La intensidad nacional del «gaokao»

0
213

El examen de acceso a la universidad en China (gaokao) se vive con mucha mayor intensidad que la selectividad en España. Se trata de una intensidad nacional que trasciende el propio nerviosismo individual o familiar por jugarse el futuro y muchos años de esfuerzo en las aulas en apenas tres días. Buena parte de los aspirantes se han liberado hoy del examen. Aun así, la prensa china sigue incluyendo información relativa al gaokao en primera página. «Tres muertos durante el examen», leo a primera hora en la portada del Global Times. Aun conocedora de las leyendas urbanas respecto a las víctimas de la presión académica, el titular me deja asombrada. Pero cuando avanzo en la lectura de la noticia y descubro que esos jóvenes se suicidaron por haber hecho un mal examen el lunes, me quedo anonadada.

La intensidad nacional del gaokao se puede entender como un reflejo de la propia presión demográfica. En China hay mucha gente y muy pocas universidades con prestigio en las que merezca la pena estudiar y licenciarse. Siendo exigentes, se pueden contar con los dedos de una mano. Aun así, el nivel educativo sigue teniendo gran peso para ascender en una escala social en la que cada vez hay más huecos, fruto del aumento de las desigualdades. Las familias lo saben y depositan sus esperanzas respecto al futuro de su hijo o hija en los resultados del gaokao. ¿Y qué pasa con aquéllos que no superan el examen o no logran plaza en una universidad? Estoy segura de que la frustración los carcomerá durante toda su vida. Muchos de ellos se convertirán en seres desdichados que recuerden su fracaso vital, lo que pudo haber sido y no fue, todos los años a principios de junio.

Vigo, 1983. Licenciada en Periodismo y Especialista en Información Internacional y Países del Sur por la Universidad Complutense de Madrid. Tras experiencias académicas y profesionales en Madrid, Freiburg, Utrecht, Berlín y Londres, en 2008 llegó la ansiada oportunidad de ampliar horizontes en Asia. Cuatro meses antes de los Juegos Olímpicos me trasladé a Beijing con un visado de trabajo pero sin propósitos definidos, abierta al descubrimiento de un nuevo mundo, y aquí sigo, observando los cambios de una sociedad en constante transición que desafía mis neuronas constantemente.