La Condesa de Monterrey. (Crítica de «La reina del sur»)

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Dos semanas lleva emitiéndose la nueva serie de Antena-3 TV, La reina del sur, y desde su primer capítulo viene llamando la atención poderosamente: tiene –como su protagonista- personalidad propia.

 

El buen estado de salud de la series de ficción televisivas nacionales, no deja de manifestarse en la incesante emisión de nuevos productos de notable calidad artística. Si Amar en tiempos de guerra y su continuación Amar en tiempos revueltos, abrieron la brecha para conquistarle la parrilla de sobremesa a los culebrones sudamericanos; en A-3 TV, Bandolera, y sobre todo El Secreto de Puente viejo, (bien producido y mejor interpretado, por un elenco de actores españoles de nueva cuna para estas lides televisivas), continúan con éxito la reconquista horaria de audiencias para las series nacionales. Tras la consolidación de El Barco en la noche de los lunes en A-3, y de Ángel o demonio, los martes en la noche de Tele-5; Antena 3 ha hecho otra fuerte apuesta, invirtiendo en La reina del sur grandes expectativas de audiencia.  

 

Establecer un puente argumental entre el narcotráfico en la frontera mejicana con Estados Unidos, los narcotraficantes gallegos, y el tráfico de drogas e inmigrantes en Melilla, resulta todo un hallazgo. La asociación de hechos estaba ahí, en el aire, sólo había que escribir la historia que enhebrara estos tres melodramas con el mismo argumento. Arturo Pérez Reverte ha hecho bien su trabajo escribiendo esta novela de gran originalidad y actualidad temática. Desconoce Faba el libro en que se basa, (pues este autor no se ha encontrado nunca entre sus debilidades), pero es de justicia reconocer, que las historias por él contadas, funcionan perfectamente en el cine o la televisión, como viene  a demostrar esta nueva y conseguida serie.

 

Gracias a lo bien escrito que está el guión de La reina del Sur, los intérpretes pueden realizar un mejor trabajo en la composición de sus personajes. La actriz mejicana Kate del Castillo interpreta a una compatriota suya, en exilio forzoso en España, y convence totalmente al público televisivo. Posee los arrestos –o así los muestra- de su personaje de viuda de narcotraficante, que tiene que huir para salvar la vida, y abrirse camino en uno de los pocos reductos del sueño africano de la madre patria. Teresa Mendoza –su personaje- tendrá que sobrevivir, tanto a sus dolorosos recuerdos, como a los conflictos que le toca vivir junto a sus nuevos compañeros en esta ciudad española fronteriza.

 

El submundo de la prostitución, el tráfico de drogas, y el comercio establecido con los subsaharianos, que quieren alcanzar a toda costa la orilla española, sitúa las coordenadas temáticas de La reina del sur; sin olvidar la corrupción policial y política de ambos lados de la frontera. Trata esta serie un tema de candente actualidad, sin complejos ni tribulaciones. Esta reina está más interesada en contar su historia a un ritmo trepidante, (y esto no es sólo cuestión de velocidad, sino de intuición, sensibilidad e inteligencia), que de intentar cumplir con los cánones marcados por exitosas series foráneas. Las acciones paralelas que sostienen habitualmente el argumento de estas series, están aquí bien concebidas y mejor conjugadas por una eficaz dirección y montaje. Los personajes no se muestran al espectador sólo hablando, sino mirando, accionando y tomándose todo el tiempo necesario, para que los valiosos detalles del argumento queden claramente destacados.

 

Con un elenco variopinto y exótico, los actores nacionales que en ella participan, realizan un destacado trabajo: no se parecen en nada a otros roles interpretados por ellos mismos en series televisivas previas. O están muy bien tratados por los guionistas, o mimados en el plató de rodaje, o certeramente dirigidos, pero el resultado de su trabajo colectivamente es óptimo. Los intérpretes de los personajes marroquíes son otro de sus ricos hallazgos. Si el personaje de Driss -regente del prostíbulo- está bien escrito, su intérprete compone un personaje rotundo, lleno de fuerza dramática y potencia expresiva. Todo fluye correcta y vigorosamente entre los personajes, arropados por una sabia música conductora, que ayuda a despertar las emociones previstas en los telespectadores.

 

Igualmente hay que destacar el excelente diseño de producción de la serie. Nada resulta chapuza, ni a medio fraguar, o desdibujado; tanto las trepidantes escenas de persecuciones y huidas marítimas, como las tórridas escena románticas, o las peleas y ajustes de cuentas entre las prostitutas del cabaret de Melilla, están muy bien realizadas. 

 

También resulta otro acierto el alto voltaje erótico de algunas de sus escenas. La pasión ronda el mundo de los narcotraficantes, los hombres poderosos y ricos exigen las más bellas hembras para su particular deleite, y la ostentación de su clase. Estos contrabandistas de lujo saben que pueden estar viviendo su última hora en cada instante. Son carne de atentado, hijos predilectos de la muerte, por tanto. Por eso se rodean de huríes, para acostumbrarse a la vida inminente en su paraíso. En estos ambientes de hombres malos y chicas buenas, el sexo es una de las principales monedas de cambio, por no decir de supervivencia. Resultaba necesaria su presencia en este cóctel tan mortal como afrodisiaco.   

   

Desconoce Faba el desarrollo del argumento de la serie y si Teresa Mendoza regresará convertida en reina del sur de España a su Méjico natal; pero si lo hiciera, podría resultar como una nueva Condesa de Montecristo. La dureza de la propia vida habría fortalecido al personaje, y el poder alcanzado podría permitirle una sabrosa y definitiva venganza. Arrestos no le faltan a esta reina del sur para conseguirlo, cuenta con la muerte, la ambición, la injusticia y el dolor vivido, para ajustar las cuentas a quien haga falta.

 

La reina del sur se emite los miércoles por la noche, compitiendo con el exhibicionista y suculento Spartacus británico, que programa a esa misma hora el Canal 4. Tampoco sabe Faba cómo va el resultado de este asalto de lucha mediática, pero apuesta a todas luces por la serie española. Resulta mucho más estimulante la vitalidad con que está contada la historia de esta heroína de la supervivencia, que el mórbido ludus romano de gladiadores, por mucha sangre y mucho pene erecto que muestren los australianos al respetable. Aunque sobre Spartacus, pretende escribir Faba próximamente con más detalle; este Sebastiane televisivo se merece una crónica aparte.