La credibilidad de un hombre

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La verdad y la mentira son conceptos sociales improbables, su existencia se encuentra en el grado de credibilidad con la que se niegan o afirman. 

 

Tu objetivo será estimular a líderes de países pobres para que entren a formar parte de los intereses comerciales de Estados Unidos, más tarde estos lideres y sus economías quedarán atrapados en la rueda del endeudamiento, esto nos garantiza su lealtad, así siempre podremos recurrir a ellos para satisfacer nuestras necesidades políticas, económicas o militares.


Estas palabras fueron las que el ex-agente John Perkins escuchó cuando empezó a trabajar a las órdenes de la National Security Agency de los Estados Unidos. Esta es su historia.

 

Pero, ¿cuál era la labor de Perkins?

 

Básicamente fuimos entrenados para construir el imperio norteamericano. Para tratar de conseguir la mayor cantidad de recursos para los Estados Unidos, las corporaciones y el Gobierno. Hemos construido el imperio más grande de la historia que se ha llevado a cabo durante los últimos 50 años desde la Segunda Guerra Mundial, realmente con muy poco poderío militar. Este imperio, al contrario que cualquier otro en la historia, se ha construido principalmente a través de la manipulación económica, las estafas, el fraude, la seducción sobre nuestro estilo de vida, y a través de los sicarios económicos. Yo fui, seguro, una parte de todo esto.

 

John Perkins, tras años de trabajo para las corporaciones occidentales, ha escrito un libro sobre las prácticas que llevan a cabo en países con menor desarrollo… Sólo un dato. En la década de los 90 Perkins aceptó medio millón de dólares para que no publicara sus memorias.

 

Entonces, ¿por qué terminó decidiéndose a publicar su historia? Según él, los atentados del 11 de septiembre le hicieron abrir los ojos. Para Perkins los atentados fueron una consecuencia directa de lo que los supuestos sicarios de la economía y sus jefes estaban llevando a cabo al otro lado del planeta. Por tanto, desde aquel día empezó a considerar que todos esos esfuerzos económicos y de persuasión debían ser dirigidos a lograr cambios positivos en el mundo y no a enriquecer las cuentas de unos pocos (incluido él).

 

¿Cómo cambian el mundo estos supuestos sicarios económicos?

 

Para empezar, estos agentes privados se desplazan a países relativamente pobres con abundantes recursos naturales. Una vez allí ponen en marcha el método, que se repite una y otra vez desde América Latina hasta África o Asia. Este método de explotación es relativamente sencillo de aplicar: los agentes, bajo mando de los Estados Unidos, proporcionan vía corporaciones los mecanismos necesarios para extraer los recursos naturales en esos países pobres. Debido a que son las multinacionales occidentales las que prestan la tecnología, exigen la mayor parte del beneficio. Con el beneficio restante los dirigentes del país sin recursos deben abonar la deuda externa más intereses que han contraído en la construcción de infraestructuras.

 

 

Perkins menciona que el método funciona en el 99% de los casos.

 

Identificamos un país en el tercer mundo que posea recursos que nuestras corporaciones quieran, como petróleo, y luego arreglamos un gran préstamo a través del Banco Mundial o alguna de sus organizaciones hermanas. Pero el dinero no va en realidad al país, se dirige a las corporaciones de Estados Unidos que construyen proyectos millonarios en esos países tales como redes de energía, parques industriales, puertos, autopistas… En definitiva, cosas que benefician sólo a unos pocos ricos pero que nunca llegan a los pobres. Estos no están conectados a las redes ni tienen las habilidades para trabajar en un parque industrial, pero en cambio sí sostienen el peso de la enorme deuda. Y esta es tan inmensa que es imposible que ese país del tercer mundo pueda pagarla en las condiciones exigidas por los organismos económicos internacionales. Un tiempo después, los sicarios económicos volvemos al país y planteamos una salida, la única salida, ellos nos deben un montón de dinero que no pueden devolver y nosotros queremos sus recursos a un precio muy bajo.



 

Este es el juego, así consiguen las grandes corporaciones los recursos necesarios a bajo coste, aunque esto signifique la ruina de muchos países. Cuando esta primera fase del método falla entran en juego lo que Perkins define como chacales (agentes de la CIA). Estos agentes según Perkins son especialistas en desestabilizar un país, ya sea provocando golpes de estado o eliminando a líderes locales que se oponen a estas estrategias de saqueo a gran escala. Pero si estos agentes también fallan queda una carta, el ejército. Casos como Irak o Afganistán son para Perkins prueba de este último recurso.

 

Para ocupar un país con recursos sólo hace falta un buen plan.

 

Según Perkins este consta de tres pasos, primero buscar un enemigo, en este caso el terrorismo islamista; segundo bombardear a la opinión pública con noticias sobre amenazas y peligros si no se actúa rápidamente, y tercero, mencionar que esa guerra es en nombre de la libertad, palabra que desgraciadamente se ha vaciado de contenido. Un cóctel agitado por los medios de comunicación de masas servido entre barras y estrellas que tiene como resultado una guerra a miles de kilómetros de los Estados Unidos.

 

El caso de Arabia Saudí

 

A mediados de la década de los 70 los sicarios económicos se desplazaron a Arabia Saudí para sellar un trato con la casa real. Este consistiría en apoyar a la actual monarquía saudí a cambio de que esta invirtiera la mayor parte de sus petrodólares en bonos gubernamentales de los Estados Unidos. Posteriormente el departamento del tesoro estadounidense usaría el interés de estos bonos para contratar compañías norteamericanas que construirían las nuevas ciudades e infraestructuras de Arabia Saudí. Esto explica las magnificas relaciones entre ambos gobiernos a pesar de la implicación de decenas de saudíes en atentados contra intereses norteamericanos, incluido un tal Bin Laden.

 

El papel de los mass media.

 

Algunos medios como empresas dependientes de algunas corporaciones o como beneficiarios de ingentes sumas de dinero por ingresos publicitarios han terminado haciendo el juego a las corporaciones y a los dirigentes gubernamentales en las estrategias de obtención de recursos en el tercer mundo. Como ejemplo, podemos incluir desde la campaña mediática en favor de la invasión de Irak al constante desprestigio de líderes como Evo Morales o Rafael Correa. Gobernantes con los que se podrá estar o no de acuerdo por sus dudosas actuaciones, pero se debe reconocer que han sido elegidos democráticamente por los ciudadanos de Bolivia y Ecuador. Lo más grave de esta cuestión es que los ciudadanos occidentales terminamos aceptando como normal la injerencia extrema de Estados Unidos en la política nacional de determinados países. Pero nos rasgamos las vestiduras si se producen intromisiones políticas en nuestros territorios.

 

No parece casual la poca trascendencia en los medios de un libro que explica con detalle cómo supuestamente durante décadas se ha estafado y se sigue estafando a países pobres imponiéndoles unas condiciones económicas nefastas, así como se ha eliminado o intentado eliminar cualquier amenaza local a este sistema asimétrico aunque esto haya supuesto miles de vidas.

 

De ser cierto el relato de John Perkins (que se debe poner en cuarentena por su pasado), surgen algunas preguntas: ¿cómo países que se hacen llamar democráticos permiten o fomentan estas atrocidades en el tercer mundo?, y, ¿por qué los ciudadanos occidentales miramos para otro lado ante el expolio de los recursos de otros países? Para esta última pregunta sí tengo la respuesta. Este negocio asimétrico entre grandes corporaciones y países pobres nos permite comprar miles de productos a un precio menor. Ahh, que es el bolsillo, siempre es el bolsillo.

Luis Calderón. Periodista y diseñador gráfico en continua formación. Entusiasta de la cultura alemana, la literatura y los nuevos medios digitales. Especializándome en comunicación empresarial y medios sociales. Este blog es una mirada diferente al mundo del periodismo  Dímpel Soto Haciendo honor a su tierra de origen, esta gallega (Vigo, 1984) ha vivido en Galicia, Barcelona, Londres y Madrid. A veces por trabajo, a veces por supervivencia. Periodista de vocación, ha trabajado como redactora y productora de televisión (BTV, TVE, Goroka.TV), así como en prensa digital (UABDivulg@) y gabinetes de comunicación. A día de hoy reflexiona sobre su futuro en dimpelsoto.wordpress.com y se declara adicta al Community Management. Proponedle una entrevista y moverá el mundo... por conseguirla.