La elegancia castrada

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“Fíate tú que luego a los tíos que escriben estos textos los hacen alcaldes”, me dice mi amiga Carla. Si, Carla, fijo que sí…

 

Iba a escribir del rotondas, porque se ganó a pulso un segundo post (véase mi post anterior) pero me llega de repente un mensaje inesperado. De estos que te dejan huella. De los que te hacen reír a primera vista pero que luego lo piensas y dices, no, esto tiene que ir al blog. De cabeza. Así que aquí estamos, pasando calor y en pocas palabras, cagándome en la puta cara de algunos tíos… Perdón, que es que me va a venir la regla y con este baile de hormonas, me enciendo. Y es que mi karma últimamente está enfrentado con los sujetos hombres, que lo sabe muy bien mi amigo virtual Christian (os juro que existe, que vive en Galicia, que no es un amigo imaginario). Pero venga, al toro. El mensajito de marras que reproduzco a continuación me llegó vía una aplicación de ligoteo pero que igual me podía haber llegado por sms o incluso, correo postal, que de algo tendrán que vivir en Correos digo yo. El texto es una clara demostración de la falta de elegancia manifiesta que manifiestan, valga la redundancia, los hombres. De ahí que este post se titule La elegancia castrada.

 

“Hola, me llamo raul (va en minúsculas y sin acento) y la acometo para hacerle una propuesta inusual pero seria y veraz, busco una amistad estable para que de vez en cuando y por el morbo que me produce me chupe la polla por dinero, la idea sería vernos una o dos veces por semana para ello y por una cuantía determinada a convenir, mis fotos están todas en el área privada las públicas no son mías son de otra persona totalmente distinta pues aunque no veo nada malo en esto tampoco es algo como para airearlo por ahí, así que si deseas verme tendrás que pedirme acceso y si deseas saber algo más estoy a su disposición para satisfacer su curiosidad, gracias”.


A ver, lo primero primerísimo: cacho cabrón, los signos de puntuación. Un poquito de puntos o de comas, que tú lo anterior te lo lees de corrido y te has ahogado a la mitad del párrafo. Hombreya.

 

Segundo: “la acometo”. La acometo. ¿La acometo? Se me ocurre que quería decir este sujeto “la meto” y que el verbo se le hizo carne y se confundió pero, ¿la acometo? A ver hijo, mira que hay expresiones para iniciar una conversa: me dirijo a Vd, (quizás demasiado formal), el manido “Hola qué tal?”, quería decirte… En fin, que fórmulas hay mil pero lo de acometerle a una suena rancio rancio. A mí una vez en Santander, en la Vega del Pas, me dijeron “¿Arrecometis chicona?». Pero lo de la acometo no me lo habían dicho nunca, no.

 

Tercero: chupar la polla por dinero. A ver, yo nunca había explorado en mi vida, ni personal ni profesional, esta vertiente. No digo yo que no sea una buena forma de redondear los magros ingresos de una periodista freelance. Yo, cuando la chupo, normalmente la chupo gratis y dentro de una relación de confianza (más o menos confianza). De verdad, que lo de la vertiente dineraria nunca me lo había planteado y no me desagrada por las razones que he esgrimido pero… ¿cómo se la voy a chupar sin verla previamente antes? Vamos, digo yo, ¿no? ¿Y si tiene un pollón que no me cabe en la boca? Peor, ¿y si tiene un micro pene que me generaría risa? O mucho peor incluso, ¿y si lo tiene lleno de pústulas dada su afición a ir planteando sexo oral a diestro y siniestro sin conocer al destinatario del mensaje? No: uno no puede ir pidiendo estas cosas, aunque sea una mera transacción dineraria, sin haber visto previamente el material. Otra cosa hubiera sido recibir el mensaje con un despliegue gráfico, en la que una puede evaluar la tranca de la que estamos hablando. Eso es otra cosa, ¿no? Vamos, digo yo…

 

Cuarto: “vernos una o dos veces por semana”. Vamos a ver, criatura, ¿tú sabes el lío que tengo yo de vida como para que encima tenga que hacer un hueco para chupártela a ti (por dinero, que no se nos olvide) un par de veces a la semana? Con el lío que tengo yo: la casa, la compra, los niños, el marido, los artículos, los amantes, actualizar el blog, el gato.. No, no me vengas imponiendo agenda. Lo de chuparla por dinero puede ser, pero, ¡imponerme una agenda a mi, que soy freelance, noooo!

 

Quinto: “si deseas verme tendrás que pedirme acceso”. Mira, hablando en plata y para que nos entendamos todos: te va a pedir acceso tu puta madre. O mejor: tuputamadre todo junto. No, no deseo verte. Ni aunque el devenir de la Humanidad dependiera de ello. Ni con cuantía a convenir ni sin cuantía a convenir.

 

“Fíate tú que luego a los tíos que escriben estos textos los hacen alcaldes”, me dice mi amiga Carla. Si, Carla, fijo que sí…

Vengo de París, como casi todos los niños, y me he pasado la vida entre Francia y España (aunque me defino extremeña). Empecé escribiendo de economía en Capital pero tras ocho años en los mercados bursátiles, y demostrando ser de perfil arriesgado, me hice freelance. He colaborado con los principales medios de este país y escrito varios libros de sexo, el último, "Hola, sexo: anatomía de las citas online (Arcopress)". Este blog es a consumir sin moderación pero ¡tampoco te lo creas todo!