La literatura en la era digital

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¿De qué manera influye en la literatura la revolución informática que está transformando nuestra sociedad?

 

Esta pregunta es una de las favoritas en los últimos tiempos. Se supone que la «revolución» de internet, de las «nuevas tecnologías», de los nuevos modos de comunicación, cambiará la literatura de forma radical.

 

Mucha gente se ríe al pensar en los libros «de papel», que ven ya como cosa del pasado.

 

Pensemos en los blogs. En la autoedición. En los libros electrónicos. En la literatura colectiva. En el hipertexto. De qué forma influirá todo esto en la nueva creación? ¿Cómo será la literatura de la era digital?

 

Permítanme, con toda humildad, que exponga mi punto de vista. Permítanme, para hacerlo, repetir una vez más la pregunta inicial. ¿De qué manera influye la revolución de la informática y las comunicaciones que estamos viviendo en la literatura?

 

Respuesta: de ninguna manera.

 

Comprendo que no es esta respuesta la que muchos desean oír. Esta respuesta no parece «moderna» ni «cool». Carece de ese carácter dinámico, alegre y ligeramente cínico que a todos nos encanta en esta época.

 

En realidad, yo no deseo ser «cool». No es que no tenga deseos, no es que no tenga ningún deseo en este mundo, pero ese deseo no lo tengo. Me encantaría ser super «cool», no se crean, pero no estoy dispuesto a hacer nada para lograrlo.

 

La tecnología no tiene absolutamente nada que ver con la literatura. Los soportes, las máquinas, los algoritmos, no tienen nada que ver con la creación literaria. La literatura es muy antigua, y siempre ha sido más o menos lo mismo que es hoy en día y lo mismo que será dentro de doscientos años. Es evidente que hay algo llamado historia de la literatura, y que cambian los estilos, el lenguaje, el tipo de historias. Pero lo que la literatura es en esencia, es decir, el uso artístico del lenguaje de la imaginación, eso no cambiará.

 

¿Sería posible afirmar que el paso de la literatura «oral» a la escrita, o que la aparición de la imprenta, por ejemplo, las dos grandes revoluciones tecnológicas de la literatura, han tenido un efecto fundamental en el arte literario? Yo creo que no. Lo cierto es que, si uno se pone a pensarlo, esto resulta casi asombroso.

 

La supuesta literatura «oral» de Homero no tiene en realidad ningún carácter oral. ¿Hay alguna diferencia sustancial entre La Ilíada, La Eneida y la Jerusalén Liberada que pueda atribuirse, aparte de los siglos que separan a las tres obras, al hecho de que la primera perteneciera a una cultura donde no se escribía, la segunda a una en la que se escribía a mano y la tercera a una donde existía la imprenta? Las obvias diferencias son las que existen entre la Grecia arcaica, el Imperio Romano y el Renacimiento tardío en Italia. Nada atribuible a las diferencias tecnológicas.

 

Cuando yo empecé a escribir, lo hacía a mano, con estilográfica sobre folios blancos. Hace muchos años que escribo en un ordenador. ¿Cambió en algo mi forma de escribir cuando me cambié al ordenador? Yo creo que no.

Las máquinas son importantes para muchas cosas, pero no para la creación literaria, una actividad en la que no tienen papel alguno. Cambian los soportes. El rollo de pergamino, el libro encuadernado, el texto digital. Meras anécdotas.

 

La vida de la literatura, su misterio, los nuevos enigmas a los que tiene que enfrentarse, están en otro sitio.

Madrid, 1961. Escritor. Estudió Filología Española en la Universidad Autónoma de Madrid y piano en el conservatorio. Fue pianista de jazz y profesor de español. Vivió en Nueva York durante unos cuantos años y en la actualidad reside en Madrid con su mujer y sus dos hijos. Es autor de las novelas La música del mundo, El mundo en la Era de Varick, La sombra del pajaro lira, El parque prohibido y Memorias de un hombre de madera y del libro de cuentos El perfume del cardamomo. Ganó el premio Bartolomé March por su labor como crítico literario. Ha sido además crítico de música clásica del diario ABC, en cuyo suplemento cultural escribe desde hace varios años su columna Comunicados de la tortuga celeste. Su ópera Dulcinea se estrenó en el Teatro Real en 2006. Acaba de terminar una novela titulada La lluvia de los inocentes.

1 COMENTARIO

  1. Sí y no. Hay un cambio que no

    Sí y no. Hay un cambio que no mencionas y que sí ha tenido repercusión (para mal): El periodismo. El periodista dispone de un espacio prefijado, y se ve obligado a saturarlo, lo cual redunda en contra de lo escrito. El ejemplo más claro eran los célebres Dardos en la palabra, de Fernando Lázaro Carreter. El hombre partía de una idea, la que fuera, y se dedicaba a enrrollarse hasta que conseguía completar la extensión del artículo. El resultado era letal, ya que el esquema se repetía una y otra vez.

    El ordenador ha facilitado enormemente la corrección, lo cual tiene consecuencias buenas (que son evidentes) y malas, porque atenta contra una cierta espontaneidad. A mano se puede reescribir, claro, pero exige mucho más trabajo, y seguro que se hacía menos que ahora. Tengo la impresión de que el procesador de textos fomenta el que los textos se hagan algo más complejos, aunque no mejores.

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