La cruda realidad

0
259

 

Todos los comienzos de curso, mientras me termino de afeitar me planteo la misma pregunta: me disfrazo a la inglesa (americana de cuadros, corbata de lana y pantalón de algodón chino tipo chino) o por el contrario aparco la formalidad y los vaqueros y camiseta se convierten en el atuendo para dar la bienvenida a la masa desbocada que me tocará domar.

 

Frialdad y distancia o camaradería… ambas opciones cuentan con ventajas e inconvenientes, sobre todo para un cuarentón deseoso todavía de provocar algo más que admiración en la grada. Andaba despejando esta compleja ecuación cuando una llamada telefónica de la uni me sacó de mis cavilaciones. Una angustiada voz me reclamaba, tenía que acudir a la facultad antes de mi hora porque el Imbécil la había vuelto a montar.

 

No sé por que extraño axioma, el grado de eficacia del personal que trabajamos en la docencia universitaria es inversamente proporcional al puesto que ocupamos en el escalafón. De ahí que el vértice de la cúspide este ocupado por el Imbécil, apelativo cariñoso con el que conocemos a nuestro decano: un atildado personaje más ocupado en ordenarse (que no peinarse) el escaso cabello que todavía corona su cabeza, en golpearnos con la elegancia de sus trajes de raya diplomática de mercadillo y sus camisas de colores indescriptibles, pero rematadas en cuello y puños blancos (¡vamos! un dandi de todo a cien) y demostrarnos su autoridad con discursillos de entrenador del equipo de barrio que siempre pierde.

 

Presuroso opté por la vía de la formalidad, no vaya a ser que tenga que participar en una revolución y ya se sabe que las de los descamisados no conducen a ninguna parte, y por la vespa en lugar del coche. Dos horas antes de lo previsto me enfrentaba al presente.

 

El Imbécil no había hecho sus deberes -o los había hecho demasiado bien- y cerca de una tercera parte de la facultad se encontraba que, o bien no iba a ser contratada, o bien no podría culminar el curso porque no había fondos suficientes y, por lo tanto no se podían cubrir todas la plazas. A principios de verano llegaron las pertinentes órdenes de la superioridad (política por supuesto) en forma de tijeretazo que bien se ocupó de ocultar, pero cumplir escrupulosamente (que no se diga que es no es corresponsable con sus superiores y un maestro del «si señor, lo que mande el señorito»). Por que al fin y al cabo el primer mandamiento es «no molestar» al de arriba y a los demás -alumnos incuidos- que les den.

 

Entre carreras, llantos y gestos de incredulidad, los tocados por la fortuna, que tenemos plaza y mando en algún departamento, tuvimos que apresurarnos en construir un plan de crisis que frenara la hemorragia que amenazaba con colapsar el primer día de clase. Echamos mano de esa actividad extra que aunque no parezca se realiza en todos los campus, y que algunos nos atrevemos a llamar investigación.

 

Porque, además de impartir nuestros escasos conocimientos en clase, en los departamentos que no nos dedicamos a subir genuflexos al decanato (y que cada cual piense lo que se puede hacer en tan antiestética posición) utilizamos nuestro tiempo en desgranar proyectos de investigación, partidas que van a permitir salvar el cuello (y el resto de los aditamentos que se echan al cocido) de una buena parte de los despedidos.

 

Eso sí, que quede claro, que este año no sólo no desciende el presupuesto para la Educación (la Superior y las otras), sino que se mantiene en la senda de crecimiento para prepararnos afrontar el futuro y salir de la crisis. Palabra de ministro (con foto dónde, cómo no, el Imbécil tiene reservado un puesto de honor).

Jesús Pintor Just es natural de Vigo. Nacido el 26 de diciembre de 1964, comenzó sus estudios de Biología en la Universidad de Vigo. Se trasladó a Madrid a finalizar dichos estudios licenciándose en el año 1989. Un año antes ya se había unido al grupo que la profesora M. Teresa Miras Portugal había consolidado en el Departamento de Bioquímica de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense, donde se doctoró en 1993. Durante los años 1994 y 1995, realizó su estancia posdoctoral con el profesor Geoffrey Burnstock en Londres, Reino Unido, para posteriormente reintegrarse a sus tareas docentes en Madrid. En la actualidad compagina sus tareas docentes e investigadoras con la figura de Subdirector de Investigación y Nuevas Tecnologías en la Escuela Universitaria de Óptica, dirigiendo a un grupo de 12 investigadores. En el plano científico ha publicado más de 100 artículos en revistas internacionales. Inventor de 12 patentes para el tratamiento de diversas patologías oculares y condrodisplasias, ha sido galardonado como mejor joven neuroquímico europeo (1994) y recientemente como mejor emprendedor de la Comunidad de Madrid por sus ideas para el desarrollo y explotación de las patentes de las patologías oculares y por la mejor idea para la creación de una empresa de base tecnológica. 
 Eduardo Costas. Es doctor en Biología, catedrático de universidad y doctor vinculado al CSIC. Iconoclasta por definición, ha trabajado en diferentes instituciones y desarrollado su investigación en diversos campos, básicamente en genética evolutiva y ecología de microalgas. Ha elaborado desarrollos aplicados (patentes, transferencia de tecnología). Siempre ha estado interesado en la divulgación científica. 
 Victoria López-Rodas. Coordinadora de ciencia. Es doctora en Veterinaria, profesora titular de universidad y doctora vinculada al CSIC. Trabaja en mecanismos genéticos de la adaptación de microorganismos fotosintéticos tanto a ambientes naturales extremos como a los efectos del cambio global antropogénico. Además es una de las mejores expertas en fitoplancton tóxico y sus efectos en aguas de abastecimiento, acuicultura y fauna salvaje.