“La lectura es una práctica que enriquece a la sociedad y muchas veces salva al individuo”

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Foto: Alejandro Meter

 

Con ustedes y con nosotros, Tatiana Goransky.

¿Por qué esa costumbre de escribir de a dos tus novelas? 

Hay algo de la descompresión que me funciona para no estrujar tanto a los personajes ni ensañarme con la trama ni ponerme mal cuando llego a la mitad del libro y casi siempre me encuentro con un parate. No tengo que proponérmelo. De un día para otro me encuentro trabajando en dos textos y según el estado de ánimo o la afinidad, le dedico tiempo a uno u otro. Esto no quiere decir que las dos novelas vayan a madurar y encontrar un final con edición. Muchas veces una de ellas queda cruda, en el cajón, esperando revancha. Aunque en general va a parar a la carpeta de “todas las novelas, columnas, cuentos, crónicas y etc.” y algún día será o no retomada.

Tatiana es escritora. También cantante de jazz. Egresada de la carrera de dramaturgia de la Escuela Municipal de Arte Dramático, estudio música, cine y fotografía. Un mosaico de inquietudes intelectuales y culturales que imprime su obra narrativa.

¿Cómo te ayudó el ballet a construir personajes? 

El ballet me enseñó que sin cuerpo no hay texto, que sin cuerpo no se puede narrar una historia. Por otro lado, me ayudó a comprender que la memoria más fuerte de todas está alojada ahí. Los grandes traumas, las mayores satisfacciones, las marcas de la vida cotidiana. Nuestro cuerpo lo alberga todo, lo recuerda todo y se manifiesta cada vez que algo funciona mal o algo funciona demasiado bien. Esto lo utilizo a la hora de construir personajes, pero también en la concepción general de la obra. No hay nada como la memoria del cuerpo, fuera y dentro del papel.

¿Qué relación particular y afectiva tenés con Barcelona? 

Barcelona me dio la casa con mar, en medio de la ciudad, que pensé que nunca iba a tener. Es que siempre imaginé que mi lugar en el mundo iba a estar cerca del agua, el sedante natural más poderoso que conozco. Algo que puede parecer trivial, pero es muy importante para una persona que padece de insomnio. Llego a Barcelona (al igual que a Mar del Plata) y algo en mí se queda más quieto, más tranquilo. Por otra parte, tuve mucha suerte. Conocí colegas que rápidamente se transformaron en amigas y amigos que me abrieron sus puertas desde el primer momento. A esta altura siento que los afectos que tengo de ese lado del Atlántico constituyen una gran parte de mi vida. Y todo eso se lo debo a la literatura, ya que nunca hubiera conocido Barcelona de no haber sido por una invitación a un festival. Barcelona tiene una vida literaria muy activa y a la vez muy concentrada. Allí tengo la sensación de que con tiempo suficiente puedo llegar caminando a casi cualquier acontecimiento literario. Luego de ese primer encuentro con la ciudad y su gente, vinieron las publicaciones, más festivales, ferias, viajes, proyectos con escritoras y escritores de Barcelona e incluso un libro que se convirtió en puente y fue presentado el año pasado a ambos lados del charco. Es una ciudad a la que siempre estaré volviendo.

¿Qué papel juegan las redes sociales en la difusión del trabajo literario?

Creo que a esta altura todas y todos sabemos que necesitamos a las redes sociales para poder extender el alcance de nuestros textos. La mayoría escribimos con la ilusión de que alguien nos lea. Así, sin importar en qué rincón del mundo pueda estar ese lector, las redes nos dan la posibilidad de fomentar el encuentro. Hay muchas estrategias para que parezca que el escritor no tiene nada que ver con esos centenares de posteos que se hacen sobre las obras: editoriales grandes o con gran capacidad de llegada, agentes literarios, colegas que ayudan, amigas y amigos que sostienen parte de la movida. Pero de todos modos, con o sin estas estrategias de difusión, no me parece nada mal que los escritores apoyen y acompañen sus publicaciones.

Además, en el mundo literario actual en el que los libros están a punto de convertirse en un bien de lujo, es importante que ayudemos a desarmar precisamente esta idea, recordándole a todas y todos que los libros no son un “producto gourmet”, que la lectura es una práctica que enriquece a sociedad y muchas veces salva al individuo. Puede sonar exagerado, pero en medio del bombardeo mediático y la polución sonora que nos rodea, la lectura es y será siempre un espacio de reflexión conjunta y de silencio interior.

Todo esto no quita que a veces, solo a veces, podamos soñar con un mundo en donde las editoriales tengan una distribución interplanetaria y luego de poner el punto final uno jamás tenga que hablar sobre su propio libro. Así, la construcción del artefacto será suficiente y uno podrá volver a esa cueva segura y amorosa a encontrarse con una nueva historia. Pero seamos realistas. Nos perderíamos de todo ese contacto humano que genera sentarse alrededor del fogón a discutir un texto, experiencia que suele ser motivo de desencierro y festejo.

¿En qué sentido la escritora o escritor tiene que sentirse libre para escribir? 

No lo sé. Tengo sentimientos encontrados sobre este tema. A veces, a la hora de sentarse a escribir una novela, las restricciones ayudan más que la libertad. Ojo, no estoy hablando sobre el cautiverio o la violación de derechos humanos. Hablo sobre el oficio de escribir. Cuando todo es posible, a veces nada es posible. En varias oportunidades encontré que ponerme algunos límites me ayudaba a darle mucha más fluidez al texto. Pero también están los otros límites, los que tienen que ver con lo afectivo. Un ejemplo de esto es, para mí, la maternidad. ¿Estoy dispuesta a escribir sobre cualquier tema sin pensar que algún día mi hija va a leer el libro? ¿Creo o no creo que muchas novelas son anticipatorias? Si creo que lo son, ¿me sentiría bien escribiendo sobre muerte, violación o secuestro de niñas y niños? Esto es un simple ejemplo de todas las cosas que me pasan por la cabeza antes de poner las manos sobre el teclado. Hay gente que es más o menos supersticiosa, gente que cree más o menos en la fuerza que las palabras pueden tener sobre la realidad, gente que narra sus peores miedos y fantasmas y de esa manera los exorciza. Para mí son etapas.

¿Hay alguna novela que no hubiera escrito de haber sido madre en el momento de gestarla? Puede ser. Pero jamás lo sabré con certeza. Porque a veces la escritura se parece mucho a la maternidad, no hay un único manual con todas las instrucciones y lo que ayer nos parecía una idea genial, hoy nos parece un consejo terrible.

Tatiana también es la escritora madre. O la madre que se dedica a la escritura. O la escritura que ha encontrado un lugar en la vida de una persona involucrada en la crianza de hijos. Mundos compatibles, con sus dificultades, pero finalmente armoniosos. La crianza, la escritura y la vocación de ser eso. Madre y escritora.

Hay pocas escritoras de tu generación con cierta proyección nacional e internacional que sean madres ¿Cómo influye la maternidad en el quehacer cotidiano de escritura, promoción, lecturas, presentaciones y viajes?

Al menos en Argentina cada vez somos menos las escritoras que también somos madres. Y muchas menos las escritoras de mi generación que somos madres, tenemos libros publicados en el exterior y a veces viajamos a acompañarlos en ferias o festivales. Por suerte ha quedado claro – o al menos cada vez más claro – que la maternidad es una elección, y muchas escritoras y mujeres del ámbito cultural han prestado su voz para terminar de saldar este tema.

Sin embargo, rara vez se habla sobre las escritoras que sí decidimos ser madres. Hace poco, luego de una reunión de la Unión de escritoras y escritores, estábamos pensando que ya era hora de tener una especie de guardería para hijas e hijos de escritoras, para que no tuviéramos que arrastrar a nuestras niñas y niños a mil lecturas, reuniones, presentaciones, eventos literarios nocturnos o, simplemente, faltar. Pero – y mucho más importante – para que tuviéramos tiempo para producir obras. Es muy difícil coordinar, además del trabajo cotidiano sin el que es imposible vivir en Argentina, para poder escribir y estar presente en tantos lugares sin ninguna ayuda.

¿Acaso las escritoras y los escritores no somos como el resto de los trabajadores? No, no lo somos, pero estamos luchando para cambiarlo, para que se reconozca nuestra profesión como una más del sistema.

¿Qué influencias cinematográficas tiene tu obra?  ¿De qué modo determinaron tu forma de escribir? 

La primera carrera que estudié fue Cine. Pero no la terminé porque me daba mucha angustia reconocer los artilugios. Sin embargo, sé que fue fundacional para mi escritura, tan fundacional como la carrera de Dramaturgia o el oficio de cantante.

En la época que estaba estudiando cine me cautivaron algunos maestros del cine clásico como Hitchcock, Kubric, Godard, Kurosawa, Buñuel, Fellini, Bergman, Resnais, Murnau, Wilder, Kazan, Minelli, Donen, Welles, Kelly, Fosse, Wenders, Haneke, Passolini, Malle, Rohmer, Bertolucci, Antonioni y Herzog. Pero también estaba fascinada por las películas de aquellos nuevos – y no tan nuevos – cineastas independientes  – y no tan independientes – como Jim Jarmusch, Jane Campion, Hal Hartley, Gus van Sant, Paul Thomas Anderson, Wes Anderson, Richard Linklater, Todd Solondz, Sofía Coppola, Quentin Tarantino, Doris Dorrie, Julio Medem, Krzysztof Kieslowski, Jean Pierre Jeunet, Isable Coixet, Fernando Trueba, Francis Ford Coppola, Bigas Luna, Spike Lee, Noah Baumbach, Ridley Scott, David Cronenberg, Michel Gondry, Roman Polanski, Spike Jonze, Luc Besson, David Mamet, Lars von Triers, Jason Reitman, Alejandro Agresti, Martin Scorsese, Lucrecia Martel, Bertand Blier y siempre Claude Chabrol, Pedro Almodóvar y Woody Allen. La lista sigue creciendo día a día, pero estas directoras y directores fueron los que más me influenciaron cuando empecé a escribir. Su manera de narrar, la complejidad de sus personajes, esas atmósferas tan opresivas o delirantes, esos pequeños gestos de individualidad que después fueron en muchos casos tomados por el canon, aunque en algunos otros no.

¿Cuáles son las influencias musicales en tu literatura?

Con las influencias musicales me resulta mucho más complicado. No puedo separarme de la música, pero sí puedo separarme del cine. En el cine media una pantalla, con la música tengo una relación totalmente física. Tal vez pueda decir que, en materia de escritura, el jazz, la bossa nova y el tango influyeron con sus letras, sus tempos y armonías en gran parte de mis textos.

Tatiana Goransky ha escrito las novelas Lulupe María T, ¿Quién mató a la cantante de jazz, Don del agua, Ball boy, Los impecables y Fade Out. La escritura, como ella misma define y explica, es un proceso creativo continuo, que no descansa. Hecho de silencios, de descansos y de ritmos frenéticos que no entienden de horas, minutos ni segundos.

¿Cómo es tu proceso de creación literaria?

Termino de escribir y hago dos cosas. En primer lugar, leo el texto de corrido y si no funciona como guion cinematográfico lo vuelvo a editar. Corto y pego, vuelvo a pensar pasajes completos, extraigo todo lo que está de más, confío en la economía que me propone cada texto y siempre que dudo prefiero subescribir a sobreescribir. Es que creo que al sobreescribir estamos confiando poco en el lector. Como en esas novelas que en las primeras 100 páginas te cuentan lo mismo de diferentes maneras y así, solo así, llegan a las 500 y se posicionan bien en las mesas de las librerías. Es una estrategia de venta de libros que me explicaron más de una vez en el circuito literario español. Lo entiendo, lo acepto, pero no puedo dejar que mi escritura dependa de ello. El día que escriba una novela de 500 páginas, será porque el texto me lo demande. Por suerte hay muchas autoras y autores que acuerdan con esto y escriben “ladrillos” maravillosos.

En segundo lugar, leo todo de corrido pero esta vez en voz alta. Si veo que el tempo está movido o que las palabras se tropiezan (y no es un efecto buscado para ese texto en particular), saco o agrego repeticiones, experimento con la puntuación. Vuelvo a pulirlo hasta sentir que tengo una partitura, que el lector va a ser capaz de escuchar el texto en su cabeza. Nunca voy a saber si lo consigo. Solo estoy hablando del proceso, no del resultado.

¿Qué es la felicidad para Tatiana Goransky? 

Un concepto fluido, como la sexualidad o el amor.

¿Por qué decís que la vida es para valientes? 

Porque estoy cansada de escuchar que la literatura es para valientes. Ni la literatura ni ninguna otra disciplina artística es para valientes. Para valientes es la vida. Hay mucha gente que se esconde detrás de lo que hace. Lo que hacemos es simplemente lo que hacemos. Eso no le quita peso ni valor, pero no puede definirnos ni ser una excusa para arriesgar solo allí. ¿Para mí la escritura es una necesidad? Sí. ¿Es un placer? Sí. ¿Es algo que a veces se torna complicado? Sí. ¿Es algo que preferiría no dejar de hacer? Sí. ¿Es para valientes? Solo cuando no tenemos qué comer o qué darle de comer a nuestros hijos e hijas. Eso es todo. Para valientes, en este momento, es apostar por el planeta que compartimos, ser más generosos con los que tenemos al lado, dejar de pensar que todo es una carrera, dejar de perder salud por diferencias políticas, recordar que estamos a un paso de la extinción.

¿En qué momento de la escritura te sentís conforme con lo escrito? 

Cuando algo de la obsesión que me mantenía interesada en el texto se cae, cuando deja de haber urgencia, cuando lo leo y me parece que si lo vuelvo a tocar hay más posibilidades de arruinarlo que de mejorarlo.

Decís que ser curiosa te define. ¿Por qué? 

No sé si alguna vez dije exactamente eso, pero sé a lo que te referís. Supongo que es porque me interesa escribir novelas que crucen varios géneros y otras que se puedan encasillar en un género en particular. Porque siempre me sentí interpelada por esa frase de Dorothy Parker (aunque ahora no sé si es de ella o de Lee Israel) que dice que “el aburrimiento se cura con curiosidad y la curiosidad no se cura con nada”. Me gusta la idea de que haya algo de lo no hay que curarse. Últimamente siempre hay alguien cercano que está enfermo. A las enfermedades del siglo veinte se le apilan las del siglo veintiuno. Y, sobre todo, porque nunca creí que fuera la curiosidad la que mató al gato. Al gato lo mató el pesticida.

¿Estás preparando nuevo material?

Después de tres años de dedicación exclusiva al armado de antologías y puentes, este 2020 publicarán dos de mis novelas. En abril saldrá “La mujer poco probable”, por editorial El Ateneo. Hace muchos años que El Ateneo no incursionaba en la narrativa y ahora, con equipo nuevo, ha decidido volver a apostar. La verdad es que es un honor estar entre las primeras publicadas. Y en junio, en España, saldrá “Quisiera amarte menos” por Editorial RIL. Una editorial chilena que ahora también tiene sede en Barcelona. Así que ahí estará esa nueva novela, del otro lado del charco, junto a las amigas, amigos, colegas y esa casa simbólica con vista al mar.

Al final de la entrevista habrá acordes esperando una canción, letras vagabundas buscando el hogar de una pluma amiga. O viajes de la escritora madre que la lleven a través de los mundos de la cultura. De aeropuerto en aeropuerto, de idea en idea. El fantástico viaje de la creación literaria y musical. Un viaje con las mejores vistas del universo. El itinerario personal y único de la vida de Tatiana Goransky.

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