginarse «campeonas de Europa». Lástima que en esta Champions 2010, también vayan a tener que hacerlo miles de niñas.

Pilar Pardo Rubio. Estudió Derecho en la Carlos III y continuó con la Sociología en la UCM, compaginando en la actualidad su trabajo de asesora jurídica en la Consejería de Educación y la investigación y formación en estudios de Género. Desde el 2006 colabora con el Máster Oficial de Igualdad de Género de la Universidad Complutense de Madrid que dirigen las profesoras Fátima Arranz y Cecilia Castaño. Ha participado en varias investigaciones de género, entre las que destacan la elaboración del Reglamento para la integración de la igualdad de género en el Poder Judicial de República Dominicana (2009), Políticas de Igualdad. Género y Ciencia. Un largo encuentro, publicada por el Instituto de la Mujer (2007), y La igualdad de género en las políticas audiovisuales, dentro del I+D: La Igualdad de Género en la ficción audiovisual: trayectorias y actividad de los/las profesionales de la televisión y el cine español, que ha publicado Cátedra, con el título "Cine y Género". (2009). La publicación ha recibido el Premio Ángeles Durán, por la Universidad Autónoma de Madrid y el Premio Muñoz Suay por la Academia de Cine.   La mirada cotidiana que dirigimos cada día al mundo en que vivimos es ciega a la las desigualdades que, sutiles o explícitas, perpetúan las relaciones entre hombres y mujeres; visibilizar los antiguos y nuevos mecanismos, que siguen haciendo del sexo una cuestión de jerarquía y no de diferencia, es el hilo conductor de "Entre Espejos". En sus líneas, a través del análisis de situaciones y vivencias cotidianas y extraordinarias, se ponen bajo sospecha los mandatos sociales que, directa o indirectamente, siguen subordinando a las mujeres e impidiendo que tomen decisiones, individuales y colectivas, críticas y libres, que siguen autorizando la violencia real y simbólica contra ellas, que siguen excluyendo sus intereses y necesidades de las agendas públicas, que siguen silenciando sus logros pasados y presentes, que, en definitiva, las siguen discriminando por razón de su sexo y hacen nuestra sociedad menos civilizada, a sus habitantes más pobres e infelices, y a nuestros sistemas políticos y sociales menos democráticos y justos.