La chayocracia

0
213

 

Volver a Nicaragua es visitar la desesperanza. Probablemente no hay un pueblo latinoamericano que haya dado más colectivamente por el sueño de una sociedad nueva y, probablemente también, no hay pueblo más castigado. Después del fin de la revolución (por cortesía de Washington y del desgaste guerrero) y de 16 años de neoliberalismo mafioso del peor cuño, regreso Daniel Ortega. esta vez ya no controlado por su hermano Humberto, sino por su esposa: Rosario ‘Chayo’ Murillo, que mantiene la dirección del Gobierno sentada en el vulgar chantaje de haber abandonado a su hija Zoilamérica cuando ésta denunció a Daniel por violación sexual repetida durante años.

 

La Chayocracia -un curioso sistema autoritario que mezcla populismo, semántica socialista, cristianismo, estétitca pop y esoterismo- está instalado y costará librarse de él. Nada se mueve sin que el FSLN y Chayo lo autorice. Candidatos municipales, asignaciones de casas sociales, patrocinios, pequeños gestos de la política cotidiana… todo es manejado por el tándem presidencial con la ayuda de personajes inverosímiles. El cardenal Obando o Edén Pastora, antiguos enemigos a muerte de la Revolución y del FSLN, Bayardo Arce, ex comandante revolucionario y ahora uno de los hombres más poderosos del frente empresarial, Lenín Cerna, quien ha reeditado la temida seguridad del Estado pero de forma paralela al Estado…

 

Es duro volver y ver Managua convertida en un cake navideño de mal gusto rodeado de la miseria habitual enquistada durante la década de los noventa, es triste ver que lo bueno (una inversión desconocida en vivienda social o una pavimentación masiva de las carreteras del país) está condicionado a la comunión total con el régimen. Pero lo más triste es el oscurantismo. La falta de transparencia gubernamental está alimentando el volcán de los rumores, las especulaciones, los inventos y los mitos urbanos alrededor de la pareja presidencial y su círculo cercano.

 

La Chayocracia es nociva para la salud espiritual de los nicas y para la salud de la democracia participativa. He sentido la depresión colectiva y la polarización progresiva. Y para completar el cuadro… la ausencia de contrapesos. Un Movimiento de Renovación Sandinista arrinconado en su pose intelectual y la distancia abismal de las bases, una derecha tan cenutria como siempre, y una sociedad antes organizada y ahora desorganizada entorno al unanimismo obligado desde el poder….

 

Quien se autodefina sinceramente de izquierdas no puede apoyar el delirio de la Chayo y su combo. Quien crea en la construcción de alternativas a este sistema perverso capitalista no puede caer en la pesadilla repleta de luces de colores que está construyendo esta mujer desde su entramado clientelista…

 

Me perdí en Otramérica, esa que no es Iberoamérica, ni Latinoamérica, ni Indoamérica, ni Abya Yala... y que es todas esas al tiempo. Hace ya 13 años que me enredé en este laberinto donde aprendí de la guerra en Colombia, de sus tercas secuelas en Nicaragua, de la riqueza indígena en Bolivia o Ecuador, del universo concentrado de Brasil o de la huella de las colonizaciones en Panamá, donde vivo ahora. Soy periodista y en el DNI dice que nací en Murcia en 1971. Ahora, unos añitos después, ejerzo el periodismo de forma independiente (porque no como de él), asesoro a periódicos de varios países de la región (porque me dan de comer) y colaboro con comunidades campesinas e indígenas en la resistencia a los megaproyectos económicos (porque no me como el cuento del desarrollismo). Este blog tratará de acercar esta Otramérica combatiendo con palabras mi propio eurocentrismo y los tópicos que alimentan los imaginarios.